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El Príncipe que cayó del cielo

“Todas las personas mayores fueron al principio niños. (Aunque pocas de ellas lo recuerdan)”, advierte Antoine de Saint-Exupéry en la introducción de “El Principito”, el libro que este mes cumple 70 años desde su aparición, y que ha sido traducido a 140 idiomas, siendo una de las historias más leídas alrededor del mundo.

“Las personas mayores”, continúa el autor, “nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones”.

¿Por qué la historia del “El Principito” gusta tanto? ¿Por qué el autor afirma que los adultos no recuerdan haber sido niños?


UN NIÑO DORMIDO

El personaje de esta novela es un niño que viaja de planeta en planeta. Un explorador del cielo, curioso, imaginativo, que valora la amistad, el buen humor, las buenas intenciones.

“La imaginación, la fantasía sin límites y la fuerza lúdica son sus rasgos centrales, los que poseen el poder de neutralizar las emociones negativas. El niño en edad preescolar (hasta los 6 años), aún no establece límites claros entre fantasía y realidad”, sostienen desde el campo de la medicina y la psicología.

Tal vez por ello muchas personas asocian el “ser infantil” a cierta incapacidad de asumir responsabilidades, sin embargo, la imaginación, la creatividad, la intuición, son aspectos innatos del ser humano que, conservados en la edad adulta, no impiden llevar a cabo las obligaciones, sino, por el contrario, permiten llevarlas a cabo con entusiasmo.

Luis Alberto Spinetta, en “Plegaria para un niño dormido”, canta:

“Se ríe el niño dormido/ quizás se sienta gorrión esta vez/ jugueteando inquieto en los jardines de un lugar/ que jamás despierto encontrará. Que nadie, nadie, despierte al niño/ déjenlo que siga soñando felicidad/ destruyendo trapos de lustrar/ alejándose de la maldad”.

Y si de tanto soñarlo, ¿empezamos a hacerlo, entre todos, realidad?


PARA LA SOCIEDAD

“Los niños y niñas de la actualidad presentan características comunes y únicas que nos obligan a un doble cambio”, afirma la profesora M. Violeta Beyeler Lasagna. “Por un lado inducen a los adultos que interactúan con ellos hacia profundos cambios; por otro lado, retan a la sociedad a dar un giro esencial en la educación, ya sea en el hogar, en el aula o en otros espacios”.

Si los niños no aceptan la imposición ni la autoridad, rechazan la manipulación, la inautenticidad y la deshonestidad, y tampoco aceptan los viejos trucos de la disciplina basados en crear temor y culpa, la crianza y los valores que se les transmitan, requiere de parte de padres y especialistas una revisión.

"A estos pequeños seres les gusta ser tratados y honrados como individuos. La crianza emocional debe basarse en la visibilidad y transparencia. No se les debe avergonzar ni culparlos, mentirles ni gritarles. Por el contrario, hay que preservarles la autoestima. Se les debe brindar la posibilidad de elegir y, al mismo tiempo, evitar la comparación. Otras características importantes para la crianza emocional de los infantes es estimular su excelencia, más no la competencia entre individuos. Y, además, involucrar el buen humor”.

“Adonde vas/ mil niños dormidos que no está entre bicicletas de cristal. Se ríe el niño dormido quizás se sienta gorrión esta vez...”. Que sean felices los niños, por ser niños. Inocentes de todo lo heredado.

Autor: María Florencia Forni

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