Por Victoria Cardiel
CIUDAD DEL VATICANO, 12 (ACI PRENSA).-Diplomático por obediencia, el arzobispo Miguel Maury, nuncio apostólico en Gran Bretaña desde 2023, acaba de publicar en español Fe, vida, diplomacia, un libro donde aborda su servicio diplomático en países como Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán, Rumanía o Moldavia.
Nacido en 1955, el diplomático español fue ordenado sacerdote en 1980. Hasta 1984, ocupó el puesto de vicario parroquial en Collado Villalba (Madrid). Después optó por la diplomacia, y tras formarse en la Pontificia Academia Eclesiástica de Roma entró en el Servicio Diplomático de la Santa Sede en 1987.
En esta entrevista, comparte su experiencia en Ruanda durante el genocidio y valora un posible viaje del Papa a Reino Unido y desmonta la creencia bastante extendida de que la diplomacia es el arte de la mentira y el disimulo.
1.Usted es nuncio en Gran Bretaña, pero no en el Reino Unido. ¿Puede explicar esto de forma sencilla?
A nivel político, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, como su propio nombre indica, abarca dos realidades geográficas distintas: la isla de Gran Bretaña, que comprende Inglaterra, Gales y Escocia, por una parte y por otra, el Ulster, que cubre la zona noreste de la isla de Irlanda.
A nivel eclesial sin embargo la configuración es diversa, ya que las diócesis católicas se encuentran agrupadas en tres Conferencias episcopales diferentes: Inglaterra y Gales, Escocia e Irlanda.
Esta última engloba a todas las circunscripciones eclesiásticas de la isla, independientemente de que se encuentren en la República o en el Reino Unido. Aún existen algunas, como por ejemplo la sede primacial de Armagh, cuyo territorio está dividido entre ambos Estados.
2.La misión de un nuncio no es como la de un embajador al uso. ¿Cuáles son los métodos y los fines de la diplomacia del Papa?
No me canso de repetir que la Santa Sede no tiene naranjas que vender ni petróleo que comprar.
La misma finalidad del Estado de la Ciudad del Vaticano es diferente a la de los otros Estados que, primariamente, deben asegurar el bienestar de sus ciudadanos, mientras que la razón de ser del Vaticano es la de garantizar la independencia del Papa, que es el único líder religioso mundial que no está sometido a ninguna autoridad política y, por consiguiente, es libre para anunciar el Evangelio.
La diplomacia de la Santa Sede prima la dimensión espiritual del ser humano concientizando a los diferentes protagonistas de la comunidad internacional de la necesidad y provecho de respetar y promover los derechos humanos a nivel individual y social.
Las embajadas y consulados de cada país intentan garantizar los derechos de sus ciudadanos en el extranjero. El caso de la Santa Sede es distinto, ya que los católicos que viven en los diferentes países son normalmente ciudadanos de esos mismos Estados, por lo que, al menos teóricamente, hay una confluencia de intereses.
3.¿Cómo negocia la Santa Sede?¿Cómo ejercen ese soft power los diplomáticos del Papa?
La Santa Sede negocia normalmente apelando a la conciencia humana con argumentos de razón y conveniencia, haciendo ver que va en el interés del interlocutor lo que se le pide. Y esto se hace siempre ajustándose al Evangelio, a la búsqueda del bien común y a los derechos humanos.
Hay buenos negocios en los que todos ganan y nadie pierde, pero hay que saber presentarlos.
La Santa Sede siempre prefiere llevar adelante las negociaciones de forma reservada por respeto a las partes implicadas, aunque a veces se sirva, sobre todo en los países democráticos, del apoyo de la opinión pública.
Hay que tener paciencia y, sobre todo, tratar de entender las verdaderas motivaciones de los interlocutores que, por lo general, buscan siempre un bien, aunque sea relativo.
4.¿Se está quedando un poco sola la Iglesia católica en el objetivo de buscar la paz y el bien para la entera sociedad?
No es la primera vez, recuerde el ambiente belicista que precedió el estallido de la Primera Guerra Mundial y las llamadas de Benedicto XV a evitar una masacre inútil, pero en no pocas ocasiones los árboles no dejan ver el bosque.
Los gobiernos en la mayoría de los casos tienen una agenda específica y el tiempo contado para desarrollarla, mientras que la Iglesia - se ha dicho - piensa en siglos.
La valoración del recurso a la guerra ha cambiado además a medida en que se han desarrollado armas cada vez más mortíferas.
En cualquier caso, los beneficios de las industrias de armamento y otros muchos intereses, ya que la guerra es un gran negocio, no permiten prever el abandono del recurso a la guerra para dirimir las controversias. Si bien toda guerra acaba siempre con un negociado diplomático, aunque solamente sea para rendirse.
5.¿Siempre quiso ser nuncio? ¿Cómo acabó al servicio de la diplomacia del Papa?
En absoluto, jamás se me pasó por la cabeza. Yo lo que quería era ser sacerdote para transmitir y alimentar la fe de mi gente en la parroquia.
De hecho, estuve cuatro felicísimos años como coadjutor en Collado-Villalba, a cuarenta kilómetros de Madrid, hasta que un día el entonces Cardenal arzobispo, D. Ángel Suquía, me llamó y me dijo: “El Papa me ha pedido un sacerdote joven para la academia diplomática y he pensado en ti”.
“Yo no hablo ningún idioma”, le respondí. “Eso se aprende - me replicó -. Tú vas, si ves que puedes seguir adelante…, pues adelante”.
Y así me he pasado toda la vida lejos de mi gente. A cambio de estos más de cuarenta años vividos fuera de España y que de alguna manera echo de menos, se me han ofrecido más vidas que a un gato, que dicen que tiene siete, en circunstancias y condiciones muy diferentes, pero siempre teniendo la seguridad de que es el Señor, en quien puse mi vida en sus manos, quien en definitiva ha trazado la ruta.
6.¿Se ha sentido alguna vez protagonista de la Historia?
Dicen que hay quien vive la historia, quien la escribe y quien la lee. Pues bien, yo he hecho las tres cosas.
La verdad es que es una cuestión que jamás me he planteado; algunas iniciativas mías han salvado muchas vidas, pero lo mejor que haya podido aportar permanece en secreto y es mejor que así sea, aunque algo saldrá cuando ya esté muerto entre los kilos de correspondencia diplomática producidos en todo este tiempo.
7.Empezó su servicio como nuncio diplomático en Ruanda. Llegó en un momento muy difícil cuando se estaban cumpliendo las masacres de Burundi y estuvo allí cuando estalló el genocidio. ¿Qué recuerda de aquella guerra? ¿Tuvo miedo de morir allí?
Inicié mi servicio diplomático en Kigali con 31 años y la verdad es que llegué a temer que alguna bala perdida pudiera alcanzarme, de hecho, aun conservo una que penetró en mi dormitorio en medio de la noche.
Ciertamente nadie pretendía matarnos, pero la impericia de los combatientes era manifiesta. Que yo sepa, aparte de algunos europeos que se habían casado con mujeres de etnia tutsi y que fueron a por ellos durante el genocidio, sólo una anciana religiosa francesa y una voluntaria italiana cayeron víctimas de esas balas perdidas.
No olvidemos que la mayoría de las víctimas de ambos bandos murieron a machetazos, es decir, se sabía perfectamente a quién se eliminaba.
Las guerras civiles son las más atroces, porque es el odio quien las mueve, aunque sean muchas veces los intereses externos los que las provoquen y alimenten.
8.Acaba de publicar Fe, vida, diplomacia, un libro donde aborda su servicio en países como Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán, países de minoría católica. ¿Qué aprendió y qué le dejó huella de esos territorios tan distintos a lo que conocemos en Occidente?
Descubrí la gran humanidad de esos pueblos y los efectos devastadores en sus almas de setenta años de régimen comunista y ateo. La mayoría musulmana y millones de ortodoxos rusos abandonaron su fe, mientras que la minoría católica la mantuvo, a pesar de estar privados del apoyo de sacerdotes al menos durante veinte años, gracias al rezo cotidiano del rosario en familia.
Otra cosa que me impactó favorablemente fue constatar las ganas de aprender y de ser útiles a la sociedad de las nuevas generaciones, libres ya del terror bajo el que vivieron sus padres, lo que contrasta con la abulia y egoísmo de buena parte de la juventud occidental.
Cuando el Papa Benedicto XVI me envió como su representante en esos países le pedí algunos consejos para la misión que me encomendaba. “Vaya - me dijo - a los lugares remotos donde no haya ido ninguno de sus predecesores y lléveles la bendición del Papa”.
Lo hice, como después he seguido haciéndolo en los países a los que me ha mandado sucesivamente el Papa Francisco.
Aparte de la alegría que uno brinda a esas gentes con tales - a veces incómodos y arriesgados - viajes, se obtiene una visión libre de condicionamientos y prejuicios sobre el terreno, que puede iluminar a los despachos de la Roma curial.
9.¿Nos puede compartir alguna curiosidad de ese trabajo silencioso que ustedes, los nuncios, realizan construyendo redes de diálogo y puentes, incluso con personas de otras religiones o que se definen como aconfesionales?
Mire, yo soy locuaz, pero no indiscreto. Cada maestrillo tiene su librillo, dice un popular refrán español. Ese trabajo silencioso al que se refiere varía según los protagonistas y las circunstancias.
Hay, sin embargo, unas constantes como son la escucha atenta, incluyendo lo que no se dice pero que se entiende, la paciencia, el ponerse en el lugar del otro para percibir sus condicionamientos y tratar de ayudarle.
Yo he optado siempre por ser fiel a la verdad. A veces hay que callar, pero mentir nunca. Ya que quiere una curiosidad, se la brindo, pero de la que fui testigo, no protagonista.
Durante mi servicio como secretario de la nunciatura apostólica en Uganda al inicio de los años noventa, el flagelo del SIDA se había ido extendiendo vertiginosamente por todo el país y las ayudas de las organizaciones internacionales que llegaban no bastaban para combatirlo.
Los hospitales y dispensarios tenían a los moribundos en los pasillos ya que no había suficientes camas, normalmente ocupadas por dos o incluso tres personas. El nuncio, Mons. Luis Robles Díaz, había logrado crear un conspicuo “fondo libre”, término con el que se designaba al fondo de libre disposición que en aquellos tiempos tenían, y hoy ya no tienen, las representaciones pontificias.
Tal fondo ascendía a más de ochenta mil dólares americanos de la época. Siendo el distrito de Rakai el más afectado por el síndrome, con decenas de millares de huérfanos, el nuncio me propuso destinarlo íntegramente a socorrer a los supervivientes independientemente de su afiliación religiosa, presentándolo como un donativo del Papa.
Le manifesté mi completo acuerdo, ante lo que me dijo: hagámoslo, pero no informemos al Vaticano, no vayan a pensar que lo hacemos para dar buena impresión.
Pocos meses después llegó a Kampala San Juan Pablo II en visita apostólica; la bodega de su avión venía cargada con más de dos toneladas de medicamentos, que consignó al nuncio para que se distribuyeran entre los dispensarios más necesitados.
10.También estuvo casi ocho años en Rumanía y en la República de Moldavia. ¿Qué destacaría de esa etapa?
Destacaría el neto mejoramiento de las relaciones con la Iglesia Ortodoxa Rumana y en particular con el Patriarca Daniel, la cobertura de todas las sedes episcopales, la restitución de bastantes bienes eclesiásticos nacionalizados por el régimen comunista, la restauración de la sede de la nunciatura apostólica y la visita pastoral del Papa Francisco.
El libro al que se ha referido Fe, vida, diplomacia recoge parte de mis felices ocho años en ese país.
Ahora en Londres, sigo en contacto con la numerosa colonia rumana, que me ha ayudado en distintos momentos, como hice yo en su día con algunos de sus miembros.
Acerca de Moldavia, diría que el viaje del Secretario de Estado, el Cardenal Pietro Parolin, que incluyó una visita pastoral a Tiraspol en Transnistria, junto con las ayudas obtenidas para la acogida de los desplazados ucranianos a causa del conflicto armado todavía en curso, representan dos momentos destacados de mi servicio allí.
11.Tengo entendido que el libro que presentó en junio en español fue escrito originalmente en rumano y es una entrevista que le hace la diplomática y literata Diana Turconi: 111 preguntas sobre la fe, la vida y lo que es la diplomacia de la Santa Sede. ¿Cree que desmonta algún mito sobre la figura del nuncio apostólico?
La primera edición que apareció fue la rumana, aunque la original - también ya publicada – fue en italiano.
No ha sido mi intención demoler ningún mito, pero el mismo hecho de responder con sinceridad a todas las preguntas, puede ayudar a desmontar la creencia bastante extendida de que la diplomacia es el arte de la mentira y el disimulo.
De todas formas, hay muchas maneras de ser nuncio. Mi tío Ignacio, jesuita que cumplió 100 años el verano pasado, me pidió cuando ingresé en el servicio diplomático que no fuera como algunos nuncios que él había conocido y que siempre daban la callada como respuesta.
Me he aplicado el cuento y he tratado de contestar siempre dentro de lo posible. El libro, además, aunque inevitablemente tenga bastantes referencias autobiográficas, responde a todas las preguntas formuladas por la Sra. Turconi sobre temas de innegable interés, como puedan ser por ejemplo el motivo fundamental por el que el Papa Benedicto XVI renunció al ejercicio del ministerio petrino.
12.Habrá aspectos que no puede contar de su trabajo al servicio de la diplomacia del Papa. ¿Qué es lo más difícil de su trabajo?
Ciertamente muchas cosas importantes y, por qué no decirlo, sabrosas, no se pueden contar por respeto a las personas y al oficio. Lo más difícil probablemente sea desarraigarse, dejar familia y amigos, renunciar a uno mismo en la administración del propio tiempo, no perder nunca la compostura, obedecer siempre, aunque algunas decisiones de arriba no convenzan, adaptarse a las circunstancias, climas y culturas a los que uno es enviado, en fin, hay muchas cosas difíciles, pero que vienen compensadas de una u otra forma.
13.El Papa acaba de viajar a España. No sé si ha podido seguir el viaje. Creo que usted trabajó en la preparación de la visita del Papa Francisco a Rumanía. ¿Podría decirme cómo se preparan estas visitas para que el mensaje del Papa cale a largo plazo?
He seguido el viaje a través de la televisión española y he comprobado cómo el entusiasmo del pueblo español por el Papa permanece inamovible a pesar de los cambios sociales.
He tenido el honor de trabajar en la preparación de cinco viajes apostólicos de San Juan Pablo II: Ruanda, Uganda, Nicaragua, Egipto y Eslovenia y he recibido efectivamente al Papa Francisco en Rumanía.
Sobre la preparación de los viajes hay que distinguir diferentes niveles: programa, logística, mensaje…
Últimamente la excesiva insistencia en los aspectos que se refieren a la seguridad está alejando indeseablemente de los fieles la persona del Pontífice.
Acerca del calado de su mensaje, depende en buena parte de que responda a las expectativas y al momento histórico que atraviesan los países visitados. Normalmente es la Iglesia local la que le propone al Papa el lema y las temáticas del viaje, aunque evidentemente sea él quien tenga la última palabra.
14.¿Cómo valora una posible visita apostólica a Inglaterra?
Como probable, deseable y me atrevería a decir, ineludible. Probable, porque el rey Carlos III realizó una visita de Estado al Vaticano el año pasado y es lógico que ahora el Reino Unido invite al Papa León XIV para que la devuelva.
Deseable, porque es único Papa de lengua inglesa en más de ocho siglos, por lo que la acogida será extraordinaria y su mensaje amplificado en los numerosos países de lengua inglesa, especialmente en el suyo natal.
Ineludible, porque también los Obispos ingleses y escoceses esperan que la visita del Papa relance el anuncio de la fe en una de las sociedades más secularizadas de Europa, pero que se encuentra en un tiempo, diría yo, de gracia, ya que el vacío espiritual de las últimas décadas está dando paso a un silencioso revival cristiano entre las nuevas generaciones, la practica religiosa está aumentando entre los católicos, gracias en parte a los millares de emigrantes o hijos de ellos que están revitalizando e incrementando numéricamente las comunidades parroquiales.
En fin, porque todo indica que el pontificado de León XIV está llamado a despertar las conciencias de Occidente como el de San Juan Pablo II fue un revulsivo en su momento para las de Oriente, de manera que la Iglesia pueda respirar plenamente con sus dos pulmones.