LUCHA DE PODERES
Fueron los Fatimidi quienes la fundaron con el nombre que hoy lleva con orgullo. Era el 5 de agosto del 969. El General Gohar la había perimetrado con cuerdas y campanitas. En el día establecido porque era favorable astronómicamente, las campanas sonaron todas al mismo tiempo y se inició a excavar los cimientos del perímetro murario. Esta historia fue difundida por los cronistas del tiempo, pero luego para arribar hasta hoy es una secuencia sin fin de seculares encuentros y de conquistas que llevaron al final, los mamelucos a ser vencidos por los Ottomanos. Fueron estos últimos a dar al Cairo una forma de gobierno, confiando el poder a Mehmet Ali. Egipto así se convertirá en una monarquía ficticia cuyo último rey Faruk famoso en las crónicas de “la dolce vita romana” fue fácilmente depuesto del golpe de estado de los libres Oficiales y por el fundador de Egipto moderno, Gamal Abdel Nasser, el 26 de julio de 1952. Famoso por el juego y por sus cigarros cubanos, este rey play boy tornó a su patria al morir. Un funeral pacífico y digno que tuvo su lógico final en la “ciudad de los muertos”.
UN LUGAR SINGULAR
La mencionada conclusión histórica de Faruk abre camino a la tentativa de visitar El Cairo partiendo exactamente de la “Ciudad de los Muertos”, increíble lugar no parangonable con ningún otro en el mundo “Una ciudad en la ciudad” constituida de más cementerios y de un laberinto de casas y cabañas, con un millón de personas que la habitan, abusivas pero toleradas al punto de tener luces, cloacas y calles. Un millón de personas conviven con familiares indigentes, famosos pascia, literatos, músicos. Potentes y desconocidos todos sepultados en una Kasbah de 12 km…
Existen calles que lo atraviesan, carriles que lo dibujan e impulsan a velocidades, después pasajes en los cuales es difícil no perderse. Aquí todos dicen que se convive pacíficamente con los parientes difuntos y con los desconocidos bajo tierra. De noche esta ciudad, se enciende de luces que no son fuegos de artificio pero señales de una vida que corre tras los sonidos de “penie” árabe- (le comento: es un canto lúgubre con acompañamiento de flautas, durante las sepulturas. Equivale a una canción monótona o a una aburrida conversación interminable) y las voces grandilocuentes de programas de TV satelital. La idea de visitar El Cairo ha partido del punto ciertamente menos usual, pero si se ama esta ciudad, si se desea conocerla no hay un modo mejor que entrar y salir de lugares de turismo más vistos para mezclarse a la verdadera vida de los habitantes, aquellos que aman fumar el maghilé (le comento en que consiste: es una pipa oriental constituida con agua y dos tubos, uno rígido con un mechero para quemar las hojas de tabaco y otro flexible con una boquilla para aspirar el humo que pasa a través del agua).
EL DERVICI
Desde el siglo XVI a la primera mitad del 900, la capital egipcia hospedó una comunidad de Dervici y fue el principal centro de irradiación de la doctrina de las enseñanzas del místico Afgano Jalal al Din Rumi. El Dhikr, la famosa danza de los Dervici que con amplias polleras y descalzos rotan sin parar, es un rito que se perpetúa sobre todo en las escuelas coránicas. La dirección más clásica para asistir a esta danza y música es “Al-Ghouri Palace" que cada sábado, lunes y miércoles por la noche se transforma en Sama Khana (teatro para escuchar el Cosmo) renovando la magia de Dhikr. Se cambia totalmente el escenario y la atmósfera en minicruceros sobre los cuales puntualmente cada noche se organizan espectáculos de danza del vientre. El Cairo posee un centro modernísimo, un subterráneo espléndido por limpieza y puntualidad. La ciudad es el punto de llegada y de partida de las naves hacia Luxor, Tebas, Aswan. Millones de turistas bajo un sol abrasador resultan avasallantes durante todo el año. Hay una ayuda importante, los tiempos son regulados al milésimo, si no se cumplen el riesgo es un embotellamiento alucinante.
Puede elegir las embarcaciones que en la ciudad sirven también para huir del caos y poder visitar la vieja Cairo.