En octubre de 2005, un viaje postergado por casi tres décadas, para visitar a una amiga, lo llevó a “Fito” Previderé a conocer Nueva York.
De los miles de fotos que tomó este apasionado por este arte, algunas, las que seleccionó su colega Raúl Cottone, el año pasado para el Festival de la Luz de Paraná; y otras diez que él mismo añadió, son las que se pueden disfrutar hasta el 10 de abril en una de las salas del Museo de Bellas Artes.
“Es una visión muy sesgada de lo que me pareció Nueva York, porque estuve muchas veces andando por Manhattan, pero no todas las que hubiera querido ni en todos los horarios, de modo que es una visión acotada a 46 obras. Me parece que uno debiera ir varias veces más a Nueva York para entender a la ciudad un poco más”, dice un poco justificando las imágenes Previderé que confiesa que en algunas situaciones vive una especie de “desesperación” por las capturas, como es el caso del bosque a donde lo llevó su amiga Delia -se puede apreciar en el Museo- donde dijo haber corrido “como un chico” buscando cada cuadro, capturando los colores y sin dejar escapar el sol.
Tantas veces vista y sin cansar sus imágenes, “Fito” asegura que para él NYC “es la mayor concentración de etnias posibles, no existe otro lugar del mundo donde converjan todos a ver, a hacer, a vivir, a trabajar”. Quienes alguna vez caminaron por allí pueden compartir la idea de tomar a la ciudad como un mar, como una playa, donde todos están unificados, más allá de lo que vistan, de lo que hagan, todos quedan reducidos por las moles de cemento y en un punto son ´aplastados´ por el peso mismo de la ciudad. Ya se la vio tanto, en cine, en televisión, en fotos, se escuchó tanto, que al estar ahí casi que no sorprende, que uno se siente parte de la estructura. Quizá es una mirada particular de quien escribe, pero a la vez compartida por el fotógrafo cuyo impacto más perceptible es el de “la convivencia de todas las capas sociales”.
Limousinnes gigantes se conjugan con personas de a pie, con no más movilidad que el Metro, “la ciudad que funciona debajo de la que todos conocemos” y donde la individualidad no deja nunca de serlo en un espacio común a alta velocidad.
El silencio de sus calles, salvo en Times Square donde las luces de los carteles y los turistas son el panorama constante, el respeto de la gente entre sí, la oscuridad durante la noche y la gran actividad en los museos fueron los detalles que más releva de su paseo combinado con la pasión de retratar.
Ese viaje coincidió intencionalmente con la inauguración de una muestra que el Fotoclub que integra hizo en una galería de Manhattan, la cual tiene un reflejo en lo que hoy se exhibe en Rafaela con una pieza donde una señora de cabello entrecano mira el catálogo de la misma teniendo de fondo una foto de la ya desaparecida Irma Modenessi, casi como una referencia discreta y doble a su trabajo.
Sorprende realmente para bien que todas las piezas mostradas sean a color, saliendo al fin de la clásica escala de grises a la que lleva NYC. “Por supuesto que admite mucho la fotografía en blanco y negro, sobre todo con las imágenes que tenemos cargadas en la memoria, pero es una ciudad que también tiene mucho color; y no me parece interesante producir una sensación que tenga que ver con algo del pasado”. Como un especialista es conciso al apuntar que “la imagen en blanco y negro es la menos real de todas, pero es lo que permite que sean atemporales y es algo que la fotografía va a llevar consigo para siempre”, por la simple razón que el ojo nunca ve de esa manera. Salir del estereotipo hace especial esta muestra.
A quien no haya tenido la oportunidad de ir a Nueva York, se lo invita a captar escenas especiales a través de fotos de buen tamaño, con clásicos no tan mirados de la ciudad, sin íconos, pero sin excepciones. Incluyendo a los museos de Ciencias Naturales, al MOMA, al Guggenheim, a la gente que los recorre, a sus obras más impactantes, de Picasso a Monet, de alguna manera se puede estar ahí como sentado ante la serie de “Water Lillies”, impactado, metiéndose en las pinceladas.
Con mucho arte en su forma de trabajar, pero también en la manera de comunicarlo con palabras, Previderé no pierde el toque de timidez que siempre se precisa para afrontar lo próximo y reconoce que “cuando uno hace cosas quiere compartirlas, porque hacerlas sólo para uno es demasiado egoístas, por más que surjan de esa manera”.
Con la idea que quienes visiten su muestra disfruten, debatan o polemicen, LA OPINION recomienda este paseo, esta salida que puede ser la que los haga conocer el Museo, para familias enteras, para parejas, para solitarios, con la intención de asomarse desde la pampa húmeda al mundo, para verlo de más cerca, para sentirlo diferente, así como si todos estuviéramos un ratito “De paso por Nueva York”.