Información General

La vida puede ser muy dura

Yo nací en una casa grande, con patio verde lleno de árboles y flores, éramos 12 hermanos; mi mamá era de color blanco, grandota, de ojos pardos como yo, de raza galgo, la mejor corredora y mamá del mundo. Me crié en ese ambiente y pensaba que era buena nuestra vida.

Fui creciendo y cuando estuve en edad, me vendieron a una familia, allí me enseñaron a correr y a ¡siempre ganar!, de esa manera recibía mejor comida, cuidados y caricias. Todos los días entrenaba sin descanso, tenía que ser buena en eso. Cuando tuve mi primer celo me hice adulta siendo pequeña, porque no había tiempo que perder, nuevas crías puras significaban más dinero. Mi vida se tornó muy dura… ahora entiendo los ojos tristes que mi mamá intentaba ocultar… Si, yo tuve la misma suerte: entre carreras y pariendo transcurrió casi toda mi vida.

Hasta allí todo era normal, pero a través de los años, mi cuerpo fue pasando factura por tanta actividad sin ningún descanso; fue cuando sentí que “mi familia”, a la que yo quería tanto a pesar de todo, me rechazaba, no me trataban como antes, empezaron los maltratos, la falta de comida, me aislaban sola… yo trataba de acercarme para ver qué sucedía y sólo recibí golpes y gritos… era un infierno.

Un día me cargaron en la camioneta y me abandonaron en un camino rural; mis ojos cubiertos de polvo, no dejaban de mirar a aquellas personas con las que había compartido la vida, esas personas que creían eran mi familia…

Pensé, bueno, este es mi final, estoy perdida, sola, con hambre y una sed insaciable… pero no me di por vencida, caminé varios días y noches, mi cuerpo era carne y hueso, me sentía morir y ahí quedé tirada sin esperanzas, sin fe porque había dado todo, ya no tenía nada… cerré mis ojos y me entregué…

…Para mi sorpresa, cuando creí que todo terminaba, desperté en un lugar desconocido rodeada de unas mujeres, si!, pero me preguntaba: ¿qué había pasado? ¿será que “mi familia” se arrepintió y volvió por mí? Esas personas no eran conocidas pero eran muy amables, me curaron, me bañaron y alimentaron, ¡me dieron muchas caricias y me hablaban con ternura!

Y aquí estoy recuperándome con secuelas en mi cuerpo y en mi corazón, que con esfuerzo y cariño de a poquito salgo adelante; gracias a ellas hoy puedo creer que mi vida tiene sentido aunque tenga tan poco para dar, sólo mi compañía.

Quizás sea el momento en que pueda recibir, en los años que me quedan, aquel amor verdadero y desinteresado que creí tener y que ahora tengo fe de encontrar.

Sé que no todas las historias de galgo son como la mía, pero esta sí es mi historia, soy una galga adulta y espero encontrar un hogar donde me hagan un lugarcito pequeño en su casa y en su corazón, soy muy tranquila, buena y excelente compañera. ¡Estoy esperándote! Si te intereso podés llamar al teléfono 15 643565 o 435164. (Colaboración: Patricia M. Curto). 

Autor: Redacción

Estás navegando la versión AMP

Leé la nota completa en la web