Alguien era tan feo que, según dicen, había encontrado un trabajo bastante bien remunerado y con poca competencia: era modelo en una fábrica de caretas. Y de una mujer se cuenta que era tan fea... que inspiraba horror al pecado.
Bueno, para exagerar hay que exagerar en serio... también sugiriendo una sonrisa. Quien nos ayuda a sonreír es un comentario escrito de puño y letra por G. Bernard Shaw respecto de su propia imagen, nada a
graciada por cierto:
“Las caricaturas que han hecho de mí nunca se me parecieron. Una vez que visitaba a un amigo, por fin vi una caricatura mía que me pareció excelente. Por supuesto, no me favorecía, pues era bastante cruel, pero a fin y al cabo se trataba de una caricatura. Por desgracia, la caricatura se movió y entonces me di cuenta de que yo estaba frente a un espejo”.
Ojalá que todos los que estamos bien lejos de ser lindos tengamos la capacidad de reírnos de nuestras propias falencias, al estilo Bernard Shaw. Lo habitual es que arrastremos algún pequeño o gran complejo por un aspecto de nuestro cuerpo que no terminamos de asumir. “Por cierto, la gran mayoría de los individuos tiene alguna insatisfacción respecto de su cuerpo: el 85 por ciento de las mujeres y el 72 por ciento de los hombres se sienten desdichados con por lo menos uno de sus rasgos físicos, aunque no al extremo de necesitar una terapia”. Esta conclusión pertenece al doctor Thomas Cach, un psicólogo de la Universidad Old Dominion, de Norfolk.
Sin embargo, hay mucha gente que sí necesita recurrir a la terapia psicológica. Una psiquiatra de la Universidad de Harvard, la doctora Katherine Phillips, advierte que muchas veces tales personas se someten a terapia por otros problemas, especialmente por una depresión, pero tanto les avergüenza su imagen que no se atreven a confiar su preocupación siquiera a un terapeuta... Y además, como tienden a consultar a cirujanos plásticos o dermatólogos antes que a psicoterapeutas, es común que no sigan ningún tratamiento psicológico".
Lamentablemente, un solo defecto físico ensombrece otras cualidades, también físicas. Y ni hablemos de las espirituales, que son las más importantes. Al último, ya se sabe que “lo esencial es invisible a los ojos”.