Por Miguel Angel Inza. - La ocupación del espacio pampeano fue una de las preocupaciones centrales del Estado argentino en la segunda mitad del siglo XIX. Grandes extensiones de tierras, con una riqueza potencial en su suelo y una ocupación poblacional escasa, fueron unos de los grandes desafíos para los conductores de una Argentina en plena transformación.
La fuerza de la expansión del capitalismo industrialista, en su segunda fase, no le es ajena a nuestros ideólogos del crecimiento económico y desde Juan Bautista Alberdi hasta el entusiasta santafesino Nicasio Oroño comprendieron que el poblamiento acelerado era la única solución para reactivar la economía de un país en crecimiento.
Superados los tiempos militares del enfrentamiento con el indio, el impulso de la inmigración extranjera y el desarrollo de la red ferroviaria constituyeron prioridades insoslayables para los gobiernos nacionales y provinciales. Una política de colonización dirigida inicialmente por particulares, y luego por el propio Estado, tuvieron un éxito arrollador. La región central santafesina, con la pionera colonia Esperanza (1856) , abriría un difícil camino “con 72 familias de alemanes, franceses, suizos y vascos”, según referencia del médico Thomas Hutchinson (1), representante del gobierno inglés en Rosario. Pero, informa que no todo fue como se esperaba: “ en los primeros cuatro años sufrieron horriblemente por la seca y la langosta, que destruyó sus sementeras”. Pese a ello, ya nada detendría el avance, seguirían las nuevas colonias de Humboldt, Pilar, Nuevo Torino, Rafaela, Lehmann y Aurelia, entre tantas otras. El crecimiento y ocupación del centro-oeste se tornó imparable (2).
Desde Esperanza, el suizo-alemán Guillermo Lehmann (1840-1886), interesado en el negocio de tierras, propuso a sus socios, Carlos Saguier, Félix Egusquiza y al futuro presidente de la Nación, Manuel Quintana, firmar un convenio privado de colonización del cual surgió para 1881, la colonia Rafaela. Será en honor a las esposas de los dos últimos, las hermanas Rafaela y Susana Rodríguez respectivamente, de donde salieron los nombres de dos futuras colonias.
Pronto, llegaron los primeros 63 pobladores , todos de origen europeo, para poblar a la incipiente Rafaela. Para 1887, ya tenía 1.786 habitantes y desde entonces la llegada de italianos, españoles, suizo-alemanes y también nativos, se transformó en un flujo cada vez más intenso (3). El pasaje de la categoría de colonia (1881-1885), a pueblo (1885-1912) y finalmente a ciudad (1913) se desarrolló sin mayores sobresaltos.
El ferrocarril, eje ordenador del progreso en el interior del país, cumplió un rol destacado. Nuestra privilegiada ubicación, en el cruce de las diferentes empresas, potenció un desarrollo que aún no ha concluido. Agricultores, masones, comerciantes, educadores, empleados y mujeres de coraje, hicieron el resto.
Somos una región con trayectoria, una ciudad de esfuerzos compartidos, un territorio de logros y amarguras. Honremos nuestro pasado, resaltemos nuestra historia, es tiempo de festejos en este nuevo aniversario.
El autor es profesor de la sección Historia, Instituto Superior del Profesorado Nº 2 “Dr Joaquín V. González.
FUENTES
(1) Hutchinson, Thomas. “Buenos Aires y otras provincias argentinas”. Buenos Aires, Huarpe, 1945.
(2) Gallo, Ezequiel (h). “Notas sobre el surgimiento de Villas y Centros Urbanos en la campaña de Santa Fe (Argentina, 1870-1895)” . México, Siglo XXI, 1982.
(3) Vincenti, María Inés.“Notas para la historia demográfica de Rafaela”. Rafaela, Rivis, 1988.