Con esta entrega proseguimos ofreciendo detalles de Umbría.
PERFIL DE UNA CIUDAD
Cuando nos encontrábamos rumbo hacia el ansiado destino, me pregunté qué podría significar habitar en una ciudad donde se registra la mayor concentración religiosa, después del Vaticano -casi 1000 personas entre sacerdotes y monjas- en apenas 2 km². ¿Cuáles serían los efectos colaterales de la devoción en una dosis tan alta… y qué sucedería con la propia fe? Cuando “esta” se vende diariamente al por menor en forma de souvenirs, crucifijos, imágenes del “Poverello”. Previo a la llegada comienzo a percibir una sensación desconocida, una especie de mariposas que revolotean en el cerebro, despertando la memoria… Resulta difícil librarse de la sugestión que emana de ciertos nombres como si algunos lugares condicionaran a sus moradores y visitantes.
El bus y los que conforman el grupo de peregrinos, acabamos el “viaje terrenal” justo al mediodía, recibiendo una agradable sorpresa: el repicar -no estereofónico- de las campanas de una treintena de iglesias. A esta hora, reflejada por las piedras blancas y rosas de las construcciones de Asís, la luz se torna dorada casi irreal, mientras en el cielo azul intenso, similar a un cuadro “naif”, aletean bandadas de pájaros que semejan ser absorbidos y luego lanzados violentamente al espacio, por ráfagas de aire… Me dan ganas de caminar. A Ud. ¿también? Adelante, entonces. Teniendo presente que Asís, significa para católicos o no, un sitio Santo. Para los fieles nos atrae, impactante, San Francisco y su atormentada existencia. Para quienes no lo son, esta ciudad se halla impregnada por una sensación de paz, de espiritualidad, de misticismo de masas, o tal vez sea sólo por conocer el “simple hecho histórico del Poverello”, quizá por los olivos de las calles o el fantástico paisaje de colinas y valles de distintos tonos de verde.
La cuestión es que seguimos avanzando por las calles limpias, entre muros de piedra que deslumbran por su blancura, y yo me sigo preguntando ¿Qué es lo que me llama la atención? ¿Dónde está lo insólito, lo bizarro?. Conclusión: Luego de pasar revista a lo que me rodea, me doy cuenta que falta la publicidad: no hay carteles ni manifestantes con panfletos ni desmesuradas propagandas. No hay nada, sólo calma, silencio, o respeto, aunque las calles estén llenas de gente… que mira y que quizá no entienda demasiado, pero disfruta igual. La emoción de los caminantes comienza de esa manera, como si un sabio director de orquesta creara y comandara el sortilegio. Más tarde, ya rumbo a la Basílica echo un vistazo a los talleres de cerámica, de objetos tallados en madera. Los locales muestran sus techos abovedados y solemnes, hasta el de un pequeño negocito de souvenirs, en el cual su dueña corre el riesgo de morir asfixiada entre carpetitas tejidas en “punto Asís”, estatuillas sacras y paganas, banderines, ceniceros… y lapiceras en las que graban el nombre (un recuerdo escrito de una visita mística) del peregrino, turista o del rango que posea.
LA BASILICA
Un camino ascendente nos conduce a ella. Es grandiosa, imponente… sublime la basílica consta en realidad de dos iglesias, una encima de la otra. La entrada de la iglesia baja, de estilo románico, está situada debajo de un contrafuerte al sur de la iglesia alta, en su mayor parte de estilo gótico. ¿Desea enterarse de algunas fechas claves en su construcción?. La inicia Fray Elías de la Orden de los Frailes Menores en 1230, año en que fueron transferidos los restos del Poverello. En 1239 se termina la Basílica Superior y en 1253 el entero complejo. En silencio avanzo por la nave superior. Cientos de cirios hacen temblar sus llamas en honor al Santo… y quizás, también, en agradecimiento a los pintores que se dieron cita para crear los frescos que la engalanan: Giotto, Cimabue, Lorenzetti, Simone Martini. Quiero resaltar a Giotto, quien realiza su tarea, impulsado por un propósito y un espíritu renovador, estableciendo por primera vez una correspondencia entre la figura humana, la perspectiva y la arquitectura. El artista es una excepción de su tiempo. El sentimiento burgués se manifiesta en la organización de sus pinturas, en la plasticidad de los colores con que representa en 28 frescos con escenas de la vida del “Poverello”, convirtiendo la Basílica Superior en un monumento fuera de serie hacia el 1200 y un tesoro para la posteridad. Luego, lentamente nos dirigimos a la Basílica Inferior, la nave única, con un amplio crucero, rodeada de capillas del siglo XIII. Son ellas las de Santa Caterina, de San Nicolás y de San Juan Bautista, de María Magdalena.
Apenas se entra, a la izquierda, en la capilla de San Sebastián, se pueden visitar los distintos recuerdos de Francisco entre los cuales hubo dos que me impactaron profundamente: el sayo y las sandalias del Poverello. En la mitad de la nave se encuentra la cripta con los restos de San Francisco rodeada por cuatro compañeros de la Orden. La tumba es una urna de piedra aprisionada por rejas de hierro forjado. Las tinieblas invaden el lugar. No veo los soportes cargados de cirios que difunden en otras iglesias un líquido resplandor. Las velas están aquí apagadas, apiladas en el cofre de las ofrendas. La penumbra me oprime, no puedo evitar preguntarme porqué se “traicionó” con este lúgubre entorno la serena, casi alegre, espera de la muerte por parte de San Francisco como se desprende de su última carta a Donna Jacopa: “si no vienes antes del sábado no me encontrarás vivo, te ruego traigas contigo un paño para envolver mi cuerpo y los dulces que me dabas cuando estaba enfermo en Roma”. Asís se destaca por sus iglesias, cada una tiene su historia, ligada al Poverello. En San Damiano se reunió con sus primeros compañeros, sintió la voz del Cristo del Crucifijo y se cree que compuso el Cántico de las Criaturas. En las Porciuncula o Santa María de los Angeles así nombrada por poseer, según la tradición, una reliquia del sepulcro de la Virgen, y escucharse sobre todo durante las horas nocturnas cantos y música de ángeles. El 3 de octubre de 1226, -en una cabaña vecina- murió Francisco. Se encuentra en este lugar la Cappella delle Rose, sitio amado por el Poverello. Para proteger estos lugares fue construida la Basílica de Santa María degli Angeli. El interior es majestuoso pero la vista del visitante se detiene en la simple capillita que eligió Francisco.
En un jardín al lado de la Basílica está el Roseto. Allí San Francisco se lanzó desnudo para escapar de la tentación del Diablo, lastimándose el cuerpo con las espinas. Estas rosas las perdieron totalmente y sus hojas están cubiertas de manchitas rojas. Mientras me alejo emocionada de la Basílica pienso en San Fransisco, en su existencia de pobreza, renunciamiento y oración. Recuerdo su poema: “El Cántico de las Criaturas o del Hermano Sol”: una alabanza de todos los seres hermanados en el amor cristiano hacia su creador. Reflexiono sobre nuestra absoluta dependencia de El, siendo consciente de que cada cosa está en sus manos y en su voluntad. Agradecida y conmovida por las experiencias vividas suspirando… me marché.