Giuseppe Garibaldi y Anita Garibaldi, radicados en Montevideo, después de un tiempo de penurias y enrolado él en las fuerzas contrarias a la tiranía de Rosas, que agrupaba uruguayos, argentinos unitarios, ingleses y franceses, lo designan comandante de una pequeña flota de veleros. Rosas prohibía la libre navegación de los ríos interiores como el Paraná y el Uruguay; tampoco permitía el libre comercio exterior, todo lo cual iba en contra de intereses tanto foráneos como locales, como el caso de Urquiza con dificultades para comerciar sus cueros salados, producidos en uno de los más importantes saladeros del país.
Garibaldi es enviado por el Gobierno uruguayo en una misión a Corrientes, remontando el Paraná para llevar pertechos en apoyo del gobernador Coronel Ferré que se había pronunciado en contra de Rosas, en vías de formar una fuerza mayor para derrocar al tirano.
Al mando de una corbeta de 18 cañones, un bergantín de dos cañones giratorios y una goleta de transporte, reducida flotilla con la cual debía pasar frente a las costas de Buenos Aires dominadas por la flota de guerra de Rosas comandada por el almirante Guillermo Brown, se lanzó a la aventura en la segunda acción bélica en Argentina.
Según manifiesta Garibaldi, el ministro de guerra uruguayo consideraba oneroso mantener una flota, por eso había vendido casi todos los barcos a precios "vergonzosos" y con el resto se le encargó una expedición cuyo resultado no podía ser otro que la pérdida de los barcos que mandaba.
La flotilla suicida tuvo su primer bautismo de fuego cuando pasó frente a la isla Martín García, desde donde recibió una andanada de cañonazos con pérdidas materiales y humanas. Con la finalidad de poner distancia se fueron hacia la costa y a causa del bajo fondo, la corbeta que era la más pesada varó en la arena. Mientras estaban en esa tarea de salir de la varadura,... "se vio aparecer la flota de Brown compuesta de 7 barcos que navegaba a todo trapo con viento favorable al encuentro de los atrevidos incursores".
De pronto, en aquel trance aparentemente sin salida el buque almirante de la escuadra de Brown también varó al ascender el sol, una espesa niebla cubrió todo el estuario lo que permitió seguir aguas arribas a los tres veleros de Garibaldi sin ser vistos.
En varios puntos se detuvieron para conseguir un práctico del río y animales para mantenimiento de la tropa y cuando pasaron frente a la ciudad de Paraná se produjo un nutrido cañoneo sin consecuencias desde las barrancas donde actualmente se encuentra el parque Urquiza. Más al norte, debido a una curva que hace el río, frente al pueblo de Cerrito, los barcos se enfrentaron a la fuerte corriente del río y fue necesario navegar "a la sirga", es decir contra la costa y remolcado desde tierra por largos cables tirados por pelotones de marinos que marchaban a redoble de tambor.
Cerca de dos millas fueron cubiertas de esta manera, haciéndose cada vez más difícil la navegación por la gran bajante de las aguas, siendo frecuentes las varaduras.
En Caballú Cuatiá, muy cerca de la Paz, se les unieron tres barcazas correntinas con víveres, lo que alentó a la tripulación, pero poco después debieron detenerse por el bajo calado. Garibaldi dispuso entonces los barcos en posición de combate en la posibilidad de la llegada de la escuadra de Brown que lo seguía y que no tardaría en aparecer. Efectivamente, el 15 de junio de 1842 aparecieron los barcos y un destacamento de infantería desembarcó para hostigarlos desde tierra. Al cerrarse la noche ambos bandos se prepararon para el día siguiente. Garibaldi recuerda: "no había salido el sol del día 16, cuando ya empezaron a cañonearnos con toda la fuerza". La artillería de Brown era de más largo alcance y se mantuvieron a distancia. "Los daños fueron muchos y los barcos quedaron en esqueletos y mantuvieron". "Los muertos eran muchos y mayor el número de heridos, pero aún había pólvora y era necesario combatir no ya para vencer sino por el honor". La segunda noche se llenó de los lamentos de los heridos y las tres barcazas correntinas dispararon. Finalmente se ordenó la retirada en la goleta liviana y se procedió a incendiar lo que quedaba de la corbeta. Esto produjo una tremenda explosión del depósito de municiones que se llevaba en cantidad y que detuvo a los perseguidores. Ello posibilitó que se llegara hasta la localidad de Esquina, primer pueblo de Corrientes, en tres días, navegando y luego caminando penosamente entre islotes y pantanos, para después cruzar la Provincia y regresar a Montevideo, donde lo esperaban nuevas aventuras ((Miguel Angel Bolcatto, revista "Istituto delle Ricerche", abril 2000, Nº 9).
Colaboración de la Asociación Lombarda de Rafaela.