Por el Lic. Sebastián Piumetti. - Es 8 de octubre y corre el año 1812, frente a la casa del Cabildo de Buenos Aires hacen su imponente presencia los Granaderos a Caballo, el Segundo Regimiento de Infantería y el Cuerpo de Artillería. Se trata del primer cuartelazo de la historia Argentina y da el puntapié final al Primer Triunvirato, que respondía a terratenientes y comerciantes.
El Segundo Triunvirato, integrado por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Alvarez, afín a la Logia y la Sociedad Patriótica, decide ir un Congreso Constituyente con el objetivo de declarar la independencia y sancionar una constitución que le de forma al nuevo Estado. El 31 de enero la Asamblea General Constituyente inicia sus sesiones, con representantes del Alto Perú, Buenos Aires, Salta, Córdoba, Corrientes, San Juan, Mendoza, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, Tucumán, San Luis, Jujuy, Entre Ríos y Santa Fe. El cuerpo se proclama soberano y delega funciones ejecutivas en el Triunvirato.
Uno de sus documentos evoca: “La Constitución que se sancione alentará la timidez de unos, contendrá la ambición de otros, acabará con la vanidad importuna, atajará pretensiones atrevidas, destruirá pretensiones insensatas, y dará en fin a los pueblos la carta de sus derechos y al gobierno la de sus obligaciones”.
Pero, el débil cautiverio de Fernando VII ponía en jaque la revolución. Tristemente habría que esperar 40 años y varias luchas internas, para que se sancionara realmente la Constitución en 1853.
De todas formas la Asamblea da pasos importantísimos que hacen huella en la Argentina naciente. El gorro frigio, que representa la libertar recuperada, reemplaza los símbolos del Rey. También se institucionalizan el himno nacional, que exalta a la nueva Nación y humilla a la Metrópoli, y la bandera enarbolada por Belgrano en 1812. De igual forma, se elimina toda forma de servicio personal de los indios, se liberan los vientres y declara la libertad de todos los esclavos. Además son abolidos los títulos de nobleza y suprimen los mayorazgos. Incluso las Provincias Unidas empiezan a acuñar su propia moneda.
En definitiva, la Asamblea dota al Estado de símbolos muy fuertes que hacen a la identidad colectiva y sanciona normativas ligadas a la economía, la libertad y la igualdad.
La historia, que devela lo que fuimos y lo que somos, siempre es susceptible a poder abordarla, imaginarla y revivirla.
La Asamblea del año XVIII se nos presenta, no como un hecho fortuito, sino como el resultado de la actuación de factores externos e internos. Constituye un conjunto de personas, ideas, tiempo, recursos y territorio, en el marco de la Revolución de Mayo, la lucha de América hispana por la recuperación de la libertad política y la creación de un gobierno propio.
Los protagonistas destacados, no son próceres de escultura, bronce o billete, fueron personas de carne y tiempo, que portaban la espada y alguno de ellos ideas: Moreno, Belgrano, San Martín, Castelli.
Estos 200 años de la Asamblea nos afianza la idea de que la realidad no está sellada en una caja de cristal, sino que es más como una plastilina: susceptible a ser moldeada para darle una forma mas justa, más bella y más solidaria.
Bibliografía: “¿Conoce usted a San Martín?”, René Favaloro. “De la Revolución de Independencia a la Confederación Rosista”, Tulio Halperin Donghi. “Los Mitos de la Historia Argentina 1”, Felipe Pigna.