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Eslabones perdidos de la historieta argentina

A partir de los años 40, la historieta argentina empezó a vivir una época en la que proliferaron revistas, autores y relatos de éxito y calidad. Pero ese fenómeno no fue por que sí. En “La historieta salvaje” (de Ediciones De La Flor), Judith Gociol y José María Gutiérrez rescatan los trabajos de la etapa previa, de principios de siglo a los 30.

“Un universo que hasta ahora permanecía difuso, apenas conocido… esa época en que empiezan a forjarse los primeros personajes que radiografían con acidez la idiosincrasia argentina, sus prejuicios, sus taras, sus problemas recurrentes y su lado bestial”.

El rescate que realizan los autores “es heroico”, según el periodista Martín Pérez en un artículo publicado en la Revista Radar, el 13 de enero de este año. “Reproducen, además, las obras a partir del rescate de las revistas, ya que los originales en la mayoría de los casos nunca fueron conservados, y llegan a tener que reescribir los textos para que se puedan leer en esta cuidada reedición”.

“La historieta se presenta en estas páginas casi desnuda, en sus albores, y en sus cuadritos pueden leerse los tanteos de sus autores, las pruebas, las dudas”, escriben Gociol y Gutiérrez en el prólogo del libro.

“Vistos a la distancia, estos avances a base de prueba y error dan cuenta del grado de exploración y de libertad que puede alcanzar un género cuando no está aún encorsetado por sus propias características y cuando los estilos de los autores aún no están moldeados”, agregan.

“Pero vale el esfuerzo de aventurarse, tal como hicimos nosotros, a leerlas con ojos despojados. En algún sentido, es como subirse a la máquina del tiempo y detenerla justo en el momento en que la historieta estaba en su estado salvaje.”


LOS PERSONAJES

Una pareja dedicada a estirarse y aplastarse, comer animales vivos y luego expulsarlos de su cuerpo, y viajar por los aires rebotando con pelotas de fútbol en lugar de zapatos. “Las ciertamente vanguardistas Aventuras de Don Tallarín y Doña Tortuga, publicadas sin firma en la revista PBT en 1916, pero creadas por R. Tomey primero y luego por Oscar Soldati, tal vez sea la historieta más salvaje de las recuperadas en el volumen “La historieta salvaje”, de Judith Gociol y José María Gutiérrez”, según el periodista.

Pero hay otras muy interesantes, como las tiras de Aniceto Cascarrabias, también publicada en PBT por Pedro de Rojas, que relata la odisea de un poeta que busca tranquilidad para escribir sus versos y, al no encontrarla, ataca todo a su alrededor, y siempre termina preso.

O las aventuras de los pueblerinos Don Salamito y Doña Gaviota, que al final, terminan destrozando a los tiros su propia habitación de hotel en la gran ciudad, celebrando la salida de la revista (nuevamente PBT) donde se publican sus aventuras.


LOS MISMOS PREJUICIOS

En los primeros ejemplos incluidos en el libro se nota el carácter proteico del género: los personajes a veces ni siquiera tienen nombre o pretensión de continuidad, y su comportamiento suele ser feroz.

En el prólogo, Gociol y Gutiérrez, responsables del Programa Nacional de Investigación en Historieta y Humor Gráfico argentinos de la Biblioteca Nacional, aclaran que se trata de obras artesanales, de una época en la que todavía no estaban establecidos los códigos del lenguaje del género para los autores, las publicaciones ni los lectores.

Su investigación recupera eslabones perdidos entre la tradición del humor político y la pujante tradición de humor gráfico e historieta que ocuparía las páginas de los diarios y las revistas a partir de 1930.

“Si la caricatura política del Río de la Plata siempre estuvo poblada de animales, estos primeros personajes de historieta rioplatense se comportan como tales. No hay ningún intento de que el lector se encariñe o se sienta representado por ellos, la sátira mordaz es la ley. Y los prejuicios de la clase acomodada contra los arribistas, los mulatos y los inmigrantes son el verbo”.

Para los amantes del género, o los que disfrutan leer las noticias a contramano… “La historieta salvaje” es un libro recomendable.

Autor: María Florencia Forni

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