El presbítero Lic. Gustavo Gabriel Zurbriggen, de 48 años, actualmente párroco de la catedral San Rafael -o como es conocido por una amplia porción de fieles católicos de esta Diócesis de Rafaela, «Padre Gustavo» a secas-, es un sacerdote nacido y surgido en esta Diócesis, formado sacerdotalmente en el ámbito de su clero diocesano, y que tras desempeñarse pastoralmente en distintas parroquias de su geografía, se puede afirmar que es merecedor de la simpatía, cariño y aprecio de muchos que alguna vez recurrieron a él como persona y como sacerdote.
El «Padre Gustavo», ha sido bendecido por Dios en su vida sacerdotal recientemente, ya que el 12 de octubre se conoció a través del nuncio -monseñor Bernardini- que el Papa Benedicto XVI lo nombró obispo prelado coadjutor de la prelatura de Deán Funes (Córdoba).
Dentro de pocos días más, el ahora monseñor Gustavo Zurbriggen, recibirá su ordenación episcopal, la cual tendrá lugar el viernes 9 de diciembre a las 20.00 en el principal templo diocesano; y poco después, ya colaborará en el gobierno pastoral del actual obispo-prelado de Deán Funes, Mons. Aurelio José Kühn, franciscano de 73 años, y será luego su sucesor en esa sede prelaticia.
Zurbriggen es el tercer obispo surgido de esta joven Diócesis de Rafaela. Los anteriores fueron Mons. Antonio Alfredo Brasca -nacido en Cañada de Gómez que fue párroco de Fátima- cuya ordenación episcopal como Obispo de Rafaela fue el 16 de marzo de 1969; y Mons. Hugo Norberto Santiago -nacido en María Juana y también ex párroco de Fátima- cuya consagración episcopal reciente fue el 19 de marzo de 2007.
Por estos motivos LA OPINION fue a su encuentro, y el Padre Zurbriggen nos contó sus emociones por estos días.
INFANCIA Y VOCACION
"Nací en la clínica de San Guillermo, pero soy de la zona rural de Curupaytí" anticipó Zurbriggen, agregando que esto tuvo lugar el 26 de noviembre de 1963, en el Dpto. San Cristóbal.
En este ambiente rural el Padre Gustavo dio sus primeros pasos, jugó, se crió y asistió a la escuela primaria en un establecimiento rural de la zona, la "General San Martín".
Su familia está constituida por sus padres y su hermano menor Raúl, y en aquel tiempo también compartían la casa algunos tíos que hoy ya no están.
"Allí fui hasta 6º grado, pero para 7º ya me fui a San Guillermo a la escuela de las hermanas dominicas, al Colegio Santa Catalina de Siena. Estuve seis años, cursando también allí la secundaria" señaló nuestro entrevistado.
De esta época datan ya sus inquietudes vocacionales. "Después de terminar la secundaria hice un año de servicio militar, pero ya desde 4º año del Colegio me surgió una atracción por el sacerdocio. Presentía que quería ser sacerdote, o más bien pensaba que Dios me pedía esto aunque yo no estaba demasiado de acuerdo. Sentía que Dios me iba a hacer feliz, un sentir misterioso, sin ninguna razón y sin ninguna influencia" explicó sencillamente Gustavo ese misterio tan grande que significa una vocación a la vida consagrada.
"Yo me resistí bastante porque no estaba dentro de mis planes -continuó-. Dentro de mis proyectos había esposa, hijos, una profesión universitaria. Me provocó una lucha interior grande entre este deseo que me daba mucha alegría y lo otro, que eran mis planes. Hasta que un día lo charlé con un sacerdote y debí elegir entre lo que yo «quería ser» o lo que sentía me iba a dar verdadera alegría y me iba a hacer feliz" redondeó.
Así, ingresó en el Seminario Mayor Nuestra Señora de Loreto, de la arquidiócesis de Córdoba, donde entonces se formaban los seminaristas de la diócesis de Rafaela.
"Mi decisión de entrar al seminario tiene que ver con esto: me entrego y vemos. Mis padres también me dijeron, «- probá, vé y si no es lo tuyo volvés». No debía quedarme con la duda ante ese sentimiento fuerte" explicó.
"Monseñor Casaretto (entonces Obispo de Rafaela) me admitió y me envió a Córdoba con los demás seminaristas, aunque confieso que fui un poco resistido, humanamente hablando; pero una vez en el seminario, con la oración y la misa diaria vi que Dios quería eso para mí, me sentí muy feliz y soy muy feliz" subrayó el padre Gustavo.
Y añadió, "por eso les digo a los jóvenes que si sienten que Dios los llama a esto, digan que sí, aunque humanamente uno se resista". Y concluyó "en el llamado se encuentra un camino de felicidad. Como el que es llamado a la vida matrimonial también lo encuentra, una misión cristiana en la vida matrimonial".
ORDENACION SACERDOTAL
En el Seminario de Córdoba Zurbriggen permaneció siete años, y tras finalizar fue ordenado diácono el 18 de diciembre de 1989 en nuestra Catedral. El obispo Héctor Gabino Romero lo envió a la Pquia. Santa Catalina de Siena de Suardi.
Meses después fue ordenado sacerdote, el 26 de octubre de 1990, también por monseñor Romero en la capilla Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Curupaytí, su pueblo natal.
Tras su ordenación presbiteral volvió para ejercer el ministerio como vicario parroquial en Santa Catalina de Siena de Suardi, durante 1991; luego fue también vicario parroquial en Nuestra Señora de Fátima de esta ciudad hasta 1994 -cuando el párroco era el actual Obispo de Santo Tomé, Hugo Santiago-, y al año siguiente fue enviado por el obispo Romero a la catedral San Rafael también como vicario parroquial, cuando el párroco era Mons. Idelso Juan Ré.
En agosto de 1996 fue enviado a Roma para perfeccionar sus estudios teológicos y obtuvo la licenciatura en Teología Dogmática en la Pontificia Universidad Gregoriana.
De regreso a la diócesis en Julio de 1998, nuevamente se desempeñó como vicario parroquial de la Catedral y luego, en Septiembre de 2000, ya monseñor Franzini lo nombró párroco de Santa Catalina de Siena, en Suardi.
Finalmente, desde el año 2006 hasta el presente, es párroco de la catedral San Rafael. Su periodo al frente de la Catedral se caracterizó -en el plano temporal- por una importante restauración interior y exterior del templo. Zurbriggen agradeció a la Comisión de Asuntos Económicos el valioso trabajo realizado.
Desde 2010 asumió también la Parroquia de Guadalupe tras el retiro del párroco Alcides Suppo, contando con el invalorable apoyo de dos vicarios parroquiales para estas tareas, los presbíteros Gustavo Giorgis y Mauro Canalis.
Hasta 2011 fue también profesor de Teología Dogmática en el Seminario Arquidiocesano "Nuestra Señora del Cenáculo", de Paraná, y dictó cursos de Teología en el Seminario de Córdoba. Es también director espiritual de seminaristas y de otros sacerdotes. Coordinó el Equipo Diocesano de Pastoral, fue responsable de las últimas Asambleas diocesanas, miembro del Colegio de Consultores, del Consejo Presbiteral y del Equipo de Formación Permanente del Clero.
OBISPO DE DEAN FUNES
"Uno sabe que los obispos salen de los curas, pero para mí, mi llamado fue una sorpresa" admitió Gustavo sobre su designación. "Cuando el Nuncio me llamó para decirme que el Papa me había nombrado Obispo coadjutor de Deán Funes me sorprendí, pero en mí renovó aquél primer llamado. Fue otra vez sentir el «-Sígueme» de Jesús".
"Hoy estoy con la alegría del seguimiento, estoy en manos de Jesús. Así como el me dio mucha luz en mi sacerdocio, me va a dar el Espíritu Santo para esta nueva tarea que El me encomienda" aseguró.
Sobre Deán Funes, más allá de que es una diócesis del norte de Córdoba, afirmó haber leído y charlado con el Obispo y los sacerdotes de allí, pero que "aún me falta mucho por conocer".
Explicó también que la diferencia entre Prelatura y Diócesis, es que cuando fue creada, se la encomendaron a religiosos. Los primeros Obispos fueron mercedarios en "una zona de misión" y el actual obispo-prelado, Aurelio Kühn, es franciscano.
Zurbriggen fue nombrado obispo-prelado coadjutor, es decir que "coadjutor es el que ayuda al Obispo y lo va a suceder después cuando renuncie por edad". La diferencia con el Obispo auxiliar es que "este solamente ayuda" indicó. Considerando que Kühn debe canónicamente elevar su renuncia al cumplir los 75 años, es muy probable que en poco tiempo más Zurbriggen asuma como obispo-prelado.
"El Señor me hizo inmensamente feliz en estos 21 años de sacerdocio, siempre estuvo conmigo y nunca me abandonó. Fue siempre fiel y generoso. Y como dice San Pablo «sé en quien pongo mi confianza»" concluyó.