CIUDAD DEL VATICANO, 14 (AFP-NA). - El jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio, de 76 años, se convirtió en el nuevo Papa de la Iglesia católica y el primero de América Latina, con el nombre de Francisco I, tras ser elegido ayer miércoles como sucesor de Benedicto XVI.
El anuncio del nombre de este nuevo papa, el primer jesuita y el 266º de la historia fue acogido con gritos de alegría por la muchedumbre enfervorizada que abarrotaba la gran plaza de San Pedro, en el Vaticano.
Poco después, Francisco I salió al balcón por primera vez, donde bromeó sobre el hecho de que los obispos hubieran ido a buscarlo "al fin del mundo".
Ya en tono serio, instó a los 1.200 millones de católicos del mundo a "emprender un camino de fraternidad, de amor" y de "evangelización" y rindió tributo a Benedicto XVI, que renunció al cargo el pasado 28 de febrero, en un gesto sin precedentes en siete siglos.
Antes de despedirse, pidió a las decenas de miles de fieles, turistas y curiosos presentes un "minuto de silencio".
Arzobispo de Buenos Aires y primado de Argentina, Jorge Bergoglio es un hombre tímido y de pocas palabras que goza de un gran prestigio entre sus seguidores, que aprecian su total disponibilidad y su forma de vida, alejada de toda ostentación.
Goza de prestigio por sus dotes intelectuales y dentro del Episcopado argentino es considerado un moderado, a mitad de camino entre los prelados más conservadores y la minoría "progresista".
Jorge Mario Bergoglio nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936 y se ha convertido en el primer papa latinoamericano. Estudió y se diplomó como técnico químico, pero luego decidió hacerse sacerdote, siendo ordenado el 13 de diciembre de 1969. El nuevo papa nació en el seno de una familia modesta de la capital argentina, hijo de un trabajador ferroviario de origen piamontés y una ama de casa. Asistió a la escuela pública, de donde egresó como técnico químico y a los 22 años se unió a la Compañía de Jesús, donde obtuvo una licenciatura en Filosofía.
En los años de dictadura argentina, por ejemplo, y tras incursionar en la enseñanza privada, comenzó sus estudios de Teología y se ordenó como sacerdote en 1969. A los 36 años fue designado responsable nacional de los jesuitas argentinos, cargo que desempeñó durante seis años. Fue en los años difíciles de la dictadura argentina (1976-83) cuando Bergoglio debió mantener a toda costa la unidad del movimiento jesuita, taladrado por la Teología de la Liberación, bajo la consigna de "mantener la no politización de la Compañía de Jesús", según su portavoz Guillermo Marcó.
Luego, viajó a Alemania para obtener su doctorado y a su regreso retomó la actividad pastoral como simple sacerdote de provincia en la ciudad de Mendoza.
En mayo de 1992, Juan Pablo II lo nombró obispo auxiliar de Buenos Aires y comenzó a escalar rápidamente en la jerarquía católica de la capital: fue vicario episcopal en julio de ese año, vicario general en 1993 y arzobispo coadjutor con derecho de sucesión en 1998. Se convirtió luego en el primer jesuita primado de Argentina y, en febrero de 2001, vistió finalmente el púrpura de cardenal.