Uno puede estar de acuerdo o no con los pensamientos de monseñor Jorge Casaretto, pero a decir verdad fue un gran obispo.
Pablo VI lo designó obispo de Rafaela el 28 de diciembre de 1976 y fue ordenado el 19 de marzo de 1977 cuando tenía 40 años en una misa frente a la Catedral San Rafael presidida por Justo Laguna (auxiliar de San Isidro), Vicente Zazpe (arzobispo de Santa Fe) y Emilio Bianchi Di Cárcano (auxiliar de Azul).
Por su profesión periodística mi papá se hizo amigo del tercer obispo y luego compartieron la práctica de pelota a paleta en el frontón cerrado de Atlético. A su término a veces venía a comer a nuestra casa.
Siempre me impresionaron sus homilías en la Catedral y era muy abierto a la gente, en el contexto político de la última dictadura. El 19 de marzo de 1983 Juan Pablo II lo designó obispo coadjutor de San Isidro y asumió el 13 de mayo 1985.
Por su amistad con monseñor Carlos Franzini en los últimos años vino seguido a Rafaela para dar charlas. Le hice varias entrevistas y la última fue el 11 de octubre último con motivo de los 50 años de la creación de la diócesis de Rafaela, en la Rural.
"Esos años fueron de mucho aprendizaje como obispo y todas las semanas me acuerdo de Rafaela porque encuentro mis raíces episcopales aquí, habiendo sido muy bien acompañado en aquella época", destacó.
Desde su actividad pastoral en San Isidro fue una figura preponderante en la vida de la Iglesia, ocupando distintos cargos en el Episcopado y tendiendo puentes con distintos sectores y actores sociales.
Prometió volver a nuestra ciudad cuando esté terminado el nuevo frontón en el autódromo. "Hago un voto para que lo finalicen así puedo venir a jugar un día acá", agregó.