Proseguimos, en esta edición, visitando los diversos sitios de Umbria, región que nos sorprende con su variedad de paisajes y su magnífica cantidad de especies arbóreas las que son un signo distintivo en toda la zona.
ALTA FIDELIDAD
Lo invito a conocer algunas señas particulares de esta Umbria tan magnífica que exhalando misticismo y bellezas artísticas al por mayor asombra a propios y extraños. Perugia -su capital- posee una gran ciudad Universitaria. Desarrolla su actividad entre las sólidas construcciones etruscas o romanas y la austeridad de los edificios medievales. Acoge además importantes museos y fábricas muy activas. Una ciudad donde el pasado es estudiado, admirado… y hasta revivido en sus tradiciones. Asís, la cuna del movimiento Franciscano, quien tuvo tanta influencia sobre la cultura y el arte peninsular es hoy meta obligada de imponentes ómnibus repletos de turistas de todo el mundo, los mismos que al finalizar la visita a la célebre Basílica y disfrutar las pinturas -los frescos- sobre la vida del Santo realizados por Giotto y Cimabue… invaden los negocios de souvenires para adquirir una imagen del “Poverello” y así, será eternamente… la historia, el arte, los recorridos y especialmente los sufrimientos de Asís serán arrastrados por la figura del Santo: en la pobreza de sus escasas vestimentas, en la austeridad de sus costumbres, en su fe tan intensa en el renunciamiento en las huellas de sus principios (hoy hechos santuarios) de su vida. Muy interesante es la ciudad de Espoleto, de orígenes remotos, la cual presenta testimonios de época romana: un anfiteatro y un puente con arcadas denominado “El Sanguinario” por las innumerables ejecuciones y enfrentamientos de los que fue testigo. La población es también, sede desde 1958 de una manifestación internacional de música, teatro e intercambio de las culturas italiana, americana y europea, llamado “Festival de los dos mundos”. La próxima parada es Terni. El 14 de febrero los Enamorados visitan la Basílica donde se encuentran las reliquias de San Valentín, intercambiando promesas y alianzas. Sin embargo Terni nos ofrece además un fenómeno natural y mecánico. ¿De qué hablo? Nada menos que de la cascada “Delle Marmore”, con un salto de 160 metros. Es un espectáculo tan singular que nos obliga a pensar por cuántos minutos u horas tendremos la ocasión de gozarlo, ya que la industria con el fin de aprovechar la fuerza hidráulica, ha tomado parte de las aguas del Velino -río que la alimenta- y su caudal tiene un ritmo irregular que no corresponde obviamente a la “alineación de los astros”. Sólo los domingos, cuando el gran complejo mecánico-siderúrgico de Terni reposa y las chimeneas de sus fábricas cesan de lanzar humo, entonces las aguas recobran su furia y permiten entre nubes de espuma blanca admirar el espectáculo en toda su magnitud.
TIERRA LEGENDARIA
Estimado lector, ni bien podemos continuar el itinerario nos topamos con Orvieto, poseedor de una de las más hermosas catedrales góticas de Italia, rica en frescos mosaicos y esculturas. Todavía impactados por el cúmulo de arte y belleza, el bus comienza a recorrer un ondulante camino de cornisa. Arribamos así a Gubbio. Lo descubrimos finalmente en el fondo del valle; semeja un destello blanco entre bosques de cipreses y pinos debido a los palacios, todo ante nuestros ojos, una tras otra las legendarias poblaciones medievales enclavadas entre montañas que emanan un aire puro, fresco y hasta místico. Usted no se ha preguntado quizá -porque yo sí- ¿es este el modo de descubrir la esencia de la región, su verdadera naturaleza? Por supuesto depende que si Ud. durante un tramo del trayecto (mejor la totalidad) desempeña el papel del poeta o del caminante. Si amara el silencio, si buscara más las raíces que los frutos. Para lograrlo le aseguro que hay que obviar los folletos super resumidos y transformarse en explorador: abandonar los valles vibrantes de sonidos e imágenes publicitarias y aventurarse por los caminos de montaña. No importa cuál. No hay necesidad de tener una meta… porque apenas se empieza a transitar los senderos, Umbria, deja caer su máscara y el maravilloso rostro secular se revela intacto a través de su sonriente severidad. Por supuesto no detectaremos los pintorescos pueblecitos de la Toscana ni las propiedades agrícolas de la Emilia Romagna. Las poblaciones quemadas por el sol y el viento no están allí sólo para recibirnos sino para inducir al viajero al silencio y a la meditación. Los bosques no están habitados por brujas o hadas de fábula como las que “abundan” en la foresta de Lombardía o Piemonte, por el contrario, son místicas presencias ya, que en esos umbrosos lugares, nacieron: Santa Rita de Cascia, Santa Clara y San Francisco de Asís, San Benedetto de Norcia y muchos otros seres cargados de fe y de virtud. Esta Umbria misteriosa jamás será meta de excursionistas pero continuará desempeñando el rol de un laberinto donde el hombre puede tratar de reencontrarse… Por lo dicho es comprensible que los habitantes frente al turista ansioso por recorrerla a la velocidad del sonido, los atiendan con gentileza, los envíen con una guía de bolsillo a Perugia, Asís o Spoleto, donde seguramente encontrarán hospitalidad y se deleitarán ante las bellezas panorámicas y culturales… pero se cuidan muy bien de revelarles los secretos de montaña que reconocen y aman, aquellos que constituyen los caminos secretos para llegar al corazón verde de Italia. Umbria es en sí toda una propiedad privada, cada ser puede apropiarse de ella y quererla con un amor celoso y posesivo. Por lo tanto para conocer Umbria, uno debe primero conquistarla, hacerla suya y mantenerla viva en la memoria… Al turista distraído Umbria apenas le revela su rostro, al viajero sensible, le concede su alma…