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En su propia defensa

Por Dra. Ana María Vottero. - Estimado lector, ¿no cree Ud. que ubicar en un mismo espacio y tiempo, lugares y personajes famosos, pero envueltos en el aire legendario del pasado, más una dosis de misterio (de esos que permanecen indescifrables) podrán generar un nivel de curiosidad que seguro irá in crescendo a medida que unamos la trama de los involucrados?
Apuesto que sí, especialmente si me refiero al hombre que denominaban “El Coloso”.
Hoy saldremos a reconstruir su historia, basándonos en elementos concretos que le pertenecieron. Le comento la escenografía de este día. Es una mañana de primavera. Llovizna y un viento frío nos hace pensar que el invierno aletargado no está dispuesto a abandonar el territorio. No importa, Ud. y yo ya elegimos nuestro próximo destino y no queremos perder una jornada en París con sus plazas enormes y diminutas, señoriales o austeras, históricas o románticas. Bien, a una de ellas nos dirigimos. ¿A cuál? Ya tendrá la respuesta. Como es normal tomamos el Metro. En cinco minutos descendemos en Plaza de la Bastilla. Restamos impactados, observamos la enorme columna con los nombres tallados de las víctimas. Tantas muertes justas o no, mientras la multitud enardecida entre alaridos y palabras buscaba justicia y pan. Un círculo en bronce rodea la columna es la superficie que ocupaba la cárcel, hoy un recuerdo tétrico, de un lugar donde se comenzó a construir los derechos humanos. Desde ese punto avanzamos 200 mts. (cinco minutos dicen los franceses que miden la distancia en tiempo) y arribamos a Place des Vosges a los que muchos consideran la más pintoresca de la ciudad. Su marca registrada no lo dan ni canteros de flores ni fuentes sino, el marco de edificios que la rodean por completo. La armonía clásica se ha conseguido con una sutil diversidad de detalles en los frontispicios, ventanas y arcos de las fachadas de ladrillos rojos. ¿Su biografía? Cuando Enrique III la hizo construir en 1605 en el sitio que ocupaba un mercado de caballos contaba con 36 casas y “pavillons” cada una con 4 arcos y 9 pavillons por lado. Con el transcurrir de los años se han ensanchado o estrechado según los propietarios. La Place des Vosges sigue siendo una de la zonas más lujosas de París y posee sus secretos bien custodiados. Ud. y yo buscamos una residencia especial, la Nº 6. Es la punta del hilo para conocer al protagonista que hoy nos convoca: Víctor Hugo -poeta, novelista, dramaturgo, crítico y político- la riqueza de su obra sigue impactándonos, 48 volúmenes traducidos a más de 50 idiomas y de los cuales se han vendido decenas de millones de ejemplares en todo el mundo.

INSPIRACION CRECIENTE
Nacido en 1802, el tercero de los hijos del General Léopold Hugo y de Sophie Trébuchet, Víctor fue un niño tan enfermizo que sus padres pensaron que pronto moriría. Sin embargo, luego compensó con creces sus endebles primeros años.
Al cumplir los 14 el muchacho era ya un prolífico poeta. Por si esto fuera poco en él la capacidad de trabajo iba aparejada con la agudeza de raciocinio… y ya estaba consciente de cuan alto podía volar. “Quiero llegar a ser un Chateaubriand, o nada”, escribió a los 15 años refiriéndose al escritor francés más importante de la época. A los 21 años era ya autor de cierta fama. Tras leer Hand de Islandia la primera novela que Hugo dio a la estampa, se desencadenó su inspiración. A una obra maestra siguió otra: la novela titulada Bug= Jargal, el drama en verso Cromwell que se estrenó un año después, los poemas Les Orientales, el drama en verso Marion Delorme y la novela El Último Día de un condenado a muerte. A sus 28 años Víctor Hugo escribió Nuestra Señora de París en sólo 6 meses, tras haber empleado 3 años en hacer investigaciones sobre La París medieval. Para obligarse a dar fin a esta épica novela guardó bajo llave toda su ropa, salvo un abrigo tejido que le llegaba a los tobillos. El poeta Alphons de Lamartine después de haber leído las aventuras de la bella Esmeralda y de Quasimodo, el jorobado escribió: “Esto es el Shakespeare en forma de novela, es la epopeya de la edad media”.
Treinta años después Hugo dio muestras de la misma energía al escribir “Los Miserables”, vastísimo fresco en el que denuncia la injusticia al relatar las desventuras de Jean Valjean, de la esposa y de su hija. Tanto era en aquel tiempo la fama del poeta que los jefes de Estado visitantes solicitaban conocerlo y le ofrecían disculpas por interrumpir su trabajo. Los libros, hijos de la inspiración de este genio, se vendían con tal rapidez que muchas ediciones puestas a la venta a las 8 de la mañana al mediodía ya se habían agotado.

POLIFACETICO
VICTOR HUGO
Si bien el genio literario de Víctor Hugo es indiscutible su personalidad estaba llena de contradicciones. “¿Víctor Hugo? ¿Cuál?” escribió Henri Guillemin. Algunos de sus retratos muestran a un hombre de exquisita elegancia, mientras que en otros aparece con la cabellera desaliñada, mal vestido. Víctor Hugo era un mujeriego insaciable. Enamorado profundamente de Adéle Foucher con quien se casó cuando contaba él 20 años. Escribió para ella algunos de los versos más bellos que un hombre haya dedicado a una mujer. No obstante a los 8 años de matrimonio se habían retirado a dormir en alcobas separadas. Víctor conoció luego a Juliette Drouet, una actriz a quien él describía así: “pálida, de ojos negros, joven, esbelta, deslumbrante”, y que sería su amante de toda la vida, Víctor le dedicaba poemas tan sublimes como los que había compuesto para su esposa. Las relaciones de Víctor y Juliette eran un secreto a voces: todo París estaba al tanto inclusive Adéle quien a su vez engañaba al escritor con el mejor amigo de ambos. Y pocos meses después de que Víctor iniciara su relación con Juliette alternándola con otras damiselas, lo sorprendieron cometiendo adulterio con una joven periodista y se armó un escándalo de proporciones. El paso de los años jamás aminoró su ardor. Aún en sus últimos días siguió anotando su buena suerte en un “diario especial” que escribía en español para no horrorizar a Juliette en caso que diera con él. La contradictoria actitud de Víctor Hugo respecto al dinero ilustra lo complejo de su desconcertante personalidad. A los 30 años ya era rico, pero insistía en que Adéle llevara un registro cuidadoso de sus gastos domésticos y todas las noches revisaba las cuentas. A Juliette quien se pasaba los días copiando los manuscritos del escritor, le exigió que justificara la compra de una caja de polvos dentríficos y en otra ocasión tuvo un arrebato de furia al ver a su amante con su nuevo delantal… que no era en realidad sino un chal viejo arreglado por ella. A pesar de lo dicho Víctor Hugo tuvo fama de ser uno de los hombres más generosos de su época. A los vecinos sin recursos les obsequiaba una cuna para el bebé, entre otros repartía carbón y carne y una vez por semana invitaba hasta a 40 chiquillos pobres a comer con él.

PRECIO DEL EXILIO
Si bien Víctor Hugo había sido monarquista apasionado entonces, ya se había convertido en verdadero paladín del republicanismo y a raíz del golpe de Estado de Luis Napoleón en diciembre de 1851 el poeta huyó de París para evitar que lo detuvieran y posiblemente lo fusilaran. Así comenzó su exilio de 19 años: el precio que Víctor Hugo tuvo que pagar por sus convicciones. El exilio de Hugo pasó primero en Bélgica, después en la isla de Jersey y por último Guernsey. Víctor compró su residencia en este último lugar pese a las objeciones de Adéle con la idea de que jamás volvería a su patria. El poeta escribía largas horas durante la mañana y por la tarde salía a caminar con Juliette que vivía en una casa cercana. Se pasaba las veladas jugando a los naipes con otros refugiados políticos. El poeta regresó a París el 5 de septiembre de 1870, un día después de instaurarse la Tercera República. El fin de su exilio fue una apoteosis. Había salido de Francia con el temor de ser reconocido, ahora sabía de millares de hombres y mujeres que estaban esperando su regreso. Al arribar el tren a la estación de París la muchedumbre comenzó a recitar versos de “Les Chatiments” (Los Castigos). Con ojos llenos de lágrimas Víctor Hugo declaró: “en sólo una hora me habéis compensado por 19 años de exilio”.

FINAL DE UN GENIO
 Al regresar del exilio ya en edad avanzada aquellos fueron también días de duelo. Su primogénito había muerto a tierna edad, su hija Lepoldine se había ahogado a los 19 años. Adéle, su esposa, había fallecido en 1868 y George, nieto del escritor, no tardó en seguirla. Sus dos hijos que le restaban, Charles y Francoi – Víctor fallecieron en el lapso de unos cuantos meses y a su hija Adèle única de sus cinco hijos sobrevivientes tuvieron que internarla en un psiquiátrico. “Si no creyera yo en la existencia del alma”, escribió Hugo, no viviría un minuto más”. Le quedaban Juliette y sus dos nietos, Jeanne y George. Sus nietos lo acompañaron durante las fiestas celebradas al cumplir Hugo 79 años, ocasión en que la Avenue de’ Eylau fue rebautizada Víctor Hugo, mientras varias orquestas tocaban la Marsellesa al pie de la ventana del escritor. El Primer Ministro y delegaciones de las principales ciudades de Francia acudieron a felicitarlo y al mismo tiempo 600.000 personas desfilaron frente a la residencia del gran maestro y político. El 21 de mayo de 1885, Víctor Hugo mandó llamar a sus nietos a su casa de París. El anciano los besó y les dijo “Sed felices, pensad en mí, amadme siempre”. El excelso poeta de Francia falleció al día siguiente. Sus últimas palabras fueron: “veo una luz negra” (contradictorio como siempre no vislumbró la luz blanca que afirman los que “volvieron” de su camino al más allá). Los funerales fueron grandiosos. Sus restos se velaron bajo el Arco de Triunfo y luego la multitud acompañó el féretro a su destino final: el Panteón donde descansan su sueño eterno los personajes más notables de Francia. Así se apagó su vida pero se agigantó su fama y comprobamos que a más de un siglo de su fallecimiento sigue inmutable porque Víctor Hugo continúa representando a un hombre de nuestro tiempo.

Autor: firma 1

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