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Las labores se han puesto de moda, el macramé, el fil-tiré y el frivolité

En el Diario “La Nación” del sábado 11 de diciembre pasado, se dedica un espacio a comentar el resurgimiento de las manualidades con hilo y aguja, las artes y oficios de todo tipo que hace años dejaron de ser cosas de abuelas y ganan adeptos: chicos y chicas que se reúnen y organizan reuniones para intercambiar ideas, bajo el eslogan “hazlo tú mismo” que está alcanzando por estos días nivel internacional. Se habla incluso de una pequeña revolución cultural, artística y social que busca el aprecio por las cosas bien hechas y de calidad.
Lo llaman actualmente “arts and crafts” como una tendencia cada vez más fuerte que vuelve sus ojos al pasado para encontrar una manera apacible de entender el mundo y el trabajo.
Este resurgimiento de las manualidades , término que ha sido reemplazado por “hand made” (hecho a mano) y gusta tanto a hombres como a mujeres, ya ha ganado Buenos Aires donde hace pocos días un grupo de jóvenes integrado por bordadoras, tejedoras y cosedoras modernas se dio cita, en la Plaza de las Naciones Unidas, para un picnic laborioso.

OTROS TIEMPOS
Y fue así como en los recovecos de mi mente, aparecieron los recuerdos aún vivos de esas manualidades exquisitas salidas de las habilidosas manos de tías y abuelas, que ahora describo en estas líneas.
Macramé: es palabra de origen árabe -incorporada a nuestro léxico, a través del francés que significa nudo- que sirve para designar flecos y pasamanerías.
Quizás una de las labores que más testimonios ha dejado diseminados en los hogares de la ciudad, son las labores de macramé. Con él se hicieron en un laberinto de lazos, flecos y galones, toda clase de adornos. Desde guarniciones para manteles o cortinas, hasta finísimos detalles para trajes. Hechos con hilos fuertes y finos, sedas de hilo de oro y de plata, los flecos eran bastante ligeros y livianos como para terminar trabajos delicadísimos; hecho con algodón grueso y lana se usaban en carpetones para toda clase de muebles y colgaduras.
El macramé se prestaba a las más fecundas combinaciones y del buen gusto de la bordadora resultaba la exquisitez del trabajo. Así, no había casa que se preciara de estar bien arreglada que no tuviera sus visillos de macramé, las carpetas del vestíbulo o los carpetones de arriba del piano, hechos de tan apreciada labor.
Los primeros testimonios llegaron a nuestra aldea en los baúles de los inmigrantes como expresión de la tejeduría europea. Moda era para nuestras bisabuelas y fue una moda que duró largos años; flecos tanto en los trajes como en las tapicerías.
Después cayó en el olvido y apenas si se conserva en algún convento o colegio religioso; por eso, su reaparición en 1920 fue considerada, por muchos, como una nueva creación. Además de ser un trabajo de lo más interesante y variado, es de una solidez a toda prueba, lo que contribuyó mucho a generalizar su empleo para la ornamentación de gran variedad de objetos.
A veces se usaba el hilo en tono blanco, ocre o negro; otras, hilos de colores que iban desde el azul índigo hasta el rojo, pasando por el amarillo azafrán o crema, el pardo, el gris humo, el verde y el violeta.
Los pocos restos de macramé que quedaron a través del tiempo, guardados en cómodas, roperos y arcones, fueron ávidamente rescatados no hace mucho, apenas unas décadas atrás, cuando en 1970 pareció resurgir nuevamente y fue moda en carteras, borlas, cenefas, y flecos en vestimentas femeninas.
Quizás al leer estas líneas haya quienes recuerden de la casa familiar las cortinas de la puerta cancel o el carpetón de la mesa del comedor hechos de Macramé y confeccionados por las habilidosas manos de nuestras abuelas.
Otra moda era el fil-tiré que quiere decir, hilo que se tira o que se saca y es una de las más antiguas obras que se conocen y sería muy difícill poder decir de qué país proviene, dónde se originó y cuándo. La perfección que se logra constituye una de las ocupaciones más atrayentes pero más difíciles también. En Persia se hacía el filet de seda bordado en oro y en plata; y en Francia el filet Richelieu. Había dos categorías o dos grupos diferentes: el filét propiamente dicho o filet simple y el filet bordado llamado igualmente filet artístico. Podían emplearse telas de hilo, de algodón o de seda, dependía del destino que se le iba a dar al trabajo.
La frivolité, por su naturaleza es una obra para crochet y se compone de nudos y de puntillas que forman ruedas o semi círculos. Su origen es eminentemente francés aunque fue adoptado enseguida por todos los países de Europa, pero los italianos lo denominan "occhi" y los orientales conservan una muy antigua denominación "makouk", término tomado de las lanzaderas que sirvan para ejecutar el trabajo. Ejecutado en un solo color, con un hilo de seda, se emplea en todo género de pasamanerías como guarniciones de ropas o de manteles; pero trabajos hechos en varios colores, con un hilo grueso de algodón o de lino, los galones en frivolité sirven para funda de muebles. cortinas, o almohadillas. También para los vestidos de los niños, delantales, cuellos y puños, entre otros, siempre han sido preferidos los colores claros, generalmente el blanco o colores claros de cierta fineza.
Tuve posibilidad de aprender frivolité en el Colegio de la Misericordia de Rafaela, en las clases de Labores, y confieso que era entretenido e interesante, además de bonito.
Ahora tenemos posibilidad -sin necesidad de pecar de antiguos- de estar a la moda, confeccionando alguna prenda “arts and craft” en macramé, fil-tiré o frivolité.
En una excursion por Córdoba con unos amigos en camino hacia Ongamira, descubrí un pequeño cartel, frente a una humilde vivienda, en el que se ofrecía fil-tiré. Nos detuvimos allí y pudimos observar delicados pañuelos y carpetas como expresiones de exquisita perfección, cuya autora era posiblemente la mujer, ya de cierta edad que nos ofrecía la mercadería.
Así, oculta en la hondura de las sierras quién sabe cuántas otras manualidades yacen olvidadas aguardando el paso de alguien, inusitado transeúnte que, sorprendido por lo insólito del lugar, quiera investigar el origen, la razón o el porqué de su existencia.

Autor: Blanca M. Stoffel

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