Por Carlos Terranova.- “... Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios” 2ª Crónicas 20:1-15.
Cuando Dios va a hacer algo maravilloso en nuestra vida, generalmente empieza por un problema. El texto que precede esta nota nos cuenta la historia del rey Josafat, nos describe una de las más grandes batallas en la vida del pueblo de Israel. Todos en algún momento hemos entablado alguna batalla: financiera, espiritual, familiar, luchamos en nuestro interior con dolores, enfrentamos crisis y tomamos decisiones. La pregunta es… ¿Cuál es la forma de lograr la victoria?
En primer lugar debemos conocer quién es nuestro enemigo (V.1-2). Era una batalla desigual, tres ejércitos contra uno. Pero primero él identificó a sus enemigos. Muchas veces les echamos la culpa a los demás, a las circunstancias, etc. Debemos saber que en el plano espiritual nuestro principal enemigo es Satanás, pero hay un enemigo interno que suele ser el mayor problema, nuestra actitud de derrota, nuestro pesimismo, nuestra falta de fe.
En segundo lugar debemos llevar el problema al Señor (vs. 3-4) Dios quiere que le entreguemos a El todas nuestras preocupaciones. La oración debe ser la primer arma que debemos usar y no la última. Orar es decir confío en que Dios tiene la salida, es proclamar creo que Dios puede ayudarme.
En tercer lugar debemos entender que necesitamos de Dios y apoyarnos en El (V.12) “... porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer...” La vida cristiana es una vida sobrenatural y necesitamos el poder de Dios para vivirla. “... y a ti volvemos nuestros ojos”. Muy a menudo ponemos nuestros ojos en todo, excepto en Dios. Dios no debe ser el último recurso sino el primero. No hay problema tan grande que El no pueda resolver.
Por último no debemos tener miedo (vs. 15). Muchas personas bajan los brazos porque están tratando de pelear la batalla con sus propias fuerzas y las fuerzas humanas se acaban. Lo importante no es el problema, sino cuánta fe tiene usted en que Dios puede resolver ese problema.
Le dejo un texto que habla de la actitud del Rey David al enfrentar los problemas o los enemigos: Algunos confían en sus carros de guerra, otros confían en sus caballos, pero nosotros sólo confiamos en nuestro Dios. Esa gente tropezará y caerá, pero nosotros nos levantaremos y seguiremos de pie. Salmo 20:7-8.
Esta es la actitud correcta, la respuesta del cristiano a los problemas no es el positivismo barato de repetir -todo va a mejorar-, sino, la fe genuina en Dios, es creer que con el auxilio de Dios es posible vencer los obstáculos, levantarnos y estar en pie.
Oración: Señor ¡Gracias por la victoria que me tienes preparada! Aumenta mi fe y ayúdame a creer que con tu ayuda todo lo puedo.
El autor es pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista.