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Las esculturas que homenajean la historia tienen su propio pasado

Las esculturas dedicadas a los próceres nacionales y locales que contribuyeron a forjar la historia grande de una Nación o de una ciudad poseen, modestamente, su propia historiecita. Y precisamente son esas huellas que dejaron la construcción de los monumentos construidos en los espacios públicos de Rafaela lo que rastreó el profesor de Historia, Daniel Imfeld, y que anoche presentó en una disertación.

“A través de una escultura se intenta transmitir una versión del pasado. Detrás de ella existe una determinada concepción del poder. La ubicación de un monumento, su tamaño no es casual, marca una relación, más distante o más cercana, con el ciudadano”, señaló anoche el historiador en una conferencia abierta que, inicialmente, estaba destinada a los alumnos que cursan las carreras de turismo y de diseño en la Universidad Católica de Santiago del Estero Delegación Académica Rafaela (UCSE DAR).

“El patrimonio escultórico en el espacio público rafaelino. El orden de la memoria en el imaginario urbano”, fue el título de la charla que brindó Imfeld ante un auditorio (de la UCSE DAR) colmado por aproximadamente un centenar de alumnos, docentes, público en general y el vicedirector de la casa de altos estudios, Fernando Muriel. La idea era refrescar o revelar, según el caso, detalles que esconden esculturas, bustos o placas escultóricas diseminadas en plazas, parques o canteros de bulevares, entre otros sitios de la ciudad.

Para Imfeld, que además es titular del Centro de Investigaciones Históricas de Rafaela -en realidad a lo largo de su exposición hizo permanentes referencias a esta entidad-, detrás de un monumento hay una mirada de la época en el que fue construido y una intención de contribuir a la memoria histórica, en el campo de las representaciones simbólicas, del país. “El Estado liberal modelado a fines del siglo XIX buscaba consolidar una identidad nacional, donde la educación jugaba un rol central mediante la denominada pedagogía cívica”, explicó.

“El primer homenaje público de los rafaelinos a la Nación fue propuesto por un francés llamado Agustín François, en 1904, cuando presidía un instituto educativo. Inclusive le pidió, por carta, a Bartolomé Mitre que encabece la comisión en forma honorífica. En 1905 se forjó el busto en el Arsenal Naval de la Nación y se inauguró en 1907”, indicó el historiador.

Después avanzó en el monumento a San Martín inaugurado en 1950, el homenaje a Guillermo Lehmann (de José Sedlacek), el recuerdo a Sarmiento, a Rivadavia y al propio Alberdi. Y las obras que rescatan la figura de la madre, de los inmigrantes, siempre reflejando el nombre de los escultores que modelaron esos retratos.

Para finalizar, Imfeld eligió una cita de Jorge Luis Borges que resume, cabalmente, lo que dijo en dos horas de exposición: “El pasado es arcilla que el presente labra a su antojo. Interminablemente”.

Autor: Pedro Ulman

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