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Intimidades de un ritual de libertad


Piazza San Marcos: Es la escenografía tradicional de los festejos, pero no la única. ¿Desean echarle una mirada al lugar en que se estableció para siempre el Carnaval?. Apenas se arriba a Venecia se percibe que posee un ritmo propio, particular y más aún la Piazza, la cual tiene la forma de trapecio. Se encuentra allí la estupenda Basílica dorada (por el metal y la iluminación que se observa en su interior, aparte del sarcófago de San Marcos “ la Pala D´Oro”) de forma rectangular -sus dimensiones son de 3,48 m por 1,40 m- entre las incontables perlas, esmeraldas, rubíes y diamantes se encuentran engarzadas 80 pinturas esmaltadas reproduciendo pasajes de la vida y pasión de Cristo. La Pala D´Oro resume el gusto, la liberalidad y la fe de un valeroso pueblo de navegantes y pioneros sin fronteras. A la izquierda se levantan los palacios de la procuraduría vieja edificados en el siglo XV, sobre la derecha y los de la Nueva del siglo XVI. En uno de los ángulos se eleva el majestuoso “campanile” con sus casi 100 m de altura. Un rayo lo destruyó en 1906 con gran estruendo pero sin víctimas. Fue reconstruido tal cual era con el agregado de un ascensor que permite al viajero alcanzar el recinto de las campanas. Todas célebres por su sonido y con un nombre que recuerda la función que cumplían sus toques de antaño. La “Marangona” llamaba a los hombres que realizaban tareas bajo el agua, la “Trottiera” señal de rápida reunión en la plaza, la “Pregadi”, el Doge convocaba al pueblo para conocer su parecer y la “Ringhiera” contra los maleficios. Por último la antigua torre del reloj coronado por la figura en bronce de los moros quienes tocan las horas. Completan el decorativo diseño de la torre los signos zodiacales. El León alado, símbolo de la ciudad. La espléndida y majestuosa plaza de San Marcos se convierte durante el Carnaval en un inmenso y fantástico salón de baile: se repiten los “Balli in maschera”, los multitudinarios abrazos al compás de la música constituyen sobre todo el marco de un espectáculo único en el mundo. Lógicamente hay otros sitios en que el Carnaval adquiere un tono más importante, deja de ser simple diversión para convertirse en una increíble experiencia. Las crónicas del pasado narran que Venecia fue ocupada en los días de Carnaval por legiones de gente disfrazada, ciudadanos de la Serenissima y de las más diversas partes del planeta a quienes se le ofrece desfiles de máscaras, representaciones teatrales, regatas en la laguna, cortejos en los canales, fiestas de bailes, ópera en el teatro “La Fenice”. Al participante en el Carnaval se le brinda un seductor y largo itinerario a través de todas y las más diversas posibilidades de diversión popular. Venecia “regala” la contagiosa y delirante alegría, el desenfado de las comparsas carnavalescas y tal vez una dosis de melancolía: el inevitable recuerdo del Carnaval Veneciano histórico que se iniciaba el día después de Navidad y que conoció su época de esplendor en los siglos XVII y XVIII. Era el Carnaval de hombres, mujeres y niños, también de los nobles, de los ricos mercaderes, de los artistas, del pueblo llano y de otros personajes que no quiero nombrar pero Ud. se imaginará. Todos en Venecia, aprovechaban el anonimato inviolable del evento para divertirse secretamente. Desde luego los desfiles y danzas al aire libre se celebran como hemos dicho en muchas otras plazas y rincones de Venecia: pero nada es comparable a lo que sucede en San Marcos, una de las más bellas del mundo. Desde luego hay otros escenarios en los que el Carnaval adquiere un tono más importante, para convertirse en una irrepetible experiencia. Es el caso entre varios otros del Cafee Florina. Los venecianos disfrazados cumplen el rito de sentarse un momento en los maravillosos salones de este antiguo café, en los pórticos de las Procura tie nuove en San Marcos. ¿Le gustaría conocer su “biografía”?


NEGRO ELIXIR

Florián se inauguró el 21 de diciembre de 1720 con el nombre de “Alla Venezia Trionfante”. No es por tanto el café más antiguo del mundo pues fue precedido por el célebre Procope que abrió en París el siciliano Procopio dei Coltelli en 1689. Pero para muchos en especial para los venecianos y también para Ud. y para mí Florián es el café más bonito del planeta (¡!) Acogedor e íntimo en sus sillas tapizadas de terciopelo bordó, molduras doradas y orquestas que suenan incansables desde las primeras horas de la mañana… hasta las últimas de la noche. Desde 1858, año en que se modificó la estructura del local, los propietarios han observado con ejemplar rigurosidad una especie de código de honor cuyo único artículo prohíbe taxativamente, por elevados que sean los sacrificios económicos, cambiar cualquier detalle de la decoración. Se han conservado así los marcos, los espejos, las pinturas de los artistas -Casa, Carlini y Pascutti- a quienes se encomendó la reforma de las salas llamadas del “Senato Cinese y Persiana”. Sus salones desde el 700 hasta la actualidad han sido meta de personajes notables: Goethe, Verdi, Madame de Stael, Lord Byron o Hemingway, además de una extensa lista de famosos cuyas fotografías cubren las paredes. El Café Florián fue también restaurante hasta 1938, de élite muy exclusivo, reservado a no más de 30 personas, con 2 menús, uno para el almuerzo y otro para la cena a precio fijo… aunque ¡de consideración! si bien las especialidades que se preparaban cada día fueran por supuesto exquisiteces, como langostas, ostras o cigalas. Sin embargo a finales de los años 30 como escribe Massimo Alberini, erudito cronista, se perdió el Carnaval de Venecia y la ciudad sólo registraba una afluencia turística en épocas de las vacaciones veraniegas. El propietario, Giovanni Lorenzoni, decidió limitar el servicio de cocina a un solo plato caliente: la omelette, componente indispensable del Break - fast para turistas americanos… Con el regreso del gran Carnaval, el Florián se anima en esos días de invierno y los posteriores. No es difícil encontrarse con unos clientes enmascarados, sentados ante las mesitas de mármol -este café de lujo no tiene barra- y un oportuno cartel advierte: “Non si serve al banco”. Ante la bandeja de plata (se destaca la vajilla que es muy antigua y sus piezas más recientes datan de poco menos de un siglo) sobre las que están dispuestas la taza, la azucarera, la jarra de agua, un vaso y la servilleta. Hoy los salones tienen un apelativo especial: el de la Ciencia, de las Estaciones, de los Hombres ilustres… y por que no algún día otro inspirado por la vida misma que pasa delante de sus elegantes vidrieras.


TIEMPO LIMITE

Los italianos pagarán este año una suculenta (para Ud. y para mí) cantidad de euros para celebrar el Veglionissimo, gran baile de máscaras, que se prolonga todas las noches y continúa al amanecer. El Carnaval tiene en Italia una sólida vinculación con la buena mesa y el ágape tradicional se celebra en los restaurantes, en las fiestas privadas que tienen allí un extraordinario prestigio social. El “cenoni di carnevale” subirá sus tarifas a las nubes a los que pretenden festejar la noche en mesas de cierta categoría, en establecimientos prestigiosos de la Serenissima como el Harry’s bar o como el Antico Martini, un lugar muy elegante requerido por propios y extraños. Al participante en el Carnaval se le ofrece un largo itinerario de divertimentos. Ya sea en plena calle, ya sea en los salones de los majestuosos palacios, en los comedores de los restaurantes, en el escenario del teatro o en la intimidad del Café Florián. Esta festividad anual es seguramente única. No sólo porque no pueden repetirse en ninguna otra ciudad espectáculos tan excepcionales como un cortejo de góndolas engalanadas recorriendo esa octava maravilla que es el Canal Grande, sino además porque el Carnaval aún conserva la magia señorial de antaño. De una ciudad como ninguna. Por las fiestas, por las seducciones del refinamiento, del buen gusto, de la sensualidad más exquisita… Amigo lector: es hora de partir, ya husmeamos los orígenes del rito del Carnaval, una manifestación de libertad que posee la influyente personalidad de la ciudad: alegría, arte, tradiciones, fantasías, pasiones y una incontable serie de etcéteras que lo transforman en una maravilla legendaria. Nos marchamos, eso si, con una dosis de melancolía de Venecia y sus canales, quien inmutable en el tiempo, envuelta en un halo de gloria vive su permanente y eterno idilio con el mar.

Autor: Redacción

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