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El tranvía: aquella postal urbana

El tranvía fue durante un siglo, un elemento vital para el transporte urbano de pasajeros en nuestro país. Circuló por primera vez en Buenos Aires en el año 1863 aunque en realidad constituyó una prolongación del Ferrocarril del Norte que cubría el trayecto Plaza de Mayo-Retiro. Se trataba de vehículos tirados por caballos que funcionaron hasta 1897, año en que aparece el tranvía eléctrico. La ciudad de La Plata se anticipó a Buenos Aires y hacia 1892 ya los tenía funcionando.

Las empresas de transporte de pasajeros de los hermanos Julio y Federico Lacroze y la constituida por Agustín, Teófilo y Nicanor Méndez resultaron fundamentales para el desarrollo de este tipo de transporte urbano. En la época de la tracción a sangre, la primera de ellas denominada “Tranway Central” unía Plaza de Mayo con el Once (por Rivadavia) y la otra llamada “Tranway de la calle Cuyo” igualmente unía ambas zonas, pero por la paralela Sarmiento que en aquel entonces se llamaba Cuyo.

El 11 de junio de 1889, el gobierno municipal de Buenos Aires, dictó una ordenanza a fin de proteger a los animales. Abarcaba naturalmente a los caballos que tiraban de los tranvías: “queda prohibido golpear a un animal cualquiera por la cabeza o de una manera brutal, hacer trabajar bueyes, caballos o cualquier otro animal en un estado extremo de flacura. Conducir en los tranways mas pasajeros que los que señala el reglamento”… decía la ordenanza promulgada. Para los transgresores se imponían multas y en algunos casos prisión. 

El reemplazo de los tranvías a caballo fue realizado en forma paulatina y recién en 1905 entró definitivamente en los talleres de nueva Pompeya el último de ellos.

El servicio de tranvías eléctricos comenzó en Buenos Aires el 22 de abril de 1897 y estuvo vigente hasta el 26 de diciembre de 1962. El recorrido primigenio abarcaba el trayecto desde los galpones de la calle Ministro Inglés, luego denominada Canning y hoy Scalabrini Ortíz hasta la Plaza de los Portones (hoy Plaza Italia). Entre 1904-1906 se generalizó el servicio: la Cía. Anglo Argentina y Ciudad de Buenos Aires tuvo a su cargo las tareas de electrificación de los ramales. Hacia 1925 la red tranviaria de Buenos Aires era la más importante de América Latina y una de la más extensas del mundo: contaba con 900 kilómetros de vías, poseía 3.000 vehículos y empleaba a 14.060 personas. 

En Santa Fe se pone en marcha el servicio de tranvías a caballo el 3 de mayo de 1885 durante la intendencia de don Mariano Comas. Partía desde Rivadavia y Primera Junta hasta San Martín, recorría esta arteria hasta llegar a General López y luego por esta calle hasta la plaza de la Legislatura. Funcionaron hasta marzo de 1914, año en que comenzaron a hacerlo los tranvías eléctricos durante el gobierno de Don Manuel Menchaca y la intendencia de Don Miguel Parpal. El epílogo de este servicio ocurrió el 30/4/61. El tranvía ese día culminó su recorrido en la Estación Congreso (hoy desaparecida) en San Martín y Cándido Pujato.

La mayor tragedia tranviaria de nuestro país, se produjo en Buenos Aires cuando un vehículo que circulaba por la Boca, se precipitó al Riachuelo. Habían levantado un puente para que pasara una barcaza y el “motorman” como se les decía a los conductores, no lo advirtió a raíz de la espesa niebla. Fue el 12 de julio de 1930 y el accidente provocó 56 muertos.

La palabra tranvía deriva del inglés tranway (de tran, barra de hierro y way, camino o vía). En lunfardo es “bondi” acepción que luego se extendió a colectivos y ómnibus. Deriva del brasileño “bonde” que proviene a su vez del inglés “bond”; todo a causa de los bonos que para financiar la instalación y puesta en funcionamiento de los tranvías en Río de Janeiro, en 1876, emitió la Compañía Botánical Garden Rail Road. Los títulos o bonos tenían dibujado un tranvía.

Carlos de la Púa lo emplea en su poesía lunfarda Línea 9: “Era un bondi de línea requemada, con guarda batidor cara de rrope” (1). Al decir de línea requemada, el poeta nos está significando que era un servicio con mucha punga (2). El tranvía 9 partía desde Retiro y realizaba el recorrido hasta Pompeya. Obviamente era abordado por los desprevenidos provincianos que llegaban a Buenos Aires por aquella estación; es de imaginar el final. Lo dice el poeta: “era un boncha boleao, un chacarero, que se piyó aquel 9 en el Retiro, nunca vieron esparos y lanceros un gil a la acuarela más a tiro” (3).

Los tranvías eléctricos llevaban una campana para anunciar su paso, en cambio los de tracción a sangre, portaban una corneta. De allí los tangos “El cornetín del tranvía” (Armando Tagini) y “Cornetín” de Homero Manzi quien refiere a Roque Barullo, conductor de la empresa El Nacional… “y el cuerno listo al arrullo si hay percal en un zaguán”. Los conductores y guardas de estos vehículos estaban ataviados con trajes gris pizarra y los inspectores o “chanchos” como se los denominaba, lo hacían de riguroso traje azul marino, en cambio los de la línea Lacroze (recorría Chacarita - La Boca) ostentaban uniforme color verde, de allí que se la conociera como la línea de “los loros”.

Hay un tango que es un homenaje al tranvía: Lo compuso Francisco Canaro y se trata de un tango instrumental (sin poesía). Lo tituló Nueve puntos. Fue grabado por su orquesta y además por las de Di Sarli y Fresedo. Nueve puntos refiere a la velocidad máxima que desarrollaba el tranvía eléctrico (30 kilómetros la hora). El motorman operaba una manivela horizontal de izquierda a derecha sobre un tablero y a medida que la avanzaba, aumentaba la velocidad la cual se establecía por puntos: de 0 a 9.

Actualmente en Buenos Aires funciona la “Asociación Amigos del Tranvía”, la que tiene su asiento en lo que es el epicentro institucional de nuestro vehículo; el barrio de Caballito. En Emilio Mitre y José Bonifacio se encuentran los talleres originarios y en donde actualmente se guardan y reparan los coches del subte. Desde esa misma esquina (en diagonal) parte el servicio que la asociación pone en funcionamiento los días sábados y domingos con fines turísticos y recorre las calles del barrio. En Valle y Thompson funciona la Biblioteca del Tranvía. Está dedicada a los medios de transporte en general y al tranvía en particular y además funciona en la esquina de Valle y Emilio Mitre la panadería denominada “El Tranvía” luciendo en su frontis un cartel con un coche prolijamente pintado.

Por último digamos que este vehículo está emparentado con el delito: específicamente con la estafa exteriorizada en “El cuento del tío”: quien sabe a cuantos incautos alguna vez le habrán vendido un tranvía!!!

1) perro al revés o vesrre. 2) robo del bolsillo. 3) boncha boleao: pajuerano. Esparo: es el que distrae. Lancero: es el que roba del bolsillo y Gil a la acuarela: tonto.

Bibliog.: Las mejores letras de tango. Héctor Benedetti. Dicc. lunfardo A. Espíndola. Para conocernos. Luis Mino. Clarín 19/03/12. Eduardo Parise. Letras de tango Gobello. La crencha engrasada, C. de la Púa.

Autor: Pepe Marquínez (Sunchales)

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