Pensar que la imaginación no se opone a la realidad, sino que es un mecanismo para explorarla, un mecanismo que debemos dominar, es una idea tan apasionante como necesaria de abordar.
Afirma Gianni Rodari, autor de “Gramática de la fantasía”: “Lo que estoy haciendo es buscar las constantes de los mecanismos fantásticos, las leyes todavía no profundizadas de la invención, para volver accesible a todos su uso. Insisto en esto porque, pese a que el romanticismo la ha rodeado de misterio, el proceso creativo está implícito en la naturaleza humana y, por lo tanto, la felicidad que significa expresarse y jugar con las fantasías se halla al alcance de todos”.
De una investigación que el pedagogo italiano llevó adelante durante muchos años, ha nacido este texto, publicado por primera vez en 1973, en el cual, a través de técnicas simples y variadas, se ofrece un valioso instrumento “para quien cree en la necesidad de que la imaginación ocupe su lugar en el ámbito educativo; para quien confía en la creatividad infantil; para quien conoce el sentido liberador que puede llegar a tener la palabra”.
IMAGINAR Y CREAR
Para este autor la imaginación es un “modo de operar de la mente humana”, y se reconoce a todos los hombres, y no sólo a unos pocos privilegiados (artistas) o a algún elegido (por medio de algún test), “una común aptitud para la creatividad, con respecto a la cual las diferencias se revelan casi siempre como producto de factores sociales y culturales”.
La función creadora de la imaginación pertenece al hombre común, al científico, al técnico; es tan necesaria para descubrimientos científicos como para el nacimiento de una obra de arte; es incluso condición necesaria para la vida cotidiana…
En el último capítulo del mencionado libro, Rodari cita a Dewey, a fin de explicar funciones de la imaginación: “La función propia de la imaginación es la visión de la realidad y la posibilidad, que no pueden mostrarse en normales condiciones de percepción sensible. Su función es la de penetrar en lo remoto, en lo ausente, en lo oscuro”.
“No sólo la historia, la literatura, la geografía, los principios de las ciencias, sino también la geometría y la aritmética contienen gran cantidad de temas sobre los que debe operar la imaginación si quieren ser comprendidos”.
El LIBRO,
LANZADO A LA VIDA
En la semana de apertura de la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires, bueno es retomar una de las propuestas de Gianni Rodari, la de concebir el libro de literatura infantil como un juguete. Lo que no significaría “faltarle el respeto, sino sacarlo de la biblioteca para lanzarlo en medio de la vida, para que sea un objeto de vida, un instrumento de vida”.
Pensar al libro de ese modo tampoco significaría fijarle unos límites, porque “el mundo de los juguetes no tiene límites; en él se refleja y se interfiere el mundo entero de los adultos, con su realidad cambiante”. Y su valor de ese modo se potencia.
Mucho se ha escrito sobre la importancia del juego en la formación humana, y en relación a ello, sostiene Rodari: “quizás no creemos en aquello que escribimos y decimos, porque en la realidad cotidiana el juego y los juguetes aún son considerados como parte de lo que es superfluo y no como elementos de lo que es necesario: así se comportan, en la práctica, arquitectos y urbanistas, pero también la escuela, en la que para el juego existe la «hora de recreo», bien diferente de la hora de «clase», es decir de las «cosas serias»”.
“Jugar con las palabras y las imágenes no es la única manera que los niños tienen para aproximarse a la realidad, pero esta no significa ninguna pérdida de tiempo. Significa apoderarse de las palabras y de las cosas. Por eso sostengo que el libro-juguete (las fábulas, las aventuras, la poesía en la que la lengua juega consigo misma) ha de tener un lugar duradero en la literatura infantil, junto a otros libros que actúan sobre otros componentes de la personalidad infantil, abriendo otros caminos en el itinerario que tiene un extremo en el niño y otro en la realidad”.