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¿Lo que nos dan o lo que merecemos?

La propuesta salarial del 28,5 por ciento de aumento para el sector docente ha dejado sin argumentos a varios sectores que pugnaban desde principio de año por una mejora en los ingresos de los educadores de la Provincia. Es que comparado con otros años la oferta ha sido “superadora” (como les gusta decir a algunos) y ha tenido en cuenta entre otras cosas el aumento del salario básico; cuestión que repercute directamente en varios índices que hacen al ingreso en blanco ( jubilación, obra social, aguinaldo, etc.). Ni hablar si tomamos como referencia el mísero 7% desde el cual se había partido el año pasado para negociar el salario y que había generado un rechazo masivo en la docencia santafesina; si de comparaciones se trata este 28% “es estar en la gloria”.
Lo que no hay que hacer es dejarse “encandilar” por ese número de dos cifras a tal punto de despojarse de un análisis más profundo y globalizador; este porcentaje no debe ser analizado de manera descontextualizada sino en un marco totalizador que lo contiene.
Como primera cuestión aparece la inflación (no la del INDEC), que para consultoras privadas ronda el 30% con un fuerte aumento sobre todo en los alimentos y que se “come” cualquier incremento salarial sin permitir el despegue del poder adquisitivo de los trabajadores de los índices inflacionarios. La frase “correr tras la inflación” nunca está mejor dicha y este 28% por ciento de aumento ofrecido a los docentes no hace más que ratificarla. Cuando desde el socialismo se dice que el salario creció un 120 por ciento desde el comienzo de la gestión y se omite el incremento del costo en la calidad de vida en el mismo lapso, se falta a la verdad; porque ambos índices deben analizarse de manera conjunta. Por ende si uno compara los salarios se dará cuenta que el de los docentes sigue siendo uno de los más postergados y, dentro de las actividades profesionales, uno de los peores pagos.
Segundo punto a analizar son los ingresos que tuvo la Provincia durante el 2010, se estima una recaudación del 47,3 por ciento mayor a la del 2009 (unos 1.748 millones de pesos más, esto sin contar el desvío de fondos nacionales a la caja de Santa Cruz que luego fue reparado por el gobierno de CFK). ¿De dónde sale la recaudación? Nada más y nada menos que de los impuestos que religiosamente pagamos los santafesinos: impuesto a los sellos, impuesto inmobiliario, impuesto a las patentes, etc.
Además, a esto habría que sumarle los fondos coparticipables enviados por la Nación que aumentaron un 39% en 2010 respecto a los doce meses anteriores que junto con el fondo solidario, los giros de fondos fiscales a la Provincia sumaron 9.577 millones de pesos en 2010, unos 2.688 millones de pesos más que en 2009. De esta manera, la Provincia ingresó, entre copartipación federal e ingresos propios, unos 4.436 millones de pesos más en 2010 respecto al ejercicio anterior (fuente: diario La Capital). Por lo tanto ese 28% de aumento a pagar a los docentes se encuentra muy lejos de los números reales que hoy maneja la Provincia. ¿Lo recaudado no debe volver al pueblo en educación, seguridad, salud? ¿Qué piensan hacer con lo que sobra? Si en el Congreso existe una ley que impulsa el reparto de ganancias de las empresas entre los trabajadores, ¿los empleados públicos no deberíamos participar de las ganancias del Estado?
Lo tercero que debe ser motivo de análisis es la falta de especificidad en la propuesta del Gobierno sobre cuestiones ajenas al salario, pero que no por ello son menos importantes. En declaraciones periodísticas la ministra Rasino declaró en una de sus últimas visitas a Rafaela que “las vacantes (docentes) están en relación a los chicos que tenemos” y que “hay demasiada gente que elige la docencia en relación al crecimiento vegetativo de la población”; no reconociendo en ningún momento la falta de cargos docentes y la sobrepoblación de alumnos en aulas que se encuentran desbordadas. Esta cuestión, por ejemplo, no aparece detallada en ninguna parte de la paritaria última, no se dan cifras específicas sobre cargos que se necesitan crear y plazos que debería tener el Gobierno para crearlos. Sólo se menciona “la creación de cargos” como una ambigüedad más despojada de todo tipo de planificación. ¿Cuántos alumnos debe haber por cada docente? ¿En cuánto tiempo se debería llegar a ese máximo de alumnos por aula? ¿Cuántos cargos hacen falta para esto en la Provincia? ¿Cuántos van a crear este año? Estas son cuestiones puntuales que se deberían discutir detalladamente y dejar bien explícitas en acuerdos que luego deben ser votados. Pero las ambigüedades y falta de especificaciones aparecen también en otros temas como el sistema jubilatorio, la infraestructura, las condiciones de salud que enfrentan hoy los docentes, entre otras cuestiones. Para todo esto sólo se menciona la creación de comisiones o comités que realizarán seguimientos y evaluaciones durante el año pero que en concreto siguen sin resolver los problemas del sector docente. Aquí cabría parafrasear una de las frases atribuidas a Perón “cuando quieras que algo no avance, crea una comisión”.
Los docentes nos debatimos entre aceptar una propuesta aceptable o pensar en que están dadas las condiciones económicas y electorales como para que se haga una recomposición histórica de nuestro salario. Aquella recomposición histórica que en algún momento habló este Gobierno a modo de jerarquizar la tarea educativa. Porque por el momento las paritarias han sido más un instrumento para igualarnos con otros gremios estatales que para lograr algo diferente y con identidad propia. Hasta qué punto puede ser producente aceptar una propuesta sin realizar una contrapropuesta que obligue al Gobierno a correr y achicar los márgenes de su superávit. ¿Acaso la educación no lo justifica? Podemos conformarnos con lo que nos ofrecen o pedir lo que nos corresponde, podemos recibir lo que nos dan o luchar por lo que no está escrito, podemos quedar satisfechos con lo básico o intentar una verdadera transformación hacia una mayor dignidad.

Autor: Prof. Julio Armando

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