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La Devoción a la Virgen

El 23 de cada mes se recuerda a San Pío de Pietrelcina, desde aquí reproducimos algunos pasajes de su vida, hoy recordamos su devoción a la Virgen María. Durante toda su vida, el padre Pío fue devotísimo de la Virgen. El amor por la Madre de Dios, que el llamaba "mamita", lo acompañó siempre, desde sus años infantiles cuando la imagen de la Virgen patrona de Pietrelcina se grabó en su corazón. En los éxtasis, que fueron numerosísimos, el padre veía a Jesús, a los ángeles y a la Virgen: en estas ocasiones se lo oyó decir varias veces frases de amor a la Madre celeste: " mamita, mamita mía, mamita querida, te amo, eres bella , Madre mía, me glorío de tener una madre tan espléndida.., tus ojos resplandecen más que el sol...¡te amo!. Palabras como estas no podrían ser pronunciadas sino por aquel que "vio", que tuvo ante sus ojos el objeto de su amor.

En los años difíciles, llenos de luchas contra las fuerzas del mal, el padre Pio sintió siempre la ayuda de la Virgen: "Nuestro común enemigo sigue incitándome a pelear y hasta ahora no ha dado signos de querer retirarse o de darse por vencido. Quiere perderme cueste lo que cueste.. Y yo le debo mucho a nuestra madre común, María, que me ha ayudado a vencer estas insidias del enemigo ", escribió el padre  en una carta del 2 de junio de 1911 a sus directores espirituales. Y el primero de mayo de 1912 "¡Cuántas veces le he confiado a esta Madre las penosas ansias de mi agitado corazón! ¡Y cuantas veces me ha consolado! En las mayores aflicciones me parece que ya no tengo madre en la tierra, sino una muy piadosa en el cielo". Y en otro lugar de la misma carta : "Pobre mamita,¡ cuánto me quiere! Lo he constatado al comienzo de este mes. Con cuanto cariño me ha acompañado al altar esta mañana".

Autor: Redacción

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