Carlos Gardel tuvo a su alrededor varios poetas que alcanzaron cumbres significativas en el Parnaso del tango argentino y sus letras. De todos ellos, quizás el máximo fue Alfredo Le Pera, quien lo acompañó en sus años de máximo esplendor cinematográfico y estuvo a su lado en el momento fatal de Medellín. Le Pera era brasileño de nacimiento, paulista para más datos, pero todo su desarrollo artístico tuvo lugar en Argentina, primero como crítico teatral, para continuar como autor de revistas musicales y finalmente como letrista de tangos que alcanzaron gran fama. Varias de sus obras fueron escritas en colaboración con figuras muy conocidas en el ambiente teatral porteño, como Antonio de Bassi y Manuel Sofovich.
Le Pera era hijo de inmigrantes italianos que, como tantos otros “paisanos”, decidieron radicarse finalmente en Buenos Aires, donde llegaron a comienzos de 1902. Sus años escolares los pasó en el Nacional “Mariano Moreno” y luego inició estudios de Medicina que abandonó al poco tiempo para dedicarse de lleno al periodismo, destacándose especialmente en “El Mundo”, uno de los diarios más importantes de principios del siglo pasado.
Su vinculación con la aún incipiente industria cinematográfica tuvo lugar en 1928, escribiendo los títulos sobreimpresos que traducían los diálogos en inglés de las películas importadas. En esa época realizó un viaje a Chile, donde se conocieron con Enrique Santos Discépolo, que estaba actuando en un teatro santiaguino, amistad de la cual nació uno de los tangos más hermosos, “Carillón de La Merced”, referido a un templo de la capital vecina que sigue siendo una pieza importante de todo repertorio, con una frase que aún hoy nos impacta “... y eché a rodar por el mundo mi afán de glorias y besos, y sólo traigo al regreso cansancio en el corazón....”.
Hacia fines de 1931 se radicó en París, siguiendo el camino de casi todos los artistas de aquellos tiempos para quienes la Ciudad Luz era la meca obligada para cualquier actividad artística que uno emprendiera. En esta etapa tuvo la oportunidad de vincularse con el Zorzal Criollo a mediados de 1932, llegando entonces a escribir el argumento de casi todas sus películas. “Melodía de arrabal” y “La casa es seria” en París, para continuar con “Cuesta abajo”, “El tango en Broadway”, “El día que me quieras” y “Tango Bar” en los Estados Unidos. No obstante, según Tomás Simari ("Mi historia la escribo yo”, página 51) la amistad de Le Pera con Gardel se inició en 1923, cuando el futuro poeta trabajaba en la venta de entradas en el Teatro de Verano y al mismo tiempo escribía letras de tangos con la intención de que llegaran a conocimiento de la principal artista de la obra, nada menos que Azucena Maizani, siendo Gardel un asiduo espectador y gran admirador de la “Ñata Gaucha”.
Los argumentos que Alfredo Le Pera escribió para el Zorzal lo convirtieron en un perfecto representante del arrabal porteño, canchero, simpático, sobrador, pero siempre leal con los amigos, tierno y entrador con las mujeres, lo que hoy denominaríamos como “play-boy”, una personificación que Homero Manzi criticó pero que fue recibida con gran beneplácito por todos los amantes del tango argentino. Estudiosos del tema coinciden en reconocer en las letras de Le Pera cierta similitud con la obra poética de Amado Nervo, una idea que podría mostrar ciertos visos de realidad si comparamos: “El día que me quieras no habrá más que armonías, será clara la aurora y alegre el manantial....”, con lo escrito por el inmortal mejicano “...El día que me quieras tendrá más luz que junio, la noche que me quieras será de plenilunio...”.
Lo destacable es que este hijo de italianos nacido en San Pablo, que creció en Buenos Aires para culminar su carrera en Nueva York y fallecer en Medellín, fue un fiel compañero de Carlos Gardel para quien escribió los mejores tangos musicalizados por el Zorzal, siendo además quien adaptara argumentos y libretos de sus películas más famosas, alcanzando una divulgación sin igual en todo el continente latinoamericano. Como dice José Gobello “... el lenguaje de Le Pera evidencia cierta modestia, a veces reiterativa, pero en numerosas ocasiones plantea una bella metáfora (“... un rayo misterioso hará nido en tu pelo”...) con un estilo literario que no muestra grietas.
Fueron 30 las piezas que compuso Le Pera, desde tangos y canciones hasta fox-trots y estilos camperos, en su gran mayoría junto a Gardel, las que aún hoy escuchamos con especial satisfacción, como “Volver”, “Sus ojos se cerraron”, “Amores de estudiante”, “Rubias de New York”, “Mi Buenos Aires querido”, “El día que me quieras”, “Por una cabeza”, “Cuesta abajo”, la sin igual “Silencio”, y así podríamos continuar citando éxitos realmente inolvidables que no faltan en la colección de todo amante de nuestro género musical más representativo.
Amigo y colaborador hasta el fin, fue quien escribió las letras cantadas por Gardel que aún hoy más se repiten, intervino en el guión de sus películas más famosas y terminó su vida junto a él en la trágica jornada de Medellín.