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"La alegría es haberle dicho que sí a Dios", señaló Mautino

El padre Elvio Mautino celebra hoy su octogésimo cumpleaños, celebración que concretará en el seno de la comunidad humbertina donde se encuentra residiendo, tras haberse convertido en párroco emérito de San Cayetano en Rafaela.

En ocasión de incorporarse a la vida humbertina reseñó su trayectoria sacerdotal, detalle que ofrecemos seguidamente. Realizó sus estudios en el Seminario de Guadalupe y se ordenó el 21 de diciembre de 1957. Recuerda mucho el momento ya que lo hizo con Idelso Ré y con Edgardo Trucco: “también recuerdo que Idelso me acompañó en mi primera misa en Roca y yo lo hice al día después en su primera misa en Tacural”. Comenzó su trabajo sacerdotal en la parroquia San Rafael (cuatro meses), luego fue trasladado a la parroquia de Colonia Aldao (cuatro años). Más tarde fue designado secretario canciller del padre Vicente Zazpe (8 años) para ser trasladado a Tostado a cargo de todo el departamento 9 de Julio y lo hizo acompañado de Víctor Balangero por entonces seminarista (9 años). Estuvo un año en Sunchales junto a su amigo el padre Idelso Ré (en 1978); luego estudió un año teología, un curso de actualización en la Facultad de Devoto (Buenos Aires). Después fueron nueve años en la parroquia de María Juana; en la parroquia de Frontera (cinco años y medio); en la parroquia de Ceres (ocho años y medio) y los últimos seis años en la parroquia San Cayetano de Rafaela. Desde comienzos de marzo es párroco emérito de San Cayetano con residencia canónica en la parroquia Santa Margarita de Humberto I.

Feliz por la vida de servicio como hombre de la Iglesia, ante nuestra inquietud se mostró abierto y afable, recordando algunos pasajes de su trayectoria, recordando anécdotas, pero fundamentalmente dando gracias a Dios por haberle permitido servir de este modo.

Consultado acerca de su vocación, enfatizó: "te diré que más bien me la hicieron sentir, porque yo no quería ser cura ni a palos, pero Domingo Balbiano, que era de Rafaela, estaba en Presidente Roca, yo soy de ahí, como yo cantaba en el coro, y le gustaba como cantaba, además ayudaba bastante ahí en la parroquia, como monaguillo, me dijo «¿por qué no te vas a hacer cura?» y yo le dije que nunca pensé eso, entonces me empezaba a conversar, a conversar, y él fue quien convenció a mi mamá y a mi papá, para que dieran permiso y yo sin saber nada. Yo tenía cada vez más temor, ¿qué me van a meter? ¿dónde me van a meter? , que nunca salíamos en esa época ni a Paraná ni a Santa Fe ni por casualidad íbamos nosotros, tenía que ir a Guadalupe, donde estaba el seminario.

"Entonces yo le hablaba a Dios y le decía, «si es tu voluntad, que no vaya, pero si vos querés, ayudame a que vaya», a mi manera empecé a pedir ayuda al Altísimo", agregó. 

Prosiguió su relato señalando: "a los 15 días de haber ingresado se me murió mi papá, yo entré el 15 de marzo de 1945 y mi papá falleció el 1 abril, el domingo de Pascua, y a los 10 días falleció mi abuela Denardi, la mamá de mi mamá, a la que yo quería mucho, y yo ya tenía ganas de no regresar al seminario. Mi mamá, ni bien me vio, después del sepelio -recuerdo que estaba haciendo el puchero-, sin que yo diga nada me dijo «usted se va de vuelta a Santa Fe», había un tío mío, Juan Gassano, que me había traído y me retornó a Santa Fe, sin comer nada, al seminario llegué a las 15:30 y ya no había comida, porque se había pasado la hora".

"Dios me hizo ver que yo tenía que seguir y despacito, acá estoy contento y feliz. Después me fui dando cuenta que Dios quería otra cosa para mi vida, tengo que dar muchas gracias a Dios por la alegría y el gozo que me da, cada vez más, descubrí que soy cura, no que hago de cura, soy fundamentalmente sacerdote, ministerial y eso es lo que Dios realmente me da", añadió.

Considerando que si tuviese que volver a empezar sentenció: "de hecho, si Dios me llama le diré que sí. La alegría es haberle dicho que si a Dios, eso es lo que uno descubre ahora, en un proyecto que El tenía que era el único y valedero para mi vida, para mí es lo más importante".

Su familia está fuertemente ligada al sacerdocio y hay varios hombres consagrados, el hermano, Erberto (Pucho), es diácono, Darío Mautino -su sobrino- es sacerdote; y además un hijo de Erberto es hermano marista está en Uruguay y el otro, el más chico, Lucas, está con  los padres salesianos, ellos no son sacerdotes, son hermanos.

Cuando le inquirimos acerca de algún hecho que en todos estos años de ministerio sacerdotal que lo haya marcado, no dudó en aseverar: "cuando fui a Tostado, en ese momento estaba monseñor Antonio Brasca, le pidió dos sacerdotes que vayan y no querían porque se asustaban, en esa ciudad, en aquella época no había un metro de asfalto, y me eligió a mí, fui y me costó una barbaridad el cortar con Rafaela, porque había estado con monseñor Zazpe ahí, como canciller, durante 7 años y medio, después vino monseñor Brasca y él me pidió que vaya a Tostado y me costó mucho el cortar.

"Pero en Tostado yo aprendí con la gente sencilla, humilde, pobre, cómo Jesús está ahí y me estaba esperando, porque me enseñó a vivir como cura, entregado, vivir con lo necesario, austeramente, un poco más el sentido de lo simple, de  lo que la gente puede enseñarte, más de lo que uno puede darle a ellos, acompañar a la gente.

"Me acuerdo que en ese momento, la esposa del Intendente -fue nombrada ciudad en 1970- falleció en un accidente; estuve con la hija en el velatorio, y durante toda la noche la gente estuvo, desde las 2 de la mañana se fue, y nos quedamos solos ahí al lado del féretro, orando y charlando, pero más que nada en silencio que otra cosa, entonces ella me dijo al final «nunca me sentí tan acompañada y tan ayudada porque respetó mi silencio, no me dio consejos ni me dijo nada», aprendí ahí cómo a veces se ayuda más a la gente escuchando, dejando que llore y entendiendo el sentido".

"Tostado para mí fue lo que me cambió el sentido de la entrega sacerdotal. Esa fue la gracia que Dios me dio, me di cuenta después, inicié toda otra etapa".

En cuanto a su actividad en la comunidad humbertina puso de relieve que "charlo continuamente con la gente, vienen chicos, jóvenes".

Autor: Marilu Colautti

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