Por María Florencia Forni. - En el marco de las “VI Jornadas de actualización de enfermería”, organizadas por el Servicio UTI SAMCo Dr. Jaime Ferré y declaradas de interés municipal, en el aula Magna del Hospital el martes 10 de mayo se desarrolló la charla debate titulada “Violencia en la interacción enfermero-paciente”, con la presencia del Dr. Rodolfo Arancibia como disertante. LA OPINION consultó al médico forense de Rafaela y a la directora de la Escuela de Enfermería, Alejandra Gajdosik, acerca de esta problemática, tan necesaria como difícil de abordar, debido a la complejidad inherente a las relaciones humanas.
Uno de los primeros aspectos a considerar según Arancibia, es la definición misma de violencia, que “debe ser situada y pensada desde la interacción interpersonal enfermero-paciente, en un ámbito y en un contexto singulares”. Esta relación no es la misma que la que se da entre un padre y un hijo, un docente y un alumno, un empleado y un patrón; cada una supone una construcción social vinculada al modo en el que entendemos esos roles y a otras variables que entran en juego.
El médico continúa explicando que “en esa interacción el enfermero gesta el propósito de su profesión, mientras que el paciente interactúa desde otra perspectiva, buscando satisfacer su derecho a gozar de salud”. Es decir que se cruzan dos realidades muy distintas, “que si no saben situarse pueden generar daño”.
¿Qué significa “saber situar”?
“El enfermero debe saber situar al paciente”, explica el Dr. Arancibia aclarando que “situar no significa manipular”. Y en relación a este concepto, Alejandra Gajdosik sostiene, “un enfermero debe pensar qué va a buscar el otro y qué puede ofrecer él, teniendo en cuenta lo que debe ofrecer y no lo que quiere ofrecer. Y además el paciente debe estar informando para poder elegir con autonomía, y que no sea una cuestión de paternalismo”.
Alejandra continúa: “La violencia se genera muchas veces cuando se ofrece algo que no está adecuado a lo que el paciente necesita, según la mirada y percepción del otro. Es decir que puede haber violencia desde lo que se ofrece”.
El paciente, agrega Arancibia, recibe el apoyo general de la comunidad y la familia, y “si bien no puede decidir sobre su dolor, sí puede decidir sobre el tratamiento que se le aplica, por ejemplo pidiendo información acerca del mismo”. Ese aspecto ha ido cambiando con el tiempo, porque antes el enfermo no preguntaba y aceptaba todo lo que se le indicaba.
¿Cómo evitar situaciones de violencia?
Es una pregunta clave y la meta de quienes trabajan en el área salud; teniendo en cuenta que cuando se habla de violencia generalmente se piensa en la violencia del enfermero hacia el paciente, cometiendo una desacertada generalización.
Y hay que tener que en cuenta que la violencia en muchos casos está naturalizada, por eso muchos enfermeros no pueden ni siquiera reconocerla como tal. El primer paso entonces implicaría identificar el problema, y reflexionar acerca del mismo.
Una de las formas de evitar situaciones conflictivas es a través de la capacitación: “el enfermero es un profesional que ha estudiado y conoce las técnicas, el modo de aplicarlas sin causar daño, y las explicaciones científicas que las justifican”.
“Pero esta capacitación, explica con argumentos Alejandra Gajdosik, no puede reducirse al conocimiento de la aplicación de técnicas y procedimientos. Porque el enfermero necesita desarrollar una habilidad especial para comprender lo que el otro necesita y lo que él tiene para ofrecer. Para comprender al otro hay que conocerlo, es decir conocer al ser humano más allá de lo biológico y lo anatómico; por eso se necesitan saberes de distintas disciplinas como la filosofía, la psicología, la antropología y principalmente desde lo social, porque somos ser sociales”.
Rodolfo Arancibia menciona luego la necesidad de crear registros, formales e informales, de los momentos claves donde se puede generar daño. Y también es fundamental la existencia de un Marco Legal adecuado y actualizado. Al respecto, en la provincia de Santa Fe la Ley 10971 regula el ejercicio profesional de la enfermería.
Cambiar la perspectiva
Una de las claves para prevenir situaciones de daño o violencia en la interacción enfermero-paciente está en el modo en el que socialmente concebimos estos roles y, en relación a ello, vivimos (responsablemente) esas relaciones. Es necesario construir una nueva concepción que reconozca la autonomía del profesional de enfermería, en el marco de un proceso real de sociabilización. “Los enfermeros hoy desarrollan su profesión marcando algunos límites y fronteras que antes no existían porque ocupaban un lugar casi sacerdotal”. La comprensión y el cariño son fundamentales pero nunca suficientes para desempeñar esta profesión primordial en toda comunidad.