Por ser hoy 23, la fecha se dedica a San Pío de Pietrelcina. Como ya lo hemos hecho en otras oportunidades, desde estas columnas, lo recordaremos por su humor, reproduciendo un texto del libro "Florecillas de Alegría", que destaca el buen humor del santo sacerdote.
No había remedios para mi cabello que iba desapareciendo de mi cabeza, y sinceramente me disgustaba quedar calvo. Me dirigí al Padre Pío por cosas de menor importancia y en esa ocasión no dudé pedirle: "Padre ruegue para que no se me caiga el cabello".
El Padre, en ese momento bajaba por la escalera del coro. Estaba recogido como de costumbre y un poco dolorido por el esfuerzo que hacía al bajar. Yo lo miraba todo compungido y ansioso esperando su contestación.
Cuando estuvo cerca cambió de semblante; con una mirada expresiva e indicando a alguno, que estaba a mis espaldas, dijo sonriendo "Recomiéndate a él".
Me di vuelta. Detrás había un sacerdote completamente calvo, con una cabeza tan brillante que parecía un espejo.
Todos comenzamos a reír. Mientras el Padre se alejaba exclamé:"¡me la armaste!".
Pero quedé más contento de aquella broma que si me hubiera crecido repentinamente una gran cabellera.