César y Tobi son dos seres que tropezaron dos veces con la misma piedra.
César es el perro protagonista de aquella historia que les conté hace tiempo, y que empezaba: lo que vio, Eva no supo explicármelo bien. Atado a la puerta de la reja de su casa, había un perro o algo que se le parecía, que intentaba sobrevivir respirando ruidosamente... Eva salió y lo miró de cerca. El poco pelaje que le quedaba al perro, caía en guedejas deshilachadas y sucias, y su piel libre de pelos, se abría en llagas purulentas. En otros tramos de su miserable cuerpo, el perro sangraba. No podía dejarlo allí, así...
Ahora, para que César se viera como está en la foto, pasaron 35 días de medicación y 2 meses de recuperación. Todo lo asumió Eva con la ayuda de María, una querida vecina. La doctora que intervino, calculó que puede tener 9 años de edad, y que es un animal de una fortaleza física increíble. Un ejemplo de ganas de vivir. ¡Un rey, un emperador!
Y le pusieron César. En la última visita que Eva le hizo a la doctora para que diera de alta al perro, la médica le hizo una última recomendación: que se fijara muy bien a quién le iba a entregar a César en adopción, porque la bondad del animal, su rápida adaptación, y su entrega amistosa, no soportaría otro desengaño. María, la querida vecina, lo adoptó.
Tobi es aquel perrito de tamaño mediano, pelo corto color canela, con algunas pecas blancas, y con cola larga e inquieta, que les comenté que es más joven que César, pero también conoció las vicisitudes que tiene que padecer un ser abandonado. Recién nacido fue vilmente arrojado en una zanja. Una persona de los grupos de proteccionistas que existen en nuestra ciudad, lo levantó y lo ayudó a sobrevivir. Tobi se transformó en un cachorro alegre y muy afecto a jugar. Pero fue dado en adopción equivocadamente a gente que acepta tener una mascota creyendo que va a tener algo así como un enanito de jardín hecho de terracota.
Desde entonces Tobi sufrió el menosprecio y las patadas del dueño de casa cada vez que este salía al patio a volcar un poco de su mal carácter, en ese pobre perrito que no entendía el trato huraño y esperaba una caricia. Tobi quisiera conocer un chico con quien jugar. Parece una contradicción pero a pesar del mal trato sufrido, es muy cariñoso y muy alegre. Tobi como César fue también adoptado por María.
Y aquí está la segunda piedra con que tropezaron... María ha enfermado gravemente y últimamente ya no puede atender su casa. César y Tobi corren el riesgo de quedar en la calle, cuando ya han aprendido a vivir al amparo de un hogar, siguiendo a una persona mayor con mansedumbre.
Están muy bien criados los dos y precisan reencontrar cada uno de ellos una familia que los trate con el mismo amor que ellos son capaces de dar a su manera. Sería una pena que tropezaran tres veces con la misma piedra, la del rechazo y el desencanto. Si alguna persona decide adoptar a uno de ellos, hable por favor no bien pueda a estos números: 430222 y 15514848. Gracias por comprendernos y ayudar.