Felicidades a los maestros y maestras en su día. Gracias por todo su trabajo. Gracias por todo su cariño. Un saludo especial a quienes, perdidos en los pueblitos, los campos y las islas, junto con las letras enseñan el antiguo y siempre nuevo arte de vivir.
“El humilde maestro de escuela de una aldea pone toda la ciencia de nuestra época al alcance del hijo del labrador, a quien enseña a leer. El maestro no inventa la ciencia ni la enseña; acaso no la alcanza sino en sus más simples rudimentos, acaso la ignora en la magnitud de su conjunto, pero él abre las puertas cerradas al hombre naciente y le muestra el camino; él pone en relación al que recibe sus lecciones con todo el mundo, con todos los siglos, con todas las naciones, con todo el caudal de conocimientos que ha atesorado la humanidad". (Domingo F. Sarmiento).
Una maestra precisamente, Gabriela Mistral, sintió la necesidad de convertir su docencia en esta bella oración:
“Señor, tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el nombre de maestra, que tú llevaste sobre lo tierra!
“Dame el ser más madre que las madres para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes. Dame que alcance a ser una de mis niñas mi verso perfecto, y a dejarte en ella clavada mi más penetrante melodía, para cuando mis labios no canten más.
“Aligérame la mano en el castigo y suavízamela más en la caricia.
“Haz que haga de espíritu mi escuela de ladrillos, la envuelva la llamarada de mi entusiasmo su atrio pobre, su sala desnuda. Mi corazón le sea más columna y mi buena voluntad más oro que las columnas y el oro de las escuelas ricas.
“Y, por fin, recuérdame desde la palidez del lienzo de Velázquez que enseñar y amar intensamente sobre la tierra es llegar al último día con el lanzazo de Longines en el costado ardiente del amor".