Nota I
Tal vez la mayoría de los rafaelinos conoce el nombre, pero no la valiosísima labor que realizan en “La Huella”, la institución civil que brinda, desde hace quince años en la ciudad, asistencia a personas con discapacidades severas y profundas y con patologías asociadas.
Y es necesario que todos los miembros de una comunidad empecemos a pensar como responsables de una tarea de inclusión, porque, como afirma la licenciada Rossana Pellegrini, actual directora de la institución: “la discapacidad no es un hecho aislado, sino que está atravesado por muchas circunstancias sociales. Y una sociedad puede construir puentes o barreras, según la concepción que las personas tengan sobre el trabajo con discapacidad”.
Por eso en La Huella sostienen un fuerte trabajo de inclusión social: “es uno de nuestros objetivos principales. Y en 2011 apostamos a que todo lo que se haga institucionalmente tenga una connotación social para mostrar que quienes se asisten aquí tienen más posibilidades que limitaciones”.
LA INSTITUCION
La Huella es un Centro de Día que brinda asistencia a personas con discapacidades severas y profundas y con patologías asociadas. Creada en 1996 bajo la figura de asociación civil sin fines de lucro, presta servicios a diferentes obras sociales y sistema de carenciados, y su objetivo es abordar de manera integral a la persona fortaleciendo sus posibilidades, para que pueda desarrollar un proyecto de vida disfrutable. Cincuenta personas se atienden actualmente en las dos sedes de la institución.
La modalidad de los abordajes terapéuticos se realiza mediante talleres donde el trabajo grupal cobra importancia ya que promueve la interacción, la creación de vínculos y el desarrollo de la autonomía. “Pensamos en acompañar el proyecto de vida de la persona teniendo en cuenta todas las áreas: lo psicológico, lo médico, lo familiar, lo social y comunitario. Porque pensamos que la discapacidad está atravesada por lo social y el modo en el que las personas entendemos las limitaciones”, describe Pellegrini.
Los talleres, que se arman según la demanda o interés de los concurrentes, son: salud, musicoterapia, grupo vincular, grupo de hombres y mujeres, huerta y jardinería, nutrición, cocina saludable, radio, teatro, artesanías, plástica y taller Stern, senso-percepción, kinesiología, psicomotricidad, telas, actividades de la vida diaria, educación física, bijouterie, inclusión, trabajo para terceros, yoga, fotografía.
Al Centro concurren hombres y mujeres a partir de los 15 años de edad y sin límite de egreso, y el equipo de trabajo está conformado por veinticuatro profesionales de diferentes disciplinas, cuatro auxiliares institucionales y dos administrativos. Económicamente, la institución se sustenta por el aporte de las obras sociales, las contribuciones de socios y la ayuda para el fortalecimiento institucional de la Comisión Asesora Municipal de Discapacitado.
PARTICIPACION SOCIAL
Al empezar el ciclo los profesionales de la institución elaboran un plan general de trabajo que orienta la tarea en cada taller. Y durante el año también organizan otras actividades que vinculan a la institución con la comunidad, como la confección de escarapelas, la semana de La Huella en septiembre, la venta de cuadros. La idea es generar espacios de interacción y participación social tanto dentro como fuera de la institución.
El año pasado un trabajo muy especial fue la realización del audiovisual “Spiderman”, que participó en un concurso nacional donde obtuvo el segundo premio: “un momento emocionante y alentador”, describen los protagonistas.
“VALORAR LA VIDA”
Quienes diariamente conviven con personas que presentan alguna discapacidad reconocen en ellos, más que limitaciones, la posibilidad de experimentar la vida desde otro lugar.
Rossana Pellegrini es licenciada en Trabajo Social y desde sus quince años trabaja en el área de discapacidad: “Para mí es gratificante. Es un área dentro de mi profesión que me apasiona por todo lo que implica, por los desafíos y por lo que aún falta. Y quienes trabajamos acá tenemos la obligación y el compromiso de hacer esos aportes, porque somos los que estamos en contacto directo y vemos las carencias, y lo que falta para generar conciencia”.
Sandra Luna es terapista ocupacional y orientadora de los talleres en el Centro donde trabaja desde hace trece años. Para ella, “la experiencia es muy enriquecedora, paso ocho horas diarias aquí y juntos vamos aprendiendo muchas cosas. Ellos te dan mucho sin pedir nada a cambio y ven cosas que uno no percibe. Así es como me enseñan a valorar la vida desde otra perspectiva”.