Luego de su experiencia con “El matete” el escritor Héctor Puig vuelve a la edición, ahora con su trabajo “Cíclopes”. Aquel es un relato novelado, con un hilo conductor, en lugares comunes y con interactuación de personas, según la propia definición del autor; esta novedad es, sin dudarlo, una novela que admite otros fines en su conformación pero que, a la larga no deja de ser algo parecido.
¡Qué difícil es incursionar en el rol de contador de lo que otros cuentan con alguna exactitud que supere la visión personal! Esto, seguramente, le debe haber ocurrido a otros más versados (y eruditos, obvio) que quien esto escribe.
El caso de “Cíclopes” tiene una honda relación entre el autor/persona y el contador para terceros/persona/lector. A simple vista, todo parece confuso pero trataremos de arrojar un poco de luz antes que se apague la última vela.
Me ha tocado participar como testigo necesario en la elaboración y primeros esbozos de la obra, aún sin saberlo; largas charlas matizadas con mates (discretamente cebados por el boticario anfitrión, hay que decirlo) donde el producto se iba pariendo, aunque esto muy pocos lo sabíamos. Luego, fue la lectura y el adentrarse en caminos señalados por terceros; y he aquí que insistiré con ese rol de fiscalizador de letras ajenas que tanto prejuicio aporta al alma del que tiene que decir algo que puede no agradar el destinatario. Dejemos en claro algo: a los escritores no nos gusta ser fiscalizados, aceptamos críticas (algunos), pero cuando el material está terminado; encontrar receptores pacíficos de cambios o enfoques, ya es más difícil.
El ser amigo del autor otorga un aura contradictorio: se puede ser duro, pero no contemplativo; o viceversa. Tuve la posibilidad de leer esta novela antes que viese la luz, aún en un paso preliminar y me ha dejado marcas. “Cíclopes” es una novela que impone sellos propios, distintivos, descriptivos, notorios, crudos y perfectamente adaptables a una sociedad que es de ficción, pero que puede habitar en las cercanías sin perder su perfumado aunque hipócrita encanto.
Igualmente, es conveniente no tomar partido anticipadamente por los protagonistas literarios habida cuenta que, al fin y al cabo, no deja de ser un relato de hechos imaginados en la mente de Héctor Puig y nada más que eso. ¿O no?
En tal caso, rogaríamos que se haga cargo.