Debo reconocer que la música de Mozart siempre me fascinó. Está demostrado que el gusto por la música denominada clásica puede estimularse desde los primeros años de vida e incluso desde el vientre materno. En el ranking de preferencias, Mozart suele ocupar el primer lugar.
Desde hace algunos años (a ello nos referimos en una nota anterior) a Mozart se le atribuyen cualidades terapéuticas. Y con experiencias perfectamente comprobables. Una interesante iniciativa se viene concretando en el Hospital de Niños Santísima Trinidad, de Córdoba. Su director, Héctor Maisuls, respondió a una entrevista periodística diciendo que el método ya fue probado en diferentes hospitales del mundo, con resultados positivos en la cura de enfermedades, especialmente psiquiátricas. Pero aclara: "Nosotros no pretendemos hacer musicoterapia, sino la recuperación de los chicos, que naturalmente tienen su propia terapia científica de acuerdo con su patología. Pero está dicho por la ciencia que la música ayuda a la mejor recuperación espiritual y psíquica de los niños para su pronto restablecimiento".
Naturalmente, "hubo que comprar el equipamiento adecuado que pudiera emitir una detrás de otra las diferentes sinfonías, serenatas, oberturas, etcétera, de manera continuada (...). Más allá de nuestras expectativas nos ha resultado por demás impactante. Si anda bien, nos parece que debería extenderse a todos los medios sanitarios del país".
Todas las ideas buenas debieran tener un efecto multiplicador; con mayor razón si las buenas ideas están respaldadas por aplicaciones prácticas perfectamente evaluables. Y con mayor razón si es para beneficio de los niños.
Un dato no menor es la reacción de quienes acuden al hospital, sean pacientes, personal sanitario o visitantes. Alude a ella el doctor Maisuls cuando dice entusiasmado: "En los altoparlantes, a través de los cuales están acostumbrados a escuchar música ligera, cuartetos, partidos de fútbol y los llamados a los médicos, ahora de manera continuada escuchan la música de Mozart. Es toda una novedad".
Como las buenas iniciativas pueden ser contagiosas, ojalá muchos se "contagien".