Los perros y gatos son animales de compañía, domesticados por el hombre y con el fin de ser su mascota, compañeros de aventura de los más chicos, amigos incondicionales de los más grandes, y hasta abrigo de quienes tienen frío en muchas ocasiones. Nos hacen reír con sus travesuras, cuidan nuestras casas y protegen a nuestros seres queridos.
Son los mismos que cuando pierden a sus dueños, cuando se extraviaron y no supieron regresar, o cuando un desalmado los abandonó, se encuentran de repente en las calles, con miedo, con hambre y frío.
No hay un lugar mágico donde la sociedad pueda esconder lo que queda mal a la vista, o lo que resulta molesto. No existe un lugar digno, seguro o garantido donde puedan amontonarse animalitos sin causarles un daño.
Si no es por solidaridad, que sea por sentido común o por ética, tenemos que entender que llamar para que se lleven a los animales a un refugio es inhumano, cruel y vergonzoso.
En esta desafortunada circunstancia que atraviesan, ¿hacerlos desaparecer podría considerarse una opción?, ¿condenarlos a la captura y el encierro es admisible?, ¿desearles la muerte en terribles peleas, o por contraer una enfermedad, o simplemente de tristeza, es un sentimiento aceptable?
Eso es pues, lo único que le espera a un animal que es llevado a un "refugio". Allí no hay un lugar para cada uno, la mezcla y hacinamiento de muchos perros es inevitable, y por lo tanto las peleas, el contagio de enfermedades y el sentimiento de tristeza también lo son. Aun en los que intentamos darles alimento, cucha, y cariño... el aislamiento y abandono siguen siendo los protagonistas.
Habiendo tantas salidas dignas para ayudar a este ser indefenso e inocente que vaga en nuestras calles, condenarlo a un refugio no resulta ser entonces, una opción a considerar. Por el contrario, nos debilita como sociedad, nos empobrece como seres humanos y nos desintegra como comunidad.
Todos podemos buscar la manera de darle un asilo temporal, en casa, de un amigo, de un vecino, en un lote o galpón. Todos podemos encontrar un corazón latiendo dentro nuestro, que nos dará la paciencia para no pretender una solución cómoda e inmediata y nos permitirá encontrar el camino solidario para ayudarlo. Todos podemos pensar, pedir una mano, sumar esfuerzos y poner un granito de arena para que esa frágil vida que se cruzó en nuestro camino, tenga un final feliz en vez de terminar en tragedia.
No mires para otro lado, No lo condenes a un refugio, Ayúdalo.