Si se cumpliera el vaticinio de San Malaquías, el próximo Papa sería el último y junto con él vendría el fin del mundo.
Aunque no hay certeza absoluta de que este santo irlandés del siglo XXI sea el verdadero autor, se le atribuye haber profetizado la sucesión de 112 Papas, a contar desde su contemporáneo, Celestino II. Para referirse a cada uno de ellos utilizó un lema. Por ejemplo, para el número 111 de la lista, que correspondería a Benedicto XVI, la alegoría es “Gloria Olivae” (la gloria del olivo), que describiría sus esfuerzos por la paz durante la Primera Guerra Mundial y también sería una referencia (algo rebuscada creo yo) a una rama de los benedictinos.
La mencionada profecía asegura que el próximo (el 112 de la lista) será el último Papa y el mundo acabará durante su pontificado. Literalmente el texto dice: "En la persecución final de la Santa Iglesia Romana reinará Petrus Romanus, quien alimentará a su grey en medio de muchas tribulaciones. Después de esto la ciudad de las siete colinas será destruida y el temido juez juzgará a su pueblo. El Fin." (Por supuesto, la ciudad referida es Roma).
Actualmente la aldea global es muy propensa a conmocionarse ante los anuncios escatológicos. Lo comprobamos recientemente con las rimbombantes especulaciones en torno al calendario maya. No nos extrañemos si ahora -nuevamente gracias a internet y a la televisión sensacionalista- las palabras de San Malaquías empiezan a resonar una y otra vez hasta el hartazgo, en tanto el próximo Papa ejerza su gobierno. Por eso, para anticiparnos a los oleajes de emocionalidad que sobrevendrán, tengamos en cuenta que es posible objetar la confiabilidad de los supuestos aciertos de dicha profecía. Por un lado, los lemas pueden acomodarse para interpretarlos a conveniencia, así como sucede con las ambiguas sentencias de Nostradamus. Pero más importante aún es que no está claro si antes del enigmático Petrus habría otros Papas que San Malaquías no pudo describir (o sea posteriores al 111 y anteriores a Petrus).
Debido a que tantas veces se predijo en vano la llegada del fin de la humanidad, ahora, ante cualquier predicción apocalíptica, nobleza obliga a desconfiar. Claro que no está de más mantener la mente abierta, por las dudas esta vez sí lo sea. Nunca se sabe. Más aún, en estos tiempos tan convulsionados.