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Homilía: "Hasta cada Eucaristía"

Luego de la lectura del Evangelio según san Marcos, en su Homilía de despedida -que duró poco más de diez minutos-, el ahora exobispo de Rafaela se mostró muy emocionado siendo que se quebró en dos oportunidades al mencionar a la comunidad rafaelina que ahora deja atrás luego de estos doce años y medio. Aquí la Homilía completa.

"Queridos hermanos, la Providencia de Dios ha querido que mi traslado a Mendoza se produzca en el marco del Año de la Fe y que por tanto esta celebración que compartimos como despedida, la vivamos en este clima creyente que debería ser el estilo ordinario de vida para todos nosotros. Es decir, dejar que sea siempre la luz de la Fe y la guía de la Palabra que iluminen nuestra vida y todas sus circunstancias.

"Además los textos bíblicos que nos propone la liturgia de este día, son particularmente apropiados para tratar de desentrañar algo del misterio de nuestra vida de peregrinos en la Fe, que es lo que somos los cristianos. La primera lectura de la Carta a los Hebreos, nos propone una suerte de introducción en el capítulo 11, en el que se nos presenta una larga lista de testigos en la Fe para el pueblo de Dios; comenzando por Abraham el padre de los creyentes. A una comunidad amenazada por el desconcierto, la incertidumbre y la persecución, el autor de la Carta la invita a recordar su historia, es decir, a volver a pasar por el corazón todo lo vivido. Se trata de avivar la memoria creyente de la presencia siempre fiel de Dios en sus vidas, a pesar de los contratiempos y las dificultades. Para ello los ayuda con la mención explícita en el siguiente capítulo de tantos hermanos y hermanas, que en distintas circunstancias a menudo adversas supieron mantenerse firmes en la Fe y confiados en la inquebrantable fidelidad de Dios. Sólo necesitan confianza y constancia para cumplir la voluntad de Dios que nunca defrauda".

Continuó emocionado: "En estos meses transcurridos desde el anuncio de mi nombramiento en Mendoza, he querido vivir esta nueva llamada del Señor en la Fe, sabiendo que sólo en el humilde y perseverante empeño por seguirlo hasta donde el quiera llevarme podré responder cabalmente a la vocación recibida en el bautismo y en la ordenación. También yo he recordado con gratitud tantos gestos de la ternura de Dios para conmigo y para con la Iglesia que me encomendó pastorear.

"He reconocido con dolor cuántas veces no supe responder a la altura de las circunstancias, desdibujando la imagen del Buen Pastor que debe traslucir un Obispo y seguramente haciendo sufrir a otros. He verificado cómo aún en los momentos más duros no han faltado palabras y gestos de hermanos que me han hecho palpar la cercanía de Dios que nunca nos abandona.

"En definitiva haciendo memoria de estos casi trece años compartidos, he vuelto a reconocer como tantas veces me lo han escuchado, que la Iglesia de Rafaela me ha regalado los años más felices de mi vida. Por ello doy muchas gracias a Dios y también a ustedes" señaló entre emoción y aplausos.

"Aprovecho también -continuó- para pedirles desde el fondo del corazón que perdonen mis debilidades y pecados, sobre todo a aquellos a quienes involuntariamente pudiera haber hecho sufrir y a aquellos a quienes dispersos en el inmenso territorio diocesano, no pude llegar a tratar personalmente.

"Pero además, como una última exhortación pastoral, me animo a invitarlos a vivir con mucha confianza y constancia la nueva etapa de la vida diocesana que comienza con mi partida.

"En la Fe sabemos que Jesús es el único Pastor de su Pueblo, y quien siempre lo conduce a través de pobres mediaciones humanas. Ahora será el momento de mostrar la madurez pastoral de esta Iglesia particular, que por un tiempo que esperamos no sea muy prolongado, vivirá una cierta orfandad. El bien común diocesano, manifestado en las distintas formas de comunión orgánica deberá ser la meta y el afán constante de todos: presbíteros, diáconos, consagradas, agentes pastorales y todos los miembros del Pueblo de Dios. La misión de la Iglesia continúa aunque la sede esté vacante. La mejor manera de manifestar esta convicción será el compromiso de todos en favor del camino pastoral diocesano y la oración incesante pidiendo al Señor que envíe pronto al Pastor que necesita la Diócesis en esta nueva etapa de su historia.

"El pasaje del Evangelio proclamado nos recuerda que el Reino de Dios crece de manera escondida y discreta porque es el Señor quien le da vida y lo sostiene. A nosotros nos toca colaborar con su obra, con su mismo estilo: sobrio, fiel y perseverante.

"Esta enseñanza también ilumina esta circunstancia eclesial que compartimos hoy. Para mí es una invitación a renovar mi disponibilidad al servicio de Reino, del que ahora deberé ser servidor y testigo en tierras mendocinas. Para ustedes, Iglesia de Rafaela, signo e instrumento del Reino de Dios en este territorio, es otra oportunidad para avanzar en disponibilidad y confianza. El Señor sigue dando crecimiento a su Reino, y cuenta con la rica vida eclesial diocesana para que así sea.

"A todos les pide apertura y disponibilidad para seguir trabajando en comunión poniendo gestos y palabras que manifiesten su presencia salvadora en medio de su Pueblo. La parábola de la semilla nos habla de la misteriosa pero eficaz presencia de Dios más allá de los límites visibles de la Iglesia. No quiero partir de Rafaela sin hacer un explícito reconocimiento a tantas personas e instituciones que sin pertenecer formalmente a la Iglesia diocesana han compartido nuestro camino en estos años. Ante todo a las autoridades públicas en sus distintos niveles, con quienes hemos querido vincularnos a lo largo de estos años con espíritu de autonomía y cooperación, según nos enseña el Concilio Vaticano II. A los representantes del mundo de la cultura, del trabajo y de la empresa, del deporte y de los medios de comunicación social, en fin, a todos los constructores de la sociedad a quienes hemos querido hacerles manifiesta la voluntad del servicio y la comunión que anima a los hijos de la Iglesia, al servicio del bien común.

"En todo tiempo -continuó Franzini-, pero en las actuales circunstancias que atraviesa nuestro país, la Iglesia experta en humanidad, quiere ser servidora de la Vida, facilitadora del diálogo, y promotora de la amistad social. Y esta vocación eclesial va más allá del Pastor a quien circunstancialmente le toque conducir.

"Al partir de mi diócesis de origen para venir a Rafaela, resumía mi despedida en tres palabras: gracias, perdón y recen. Hoy vuelvo a proponerles esta sintética forma de expresar tantos sentimientos para los cuales las palabras no alcanzan. Gracias por todo lo vivido y compartido, perdón por no haber sabido responder siempre en la medida que ustedes merecían, y recen para que pueda entregarme a Mendoza con la misma pasión con que quise hacerlo a Rafaela. Con la distancia los vínculos genuinos no se pierden sino que se recrean. Para los creyentes, la Eucaristía es el lugar cotidiano de encuentro con el Señor, y en El con todos los que amamos.

"Por eso termino diciéndoles de corazón y con mucha Fe: hasta cada Eucaristía".

Autor: Redacción

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