María Eugenia Meyer es una reconocida docente y actriz de la ciudad. En 2011 coordinó el taller de adolescentes del Centro Cultural La Máscara y un taller de teatro optativo con alumnos de la EEM Nº 428 “Luisa R. de Barreiro”, donde se desempeña como docente de diversas asignaturas vinculadas a Lengua y Literatura.
El sábado 26 de noviembre presentaron en la sala La Máscara la muestra de fin de año de ambos talleres; a raíz de esos trabajos y de su experiencia durante las clases, LA OPINION diálogo con esta profesional de sólida formación.
TEATRO EN LA ESCUELA
Para la muestra del taller de teatro de la Escuela Nº 428 los jóvenes habían trabajado a partir de improvisaciones que tenían como eje el aula de una escuela, en las cuales fueron apareciendo figuras como las del profesor tradicional, el profesor que intenta romper con las estructuras pero igualmente reproduce el sistema, alumnos motivados y desmotivados, alumnos que más allá de la rutina y la automatización, pueden llegar a decir aún qué quieren de una escuela y a qué se resisten.
-¿Cuándo se creó el taller en la Escuela 428?, ¿Cuál es la respuesta de los estudiantes?
-El teatro de la Escuela Nº 428 surgió hace diez años aproximadamente, cuando se abrió el Polimodal Comunicación, Arte y Diseño. Con Elida Perren, la directora de ese tiempo, decidimos crearlo, de la misma manera que al Taller de Coro. Actualmente, estos dos talleres cumplen una función muy importante en el establecimiento; son los dos espacios extracurriculares que más valorizan los chicos. La respuesta es muy buena, todos los años hacemos presentaciones, y este año hicimos 18 funciones, lo que les da un entrenamiento a los chicos que no todos los grupos pueden tener.
-¿Cómo creés que interviene el teatro en el proceso de aprendizaje de una persona?
-El teatro es un modo de conocimiento que atraviesa al hombre en su totalidad. No es sólo cuerpo, sino también pensamiento, idea, emoción, palabra. Favorece un tipo de inteligencia de la experiencia, del tiempo presente, del ahora en conexión con el otro muy fuerte. Nos conecta con aquello que desconocíamos de nosotros, con aquello que el mundo se empeña en desvanecer: la sensibilidad. Nuestras aulas siguen repitiendo esquemas del siglo XIX: filas de bancos, alumnos silenciosos, profesores expositivos de la fotocopia y de la reproducción, del Power Point y de la vedette del momento, la netbook. Ritualidad, pasividad, falta de pasión, vacío, angustia. La clase de teatro es un antídoto ante esto. De acuerdo con mi formación teatral, que viene de la mano de Marcelo Allasino y del grupo Punto T, las clases distan mucho de la mímica, la repetición de un texto; es búsqueda, exploración, movilidad, desarme de estructuras.
-¿Pensás que el teatro puede colaborar a modificar ciertas conductas en los jóvenes?
-No creo que el teatro pueda colaborar a modificar conductas. El teatro abre tus registros sobre el mundo, es un conocimiento acerca de uno mismo. Nos empezamos a mirar, a ver, a descubrir... Y en cuanto tengamos la valentía de vernos sin máscaras, sin maquillajes, sin disfraces ni rótulos sociales, quizás algo de lo que nos duele, comienza a liberarse, quizás algo que no está bien, comienza a canalizarse de otras maneras.
-¿Qué lugar se le otorga formalmente al teatro en los actuales planes de estudio?
-En los planes de estudio todo el lugar que el profesor quiera darle. En los hechos, en la práctica, qué puedo decir. Con esta nueva reforma, estas horas del taller de teatro y de coro, por ejemplo, se encuentran en "disponibilidad", eso quiere decir que pueden desaparecer. Dos espacios que tienen una importancia invalorable en la educación artística de nuestros alumnos, están destinados a desaparecer con la reforma. Nosotros intentamos defenderlo con el grupo de profesores, pero ante la distribución y otorgamiento de horas desde el Ministerio nada se puede hacer, nos sentimos indefensos. No existe esa autonomía en las escuelas para crear, sostener, promover espacios propios, de identificación e integración institucional. En realidad, mis horas de teatro tienen que ver con horas de ese tan añorado Proyecto 13, donde el docente podía proponer en la propia escuela, espacios extracurriculares alternativos. Pero es un cargo sobreviviente, ya no quedan más en las escuelas.
TALLER DE ADOLESCENTES
El Taller de Adolescentes del Centro Cultural La Máscara comenzó en el año 2010. “Si hay un parámetro desde el cual trabajo -comenta María Eugenia Meyer- ese no es más que el mundo que los rodea, lo que son, lo que les pasa, la manera en que perciben y miran el mundo. Trabajo desde ellos mismos”.
Durante los talleres, “ellos manifiestan absolutamente todo. Sus miedos, sus temores, sus deseos, sus sueños, lo que piensan, lo que saben, sus dudas, sus incertidumbres, sus debilidades. Hacer teatro es estar vulnerable. Nada te es indiferente. Todo es percibido, captado, vivenciado”.