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El Papa León XIV celebra Pentecostés recordando que el Espíritu Santo “abre las puertas” de la Iglesia

El Papa celebró la Misa por Pentecostés hoy domingo 24.
Crédito: Daniel Ibañez EWTN News

Por Victoria Cardiel

CIUDAD DEL VATICANO, 24 (ACI PRENSA).-En el marco de la solemnidad de Pentecostés, que la Iglesia celebra hoy, domingo 24, el Papa León XIV aseguró que el don del Espíritu Santo es derramado como luz y fuerza sobre los miembros de la Iglesia y "abre las puertas” de la Iglesia.

Durante la Misa que celebró en la basílica de San Pedro, evocó el pasaje bíblico en el que los discípulos permanecían encerrados por miedo hasta la irrupción del Espíritu Santo, que llega como una ráfaga de viento e impulsa a la Iglesia naciente a salir al encuentro del mundo para anunciar a Cristo resucitado.

A partir de esta escena, León XIV articuló su homilía en torno a tres “puertas” que, según explicó, el Espíritu Santo abre en la vida de los creyentes.

En primer lugar, la puerta de Dios. El Papa destacó que el Espíritu introduce al creyente en el misterio divino revelado en Jesucristo y afirmó que “nos ayuda a tener una experiencia de Dios personal; a encontrarlo en Jesús y no sólo en la observancia de una ley”. En este sentido, subrayó la dimensión viva y relacional de la fe cristiana frente a cualquier reducción formalista.

En segundo lugar, se refirió a la puerta de la Iglesia. Recordando la experiencia del cenáculo en Pentecostés, advirtió que sin el impulso del Espíritu la comunidad cristiana corre el riesgo de quedar “prisionera del miedo, temerosa ante los desafíos del mundo, cerrada en sí misma” y sin capacidad para comprender los cambios de la historia.

En este contexto, y para enfatizar la vocación universal de la Iglesia, citó a su predecesor, el Papa Francisco, evocando su llamado a ser “una Iglesia que bendice y anima, una Iglesia con las puertas abiertas para todos”.

Asimismo, el Pontífice elevó una intensa súplica por el fin de los conflictos armados, sin aludir a ningún país concreto: "Queridos hermanos, con corazón ardiente, pidamos hoy que el espíritu del resucitado nos salve del mal de la guerra, que es vencida no por una superpotencia, sino por la omnipotencia del amor".

En la misma línea, el Santo Padre pidió también oraciones por la humanidad, subrayando que la verdadera liberación no procede de los recursos materiales: "libere a la humanidad de la miseria, que es rescatada no por una riqueza incalculable, sino por un don inextinguible".

Y añadió: "Pidámosle que nos sane del flagelo del pecado, para la redención anunciada a todos los pueblos en el nombre de Jesús".

León XIV aseguró también que es el propio Espíritu quien transforma interiormente al hombre, “ayudándonos a vencer las resistencias, los egoísmos, las desconfianzas y los prejuicios”. Gracias a esta acción interior —añadió— se hace posible construir relaciones auténticas y promover la fraternidad entre las personas y los pueblos.

“Necesitamos redescubrir a Dios como Padre que nos ama; edificar una Iglesia en donde todos se sientan en casa; y hacer crecer un mundo fraterno en el que reine la paz entre todos los pueblos”, afirmó el Papa.

León XIV concluyó encomendando a los fieles a la intercesión de la Virgen María, a quien describió como Morada del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia, poniendo bajo su protección el camino espiritual de los creyentes y el compromiso por una sociedad más justa y reconciliada.

Autor: 490724|

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