Por B. Enry Milesi. - Trataré de evitar un análisis tan profundo del espectáculo Marcelo Domenichini quinteto como el de la ocasión anterior porque caería en una reiteración de todo lo dicho en aquella oportunidad. Ha pasado un año de pruebas, ajustes, búsquedas y se ha logrado no sólo mantener la calidad del 2010 sino que se ha superado… Y si ya esto es decir mucho, quiero destacar un aspecto que considero muy valioso: el que se haya sorteado algo a lo que se es fácil rendirse cuando el público, con justificado fundamento, engolosina a una figura. Marcelo al no actuar exclusivamente como solista, ha asumido que es uno más del Quinteto y que sin perder el lógico protagonismo que le confiere ser su director responsable ha dado más oportunidad de lucimiento a sus compañeros. Fue así como todos han podido demostrar su valía y de lo que son capaces tanto en pasajes como solistas como en la total y lograda integración grupal.
Se abrió el espectáculo ante una platea literalmente colmada, con la actuación de Marcelo como solista en un arreglo personal de “El vuelo del moscardón” de Rimsnky Korsakov, partitura clásica con una exigencia que es un alarde de virtuosismo y una verdadera prueba de fuego. Continuó con la “Cumparsita” donde recreó la vieja y querida pieza con cinco extraordinarias variaciones, para finalizar con el desenfreno de “Tren Expreso”. Se entró a continuación a la segunda parte del espectáculo con la incorporación del resto de los componentes del quinteto: Melania Yossen, violín; Germán Domenichini, bajo; Facundo Rubino, percusión; y Duillo Quinteros, guitarra; que fueron desarrollando el programa previsto: “Encuentro” autoría de Marcelo; “Tristeza”, “Tango para Claudia” y “La canción del linyera” que fue la “vedette” de la noche ya que coadyuvó a ello: la nostalgia para los mayores, el bien logrado de su pegadizo ritmo y un aggiornamento del viejo tema donde cada instrumento puso su toque personal. Facundo Rubino, además introdujo un inesperado solo de trompeta. Llegó así la presentación de los artistas invitados: Natalia Carelli en flauta traversa, Emanuel Miño en piano y Sergio Grazioli en guitarra que acrecentaron el número de participantes en la interpretación de los temas románticos “Chi Mai” y “Romeo y Julieta”, el tango “Nuestro tiempo” cuya autoría corresponde a Germán Domenichini, el galopao “El camino”, "New York Tango" y el chamamé “Tierra colorada” pretendido broche de oro de la noche, pero que no pudo ser tal porque el público, entre calurosos aplausos de pie y ¡bravos! pedía “otra, otra, otra…” Y fue así como pese al esfuerzo desarrollado por más de una ininterrumpida hora y media sobre el escenario se hizo fuera de programa “Zorba, el griego” que enardeció más el ánimo de los asistentes.
Párrafo aparte y alterando el orden cronológico quiero destacar la sorpresa que Marcelo, como siempre, nos tenía reservada. Esta vez fue un gesto que habla de madurez y profesionalismo al no pretender ser el “divo” exclusivo del concierto. Finalizados sus tres Solos señalados anteriormente con que se abrió el espectáculo, presentó en su noche, al destacado músico entrerriano Aldo Taborda, un joven rival, en un buen sentido del vocablo y a quien distinguió señalando que para su criterio era “el mejor acordeonista del país”. No sólo le cedió su lugar para que brindara una exquisita ejecución, sino que compartieron en un brillante dúo el “Libertango” de Piasola. En un momento de la interpretación, inesperadamente, Marcelo abandonó su instrumento y colocándose al lado del invitado, tocó simultáneamente con él en el mismo acordeón… ¡un Libertango ejecutado a tres manos! que el público en un caluroso aplauso exteriorizó su admiración ante esta verdadera proeza de virtuosismo. Culminó esta primera parte con el chamamé “Km 11” en un dúo de estos artistas.
Comencé esta nota diciendo que no deseaba ser reiterativo, pero Marcelo Domenichini quinteto sí lo fue al repetir la tónica del año anterior en la dosificación y manejo de calidad, maestría, entusiasmo, prolijidad y cariño de darse a su público sin apelar a actitudes demagógicas. Asimismo se cuidaron todos los detalles aparentemente ajenos a la música, pero tan acordes con ella: luces, sonido y efectos especiales, donde una falla puede deslucir todo un trabajo.
Gracias Marcelo, gracias quinteto por lo que nos dieron y hasta el año que viene…