La realización estudiantil de la obra “Adiós, adiós Ludovica” del escritor rafaelino Lermo Balbi por los estudiantes de la Escuela EET Nº 654 “Dr. Nicolás Avellaneda” me despertó la tarde del 5 de setiembre que pasó, una sensación que fluctuó entre el asombro y la melancolía.
Valoro en primer término la precariedad con que elaboraron el ámbito escenográfico, lo que jerarquizó el juego prolijo de los intérpretes, quienes despojados de afectaciones intencionadas, asumieron con la candidez y la valentía propia de su juventud personajes alejados de su realidad, concientes de reproducir un texto poético casi documental de una época en la vida de esta región y del país. Estos fueron los motivos más que valederos para hacerme sentir hacia todo el grupo que se atrevió a hacer este trabajo, mi consideración personal más profunda. La representaron en conmemoración del Día del Inmigrante.
A medida que estos chicos llevaban adelante la acción dramática, no podía creer que se hubieran aprendido puntualmente los textos de pasajes completos de la obra de Balbi, la que si bien estaba acotada cerrando los momentos definitorios de la intención global del autor por mostrar ese único día en la vida de una familia campesina en la década del 40, no excluía la responsabilidad de exponer las palabras de Balbi con la delicada precisión que requiere la poética que encierra la obra.
La melancolía inevitable, la despertó en mí esa nostalgia imprudente que nos hace llorar cuando no corresponde. En realidad me sentí profundamente feliz asistiendo, pero me abordaron los recuerdos de amigos queridos con quienes compartí aquellos tiempos y que ya no puedo ver cuando quiero, me refiero a Blanquita, a Olga, a Sergio, a Juan… Y volví con el pensamiento a aquellos días de jocunda y feroz lucha por llegar al estreno con detalles escenográficos artesanales que nos tomaban la noche entera terminarlos.
En fin, Ludovica volvió a sorprenderme. Saltó generaciones y retornó en la presencia de chicos de hoy en día que con humilde grandeza la hicieron revivir. Es casi un aforismo y lo reitero aunque no literalmente, pero algo así dice, describe tu aldea y describirás el mundo. Personalmente pienso que Lermo logró sintetizar la descripción dramática de una época entera, en ese último sábado de enero de 1944 que transcurre “Adiós, adiós Ludovica” y lo hizo para todos y para siempre.
A la Dirección de la Escuela Avellaneda, a las profesoras a cargo y muy especialmente a todos y cada uno de las chicas y muchachos que trabajaron, mi felicitación y mi agradecimiento por demostrarme con sencilla y humilde predisposición artística, que Ludovica está viva.