A través de este breve relato pretendemos despedir a un guerrero luchador, a un combatiente que en el transcurso de su larga vida desarrolló una estrategia de lucha altamente positiva, logrando a través del tiempo transcurrido óptimas y eficientes victorias. Necesario es que expliquemos punto por punto los motivos por los cuales consideramos a alguien luchador, lugar donde combatió y contra quién desarrolló esa batalla que nos permitió esta reflexión.
Este adalid imaginario libró sus luchas en el campo de la vida, hora tras hora, día tras día, año tras año. Peleó contra las fuerzas negativas de la existencia humana. Para ello utilizó mortíferas armas que empleó para matar la desidia, la dejadez, el descuido, la pereza, el abandono. Esas armas fueron el arado, la sembradora, el hacha, la pala, la ordeñadora mecánica, el tractor, la tenaza, el martillo y muchas más herramientas de trabajo.
También utilizó armas contra la ignorancia, la deshonra, el deshonor, la afrenta y la bajeza. Empleó el libro, la educación, el derecho, la equidad, el respeto al prójimo, el razonamiento equitativo.
¿Y cuáles fueron sus galardonados lauros? Una ejemplar conducta a través de 80 años de útil y meritoria vida terrena prolongada hacia una esposa, tres hijos y una larga lista de descendientes que conforman la familia física de este gran guerrero que fue nuestro punto de referencia, hoy continuadores igualitarios del exaltado y justo combatiente, que siempre trató de lograr que esos descendientes cumplieran con la inflexible ley de ser útiles a la sociedad en que desarrollaban sus actividades físicas, sociales y espirituales.
Y para mejor aún resaltar esas cualidades guerreras un análisis más global de la situación nos obliga a señalar sin temor a equivocarnos que combatientes de esa laya y coraje existen por millones en este bendito planeta y gracias a ellos puede mantenerse encendida la luz de la verdad y el necesario equilibrio sobre la tierra, caso contrario el mal arrasaría en poco tiempo con la vida útil de este globo en el cual vivimos y evolucionamos cada uno a su manera, aunque quizás desde algún lejano punto alguien tome nota de nuestros procederes terrenales y nos premie o castigue de acuerdo a nuestras conductas solidarias o humillantes.
Gracias hermano Gesús que partiste apresuradamente hacia la luz el 25 de Mayo cuando el sol desde el cenit alumbraba tu camino hacia el desconocido más allá, dando por finalizada esa tarea que emprendieras en un lejano 25 de diciembre y que con tu hermana partida fuiste el hilo conductor de este pensamiento plasmado en el papel a fin de evocar a todos los luchadores que como tú enaltecieron a tu mutitudinaria falange de humanos que pugnaron su recto proceder por establecer sobre esta tierra el reino de la luz, la verdad y la justicia.