Analizando los comienzos de nuestra música ciudadana más representativa, surgen dos nombres que se destacan por la calidad de su música y la importancia de su participación en los momentos fundacionales del tango argentino: Juan de Dios Filiberto y Julio de Caro, ambos porteños nacidos cuando finalizaba el siglo XIX.
FILIBERTO
Filiberto ha sido quizás, junto a Quinquela Martín, un referente máximo de la Boca, en la tradicional ribera del Riachuelo. Nació justamente en ese barrio tan singular en marzo de 1885, dejando este mundo en 1964. Llegó en momentos en que el tango comenzaba a interpretarse en los piringundines y demás casas de seriedad dudosa, sin ser aún aceptado del todo en las familias de cierto nivel. En realidad Filiberto fue en sus inicios un creador de música criolla, siendo el ritmo de tango un accesorio colateral el cual, no obstante, fue el que lo llevó a la fama que hoy todos los amantes de la música ciudadana le reconocemos.
La Boca es sin dudas el barrio más popular de Buenos Aires, siendo recorrido casi como obligación por todos los turistas que visitan nuestra capital, sean extranjeros como del interior del país. No obstante, en los primeros años del siglo pasado era un arrabal poblado por inmigrantes, particularmente italianos, acompañados por criollos que constituían una mano de obra barata del tipo que hoy llamamos “golondrina”. Este era un ámbito donde se confundían la ciudad y el campo, un ensamble que también incluía a la música para alternar el naciente tango con las tonadas, estilos y vidalas.
Pasados los veinte años Filiberto comienza sus estudios de música, para obtener luego una beca que le permitió ingresar al Conservatorio dirigido nada menos que por Alberto Williams. Su entusiasmo musical tuvo un freno por razones de salud, razón por la cual se radicó una temporada en Guaymallén (Mendoza), población a la que dedicó su primer obra musical, un tango con el nombre del lugar.
Creó su orquesta propia en 1932, con la que participó en la primera película sonora “Tango”, dirigiendo en años posteriores la “Orquesta Popular Municipal de Arte Folclórico” que a través de los años fue cambiando de nombre hasta llamarse en 1956 “Orquesta de Música Argentina y de Cámara”. Sus interpretaciones se caracterizaban por un “tempo” lento y, si se quiere, “maestoso”, totalmente distinto a otras orquestas de ritmo más nervioso y bailable que por ello alcanzaron mucha mayor popularidad en las décadas de oro de nuestro tango. José Gobello considera a “Quejas de bandoneón” la obra máxima de Juan de Dios Filiberto, idea que no comparto ya que esa distinción creo corresponde a “Caminito”, un tango cuyo calidad y profundo sentimiento nadie puede menospreciar, idea avalada por la popularidad que lo mantiene en plena vigencia.
DE CARO
Otro histórico del tango, relacionado también con uno de los más conspicuos arrabales porteños, fue Julio de Caro, llamado el “Pibe de Boedo”, quien naciera en ese barrio de la capital en diciembre de 1899. Su actuación musical comenzó a temprana edad, pues siendo apenas un adolescente integró la orquesta de Roberto Firpo en el famoso “Palais de Glace”, para formar su propio conjunto en 1924 con el cual, muy poco después, pasó a actuar en Brasil y casi de inmediato viajar a Europa, donde llegó en 1930 y pudo alcanzar gran éxito en Francia e Italia. Fue en esta oportunidad cuando su orquesta acompañó a Carlos Gardel en la película “Luces de Buenos Aires”.
A su regreso tuvo destacadas actuaciones en los mejores Clubes y Cafés de nuestra capital porteña, a lo cual debe sumarse su presencia también en varias películas, de las cuales cabe recordar por su trascendencia “Petróleo” y “Murió el Sargento Laprida”. También fueron numerosas sus grabaciones en los principales sellos de aquel entonces, como “Víctor” y “Odeón”, donde quedaron registradas varias de sus creaciones que alcanzaron gran divulgación, como ”Boedo”, ”Mala junta”, “El Monito”, “Allá en el Cielo”, “Todo el año es Carnaval”, aún hoy incluidas en el repertorio de las orquestas más conocidas. Por su parte, Carlos Gardel grabó “Aquella noche” y “Todo corazón”.
Julio de Caro se fue de este mundo en Mar del Plata en marzo de 1980. Fue uno de los grandes creadores de nuestro arte ciudadano más popular, un mérito que todos los mejores músicos relacionados con el tango han sabido reconocer, como lo expone muy bien “Decarísimo”, una hermosa creación de Astor Piazzola divulgada en 1961.