Evolución creadora o creación evolutiva. Son dos expresiones que tienen mucho en común, pero que no significan exactamente lo mismo. La evolución creadora le da principal importancia a la evolución, mientras que la creación evolutiva acentúa el aspecto de creación.
Independientemente de cualquier enfoque, hoy la ciencia da por descontado que la creación de todos los seres vivientes se fue dando en el marco de una larguísima evolución de las especies. En millones de años, para dar una cifra.
La teoría de Charles Darwin (1809-1882) fue publicada, como se sabe, en su obra “El origen de las especies”. La presentación en sociedad encontró al principio algunos defensores y muchísimos detractores, es que se trataba literalmente de una teoría revolucionaria.
¿Qué piensa la iglesia al respecto?. Digamos, ante todo, que nunca condenó oficialmente la teoría de la evolución, aunque no debemos negar que hubo serias reservas de la misma jerarquía. Estas reservas se acentuaron cuando prominentes cultores del darwinismo fueron excluyendo sistemáticamente que Dios tuviera algo que ver con la creación, incluso negando la existencia misma de Dios. Ignoro si Darwin era un hombre creyente, pero tengo entendido que al menos no excluyó la acción divina en forma explícita. Monseñor Gianfranco Ravasi, desde su condición de Presidente del Pontificio Consejo de la Cultura, decía al respecto, “en sí mismo Darwin no fue el problema, sino que nació cuando se transformó esto en darwinismo, es decir en una filosofía de la historia y de la realidad sobre una base científica”.
El mismo arzobispo Ravasi, un experto biblista, distingue entre el creacionismo y la creación. “El creacionismo es el intento de introducir en el análisis científico un dato teológico que pertenece a otro plano... En cambio, la creación es una parte fundamentalmente teológica que la ciencia debe escuchar”. No se trata pues de contradicción entre razón y fe, son dos perspectivas autónomas que pueden complementarse mutuamente.
En síntesis, la iglesia acepta la teoría, como tal, de la doctrina evolutiva, siempre que no se excluya a Dios.