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Hablaba, hablaba y hablaba…

Un hombre solo en el espacio escénico, habla, habla y habla. Quizás no quiere hacerlo, no de ese modo; pero no puede parar su verborragia porque algo adentro le habla todo el tiempo (un organismo resistente que lo fuerza a hablar). “El hablante”, de David Farías por Grupo 0 Teatro de Rosario, es una comedia trágica, que aunque haga reír también invita a pensar.

Del discurso de este hablante incansable, que sufre por dentro, subyace la crítica: a una Iglesia cuyo poder es más político y económico que religioso; a un sistema económico y social donde, por ejemplo, se favorece la construcción de grandes y faraónicos shoppings en lugar de escuelas u hospitales; a nuestra cultura en general (la nuestra, aclaro, porque a la cultura la hacemos entre todos, todos los días).


¿DE QUE TE REIS?

Ante tanta palabra, ante tantas asociaciones, los espectadores nos reímos; y me pregunto el por qué de esa risa. ¿Nos reímos de las palabras del hablante, o del modo en el que las dice sin poder parar de hablar?

En algunos momentos este hombre vomita verdades, verdades que, sospecho, muchos espectadores en la sala no quieren escuchar. “¿La cultura es buena?” “¿La civilización es buena?” pregunta el hablante al darse cuenta que el sueldo de un maestro de escuela primaria equivale al almuerzo de cinco turistas que pasean en Argentina. ¿La cultura es buena?, el hombre se desespera, parece que va a quebrarse, y los espectadores, en nuestras sillas: ¿de qué nos reímos?

¿Será que no podemos dejar de reír? ¿Será que si dejásemos de reír devendría un silencio que obligaría a escuchar la verdad?


PALABRAS

QUE QUEMAN

El texto es un monólogo en el que el protagonista pasa de enumerar obsesivamente detalles de la infancia a denunciar los proyectos ocultos de una ciudad. Sin embargo, este hombre no está loco, quiere dejar de hablar y no puede, por eso el personaje, muestra su lucha interna por conseguir silencio.

“Algo adentro me habla todo el tiempo”, confiesa después de haber sentido que le amputaban las dos piernas, los dos brazos, los ojos: “La palabra es hoy un organismo parasitario que invade y daña el sistema nervioso”.

Antes de que termine la obra, un video con imágenes de su propia boca se proyecta en su panza: es un acto simbólico, y comprendo entonces que este hombre habla desde sus entrañas. Por eso vomita palabras. Pero: ¿para quién habla este hablante? ¿Para otros? ¿Para nosotros? ¿Para sí mismo?

La obra que el grupo Punto 0 Teatro presentó en Rafaela conjuga la expresión corporal con un texto delirante e inacabable. Ricardo Arias, el actor que encarna al hablante, captura y mantiene la atención del público durante toda la obra. El manejo de la técnica vocal y los movimientos del cuerpo son simplemente impecables.


NO DIGAS MAS

Pienso en este hablante y siento que el silencio y las palabras están perdiendo valor. Porque si una palabra adquiere valor en el contexto, ¿Qué significa cada palabra en la vorágine verbal? Y si el silencio es indispensable para escuchar, para construir sentido, y para que exista comunicación; ¿por qué nos cuesta estar en silencio? ¿Qué voces, sonidos o ruidos interiores escuchamos cuando se apaga la voz?

“El hablante” se presentó en el marco del Ciclo de Teatro Independiente organizado por el Centro Cultural La Máscara: un ciclo que invita a gozar del arte, y también a mirarnos en el teatro, como a través de un espejo, con sus infinitas caras y laberintos. ¿Por qué no somos muchos de nosotros incansables hablantes? ¿Y acaso no somos un poco cómplices de la desigualdad económica y social dominantes? ¿Sabemos escuchar? Un loco que canta verdades aconseja: say no more.

Autor: María Florencia Forni

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