Notas de Opinión

Mérito y desmemoria

Marco Antonio Terragni y Marta Zóbboli.
Crédito: ARCHIVO

Por Edgardo Peretti

Hace algunos años, en alguna oportunidad, tuve el placer de participar de una charla entre dos personas que me merecen el mayor de mis respetos y aprecio. El escenario y el tiempo elegido fue la casa de un intelectual de alto brillo y los participantes (y anfitrión) fue Fortunato Nari; el otro personaje, Omar Vecchioli.

No hará falta decir que sólo tuve que oír a estos dos grandes hablar de todo: historia, arte, música, letras y -por supuesto- la vida. Tampoco es necesario citar que el micrófono coloquial lo manejaba Omar, en tanto Fortunato, aportaba con su prudente visión, siempre fina de sentimientos y lenguaje.

Traigo esta referencia aquí porque uno de los temas notables de esa mañana de sábado fue el destino y las controversias de la memoria, su carencia y los méritos de cada uno para estar en el mismo paquete.

Nari, un ser de luz de notable sensibilidad, se refería a la partida de Angel Balzarino y a la forma en que, quizás, se lo recordaría, ello a partir de sus méritos y personalidad para luchar la vida desde la incomodidad de sus falencias físicas.

Curiosas formas tiene el tiempo. Un día se fue Omar y después Fortunato. Ambos en silencio. En su inmensa grandeza se los extraña.

La biblioteca de los Escritores Rafaelinos Agrupados lleva el nombre de Nari y un espacio en el mismo sitio, recuerda a Balzarino.

Como eran, y serán, siempre tan grandes, no habrá reclamo.

Hace algunos meses, con diferencias escasas de almanaque partieron Marta Zóbboli y Marco Antonio Terragni.

Docente ella, que marcó el rumbo de la educación en todos los niveles durante casi medio siglo, tanto en lo público como en lo privado. Entre otras virtudes.

Notorio jurisconsulto el, de prestigio, fama y reconocimiento internacional. Entre otras virtudes.

Salvo breves menciones en el escueto e inocuo espacio de lo virtual, siempre proclive a diluirse antes de perdurar, la ciudad y sus próceres vigentes aún no han vertido ni el más mínimo reconocimiento, al menos que este escriba tenga noticia.

¿Olvido o desmemoria? Con decir injusticia será suficiente.

Desde la humilde nube que habita en el cielo de los justos, el querido amigo Amílcar Torre me ayudará a buscar la palabra adecuada.

“Ingratitud, Edgardo, ingratitud”, diría el profesor.

Se agradece el aporte.

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