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Inocencia y esperanza

Que la inocencia nos valga, en este Día de los Santos Inocentes. Que sigamos conservando un poco al menos la que fluyó tan natural en nuestra infancia.
María Granata nos invita a ello en una bella reflexión (“La segunda inocencia”) publicada en “Familia” hace varios años:
“Nada en nosotros termina del todo de una manera brusca y categórica: lo que fuimos y contuvimos sigue fluyendo secretamente, sin que lo percibamos. También la infancia, que no concluye como si se le levantara un murallón delante, una sólida impermeabilidad por la que le sería imposible filtrarse siquiera un poco. Lo mismo ocurre con la inocencia: nada, ni la carga del escepticismo, puede detener totalmente su curso. Como si fuese un agua terca, empeñada en seguir andando, y que para hacerlo debe abrirse camino en una dureza de piedra, hilos de ese fluir que llamamos inocencia seguirán corriendo imperceptiblemente aunque todo se oponga a ese movimiento.
"Quiere decir que existe una inocencia manifiesta, plenamente ostensible, la de la infancia, que podemos llamar la primera ya que nos oponemos a aceptar que sea la única. Y, en consecuencia, existe la segunda, que no se muestra de lleno, que desde lo profundo emite su luz aislada.
"Con frecuencia, sin saberlo, la guardamos todos dentro de nosotros mismos, a mayor o menor hondura. Sale a la superficie si está cerca de ella; se debate por mostrarse si ganó una profundidad como de roca, ya que en buena medida por nosotros pasó la geología y somos comparables a un suelo.
"La aparición de la esperanza es la prueba de que conservamos algo de aquella primera inocencia. La esperanza, para ser, necesita sustentarse en un espacio de inocencia, fijar allí sus raicillas. La manera de brotar que tiene la esperanza, impulsivamente, sin dependencia alguna de la racionalidad, nos demuestra que se ha generado dentro de ese hilo que pugna por mostrarse, dentro de lo que nos queda de candor.
"¿Y cómo podríamos creer en algo, trascendente o no, cómo podríamos en alguien, o en nosotros mismos, si no poseyéramos un terreno propicio hecho de esa sustancia que se llama buena fe, emparentada con la inocencia?"
Sin pecar de ingenuos ¿por qué no intentar hoy una vida más inocente, creyendo un poco más en los que nos rodean, olvidando un poco los prejuicios?

Autor: firma 1

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