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La Navidad y nuestra conciencia

En este efímero tránsito por la vida, todos, o prácticamente todos, andamos tras la búsqueda del gozo, del disfrutar lo mejor posible, de pasarla bien, de poder rodearnos de lo mejor. Con objetivos muchas veces no demasiado claros, al punto que el tiempo termina diluyéndose, sin siquiera habernos dado cuenta qué es lo que en realidad buscamos. ¡La felicidad por supuesto! pero es tan complicada, tan difícil de imaginarla, tan esquiva, que las más de las veces las exageraciones terminan por derrumbarla, pues aquella teoría de búsqueda constante no nos permite jamás llegar a la meta.

¿Espiritualidad o materialismo? una elección que sin dudas no debería admitir dudas, pues la verdadera satisfacción es la del alma, no la del estómago. Pero como vivimos tan confundidos, a veces la elección se hace equivocada. Además, ¿quién puede decir esto sí, aquello no? Cada uno piensa por si mismo, es dueño de su individualidad y nada más que eso.

La salud es el bien más preciado, de la cual parten luego todas las periferias de la felicidad, la tranquilidad espiritual, de la paz  interior y con el prójimo,  y tantísimas cosas más que no son en definitiva más que el poder dejarnos enfrentados a nuestra conciencia con absoluta transparencia. ¿Hay acaso más estricto y severo juez que la conciencia?

¿Cómo elegir entonces el camino? Hay orientaciones que no fallan, que nos llevan hacia la meta. El ser solidarios, comprensivos, afectuosos, generosos,  bien dispuestos, y tantísimos atributos similares son los que nos elevan finalmente en esa búsqueda de la amplitud de espíritu. ¡Qué enorme satisfacción es el dar! muy por encima del recibir. El tender la mano en ayuda debe ser una constante, una premisa, más en este tiempo tan especial que remueve conciencias y activa sentimientos.

Apenitas en horas estaremos celebrando el nacimiento de Jesús, nada menos. Fuente inspiradora de humildad y bondad. Pensemos en él para que nos ayude a ser mejores. Se trata de fechas sustanciosas para el alma, que debemos aprovecharlas en su máximo alcance, en toda su expresión.

¿Queda algo por decir? Muchísimo, las reflexiones en este momento serían inagotables, simplemente hagamos un alto, volvamos la mirada atrás y sin dudas veremos cosas de qué arrepentirnos, que nos ayudarán a mejorarnos. En definitiva, lo que nos llevamos de esta vida. 

¡Feliz Navidad y mejor vida!

Autor: Cicerón del Bote

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