A partir de la edad republicana y durante todo el período imperial, la arquitectura romana adquiere poco a poco conciencia de su propia fuerza y magnifica originalidad.
Construcciones civiles: Observando todo de lo que ha quedado de las construcciones de interés público, hasta el primer imperio, asistimos al progresivo afirmarse de una arquitectura soberbia, con tales caracteres de equilibrio, de solidez y de práctica funcionalidad, que la hacen única en la historia. El elemento más nuevo y revolucionario en la arquitectura romana es el traslado del interés, en la concepción general del edificio, del revestimiento exterior del espacio que contiene.
La atención no está más dirigida hacia la belleza y armonía de los distintos elementos arquitectónicos, sino al volumen compacto constituido para el espacio interno. Para mejor definirlo este espacio no se halla más delimitado por columnas y arquitrabes, sino por una estructura perimetral continua, terminada con la parte de arriba por bóvedas y cúpulas. Las columnas permanecen solo como elemento ornamental, y a menudo la mitad de las mismas está empotrado en las pilastras o en las paredes. La construcción de grandiosos recubrimientos en forma de bóvedas de distintos tipos, es posible gracias al genial empleo de nuevos materiales más fácilmente adaptables y al mismo tiempo muy sólidos. La técnica constructiva romana se vale de la puzolana ( material cementosa que provenía originariamente de las colinas de Pozouli ) para amalgamar las piedras, formando un conglomerado ( llamado “ opus coementicium” ) de extraordinaria fuerza. Seguir luego el empleo de argamasa, cascajo, fragmentos apisonados de vasijas y ladrillos cocidos todas composiciones efectivas por su fácil plasticidad y su compacidad. La audacia de los arquitectos se revela desde los tiempos de la república en las grandes construcciones públicas, caminos, puentes y acueductos.Los caminos, que constituyen una red importante de comunicación de la metrópolis con las provincias, tienen como primer ejemplo, la via Apia, que llega hasta Brindisi. Los puentes forman parte del trazado caminero, y resuelven felizmente el grave problema de las fundaciones bajo agua. Finalmente, los acueductos, ( recuérdese el acueducto Claudio en Roma, y los imponentes de Nimes, en Francia, y de Segovia, en España para llevar el agua a las ciudades salvan distancias y desniveles, del terreno mediante potentes arcadas, a veces de varios órdenes superpuestos.
El COLISEO O ANFITEATRO FLAVIO
En Roma (siglo 1 d.C) el monumento más conocido del período Flavio -y tal vez de toda la arquitectura romana- es el Coliseo, el gigantesco anfiteatro iniciado por el emperador Vespusio e inaugurado por su hijo Tito el año 80 d. C. Aunque las semi columnas y las pilastras adosadas en filas superpuestas al revestimiento exterior se inspiren en los tres típicos órdenes griegos, el Coliseo es ya una obra netamente romana. La línea curva, típica de la arquitectura romana, triunfa por doquier: en la serie de arcadas del muro perimetral, en la forma circular de ese mismo muro, en la disposición de las graderías en las bóvedas.