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La puesta en escena

El Fondo Nacional de las Artes presentó el libro “La puesta en escena en la Argentina del Bicentenario”, que reúne ensayos de diez referentes insoslayables de la actividad escénica local: Juan Carlos Gené, Eduardo Pavlovsky, Mauricio Kartun, Ricardo Bartís, Tito Egurza, Héctor Calmet, Adriana Scheinin, Julia Elena Sagaseta, Javier Daulte y Rafael Spregelburd.

El acto, que se realizó en el Salón Dorado del Teatro Nacional Cervantes, en el marco de la IX Feria del Libro Teatral, contó con la participación de los directores del FNA, Francisco Javier y Jorge Landaburu y de la prologuista y editora, Olga Cosentino.

El libro, editado por el sello FNA surge por la necesidad de documentar esta manifestación artística que, sobre todo a lo largo de la actual etapa democrática, alcanzó la categoría de fenómeno cultural, por la multiplicidad de sus propuestas, la riqueza de sus variables estéticas, la adhesión del público y el interés de especialistas locales y extranjeros.

En este libro se ofrecen distintas visiones y maneras de concebir y hacer el teatro, suscriptas por directores, autores, actores, escenógrafos y académicos que suman prestigio, autoridad, vigencia y pluralidad.

La ceremonia comenzó con unas palabras de Olga Cosentino, quien agradeció a las autoridades del Fondo Nacional de las Artes y contó como fue su trabajo para recopilar la información. Cosentino le cedió el micrófono a Francisco Javier, quien indicó que “Este libro es para la mesita de luz”.

Por su parte, Jorge Landaburu realizó una recorrida del libro deteniéndose en cada uno de los autores, especialmente en Eduardo Pavlovsky refiriéndose a su gran objetivo stanislavskiano: “No denunciábamos primordialmente, en la obra (escribe Pavlovsky sobre El Señor Galíndez) a los torturadores. No hacíamos psicoanálisis de su personalidad. Denunciábamos a una nueva monstruosidad social: la tortura como institución. La institución como patología. La institución como fábrica de subjetividad, donde la tortura, el rapto o el asesinato se interiorizan como normales, como obvios y cotidianos en los profesionales integrantes de los grupos de tareas”. Asimismo Landaburu se refiere a Pavlovsky recordando que en el estreno de Potestad, casi sin público, tato decidió hacer la función improvisando en el arranque y modificando el estilo de la actuación. Para concluir con una frase de Pavlovsky volcada en el libro: “Con mi cuerpo gané espacios. Encontré silencios, subtextos de dolor, nuevos ritmos corporales, nuevo ritual de la desesperación. ¿Cuál fue el proceso maquinal de esa noche? Nunca lo podré saber. Lo que puedo aventurar es que mi cuerpo actoral rebasaba la silueta del personaje… El teatro es un lugar de experimentación de subjetividades”.

Autor: Redacción

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