En 1885, un grupo de vecinos de la ciudad elevó un pedido doble al Obispo de Paraná. Uno de ellos solicitaba los servicios de un sacerdote y el segundo el permiso para iniciar la construcción de un templo católico, inaugurado el 25 de octubre de 1887.
Teniendo en cuenta el estado de deterioro en que se encontraba la capilla y viendo que la cantidad de feligreses de la ascendente comunidad rafaelina era cada vez superior, el 7 de abril de 1907 se formó la comisión pro templo presidida por Faustino Ripamonti e integrada por 16 reconocidas personalidades de la ciudad.
En 1908 gracias a las gestiones llevadas adelante por el Padre Dimas Mateo, se colocó la piedra fundamental del nuevo templo. En 1909 se conocieron los planos definitivos del edificio que fueron realizados por el arquitecto Domingo Tettamanti, que también tuvo a su cargo la dirección de la obra, mientras que la ejecución fue dirigida por el contratista Carlos Nicolini e hijos.
El 12 de abril de 1910 se realizó el pedido para efectuar la demolición del antiguo templo y la construcción del nuevo que comenzó en 1912 y en 1914 fue habilitado públicamente para el oficio de ceremonias religiosas, no contando en ese entonces con la torre y el revoque exterior. La colocación de pisos del baptisterio y la sacristía, así como los revoques y puerta lateral estuvieron a cargo de José Inardi, trabajos realizados en 1919.
De 1921 a 1922, Oscar Heyer realizó los adornos en yeso general, la bóveda y el revocado faltante. En 1924 el estudio Chizzali de la ciudad de Buenos Aires, efectuó los retablos e imágenes que se ubican en los altares menores.
En 1927 fue encargada la fabricación de las campanas a la empresa "F. Barigozzi" de Milán, Italia, por pedido de Eduardo Ripamonti para posteriormente donarlas.
El 13 de diciembre de 1929, Luisa de Ripamonti contrató a Carlos Mia para construir la torre de 47 metros. Los trabajos de construcción concluyeron en 1932 con el revoque exterior de la fachada del edificio.
La torre y el campanario fueron donados por Luisa Facino de Ripamonti, la verja del frente por el Sr. Juan Abele, el piso granítico por el doctor Francisco Lorenzatti, el zócalo de granito negro por el Sr. Marcelino De Micheli y la maquinaria y sistema de relojes por las familias Miassi y Lorenzatti.
Con el correr de los años y los avatares por la crecida de napas, la Catedral sufrió deterioros; y a partir de la década de 1980 comenzaron lentamente las reparaciones que concluyen con la renovación que sigue vigente y que desde hace dos años especialmente y con el apoyo económico de la comunidad se cumplen de forma constante.
Se han cambiado todos los techos (alrededor de 1.000 m2 de chapas), se repararon los desagües pluviales y se renovaron todas las cargas, con lo cual se resolvieron todos los ingresos de agua que afectaban a los cielorrasos y muros. Se restauró el reloj de la torre. Se puso en funcionamiento el pararrayos.
En noviembre de 2010 finalizaron los trabajos de restauración y limpieza exterior y en estos días se está comenzando a restaurar el zócalo de todo el templo, con lo que se concluirá el arreglo exterior.
También se trata al edificio en su interior, la iluminación, el arreglo del presbiterio y la pintura en los 900 m2 de superficie cubierta, sumados a los 3.000 m2 del interior, encontrándose cerrada al público actualmente.
La suma invertida desde el inicio de las obras desde marzo del 2008 hasta mayo del 2011 es de $ 334.837,67 y lo que se estima invertir en esta última etapa es $ 90.000, totalizando aproximadamente 424.837,67 pesos.